Messi, sin quererlo, deslizó por primera vez cuál es su diferencia con Maradona

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Messi debutó como profesional en 2004 y, desde allí, cargó con el peso de ser comparado con Maradona. Pasaron 15 años y todavía hay quienes continúan trazando el paralelismo futbolístico, sin entender que el hecho de no ser contemporáneos torna imposible ubicarlos en la misma balanza.

Sus llamativas gambetas en el Barcelona y las primeras pinceladas con la camiseta de la Selección lo pusieron en boca de todos. Durante las frustraciones en el Mundial de 2006, cuando tenía 17 años y Pekerman lo dejó en el banco de suplentes en los cuartos de final ante Alemania, y la Copa América 2007, con la final perdida ante Brasil, el rosarino fue exonerado. Por su corta trayectoria, las críticas apuntaron hacia otros blancos.

El caprichoso destino –y la decisión de Julio Humberto Grondona- quisieron que Messi y Maradona se unieran para comandar a Argentina en la Copa del Mundo de Sudáfrica: figura y DT. Y allí algunos dardos tuvieron como blanco a la Pulga. El 0-4 con Alemania en cuartos fue desgarrador. Diego fue despedazado como entrenador y al 10 que se puso los cortos en la cita mundialista le cayeron por no haber podido anotar ni un gol. Fueron los primeros palazos contra él.

«Es un pecho frío, que no venga más a jugar con Argentina». La estúpida frase se repitió una y otra vez durante la Copa América 2011 que tuvo a nuestro país como organizador. Los hinchas necios veían reflejado a Messi en Maradona y le facturaron los resultados negativos. Y la eliminación con Uruguay hizo que se quebrara la relación simpatizante-futbolista.

Durante la era Sabella se reconstruyó el equipo que arribaría a la final del Mundial de Brasil. Sin ser el Maradona del 86, Messi estuvo a la altura y fue elegido mejor jugador de la Copa (quizás un premio exagerado pero conveniente para la FIFA). Pero Higuaín y Palacio erraron goles insólitos y la más clara que tuvo el 10 salió a centímetros del palo con el arquero Neuer vencido. Messi no contó con un salvador como el Tata Brown, Valdano o Burruchaga. Y vio la gloria pasar otra vez delante de sus ojos.

Los fatídicos penales en las Copa América con Chile (2015 y 2016) fueron nuevas dagas al corazón y la relación con el hincha, que se había recompuesto tras los merecimientos en 2014, se resquebrajó. Con la despedida en octavos del Mundial de Rusia se cerró el ciclo para una generación.

«Fue uno de los peores golpes que me tocó vivir», declaró Messi de un certamen que estuvo mal parido para Argentina. Y se inclinó por el mutismo, hasta ahora.

Ojo, el silencio de Messi no solamente comprendió el período desde Rusia hasta acá, sino que abarcó años. Y desde aquí parten algunas diferencias con Maradona (desde lo meramente extrafutbolístico).

Maradona cantaba el himno e insultó a los italianos en su tierra; Messi no. A Maradona lo molían a patadas; a Messi los rivales lo dejan pasar. Maradona siempre jugaba con la Selección; Messi no o viene sin ganas. Maradona ganaba los partidos solo; Messi camina la cancha. Maradona tenía carácter, por eso Messi nunca lo va a alcanzar. Discursos baratos del tablón, con los que muchos argentinos descargan su ira y frustración ante la sequía de títulos que lleva 26 años.

Diego se ganó el cielo en México 86, porque tanto el periodismo como el hincha le habían tirado a matar después de su olvidable participación en España 82. Messi golpeó la puerta del mismo Edén en Brasil 14 y se quedó afuera. He ahí el por qué sigue siendo discutido.

«No tenemos que estar diciendo continuamente que amamos a la Selección, lo demostramos de otra manera. Ya sabe todo el mundo que la amamos, hicimos un montón de cosas y no andamos diciendo ‘hicimos esto o lo otro’. A mí no me obliga nadie a venir a la Selección, lo elijo yo. Me tira seguir volviendo, quiero ganar algo, estuve muy cerquita y voy a jugar todas las cosas importantes para conseguirlo». A Messi se le salió la cadena por primera vez delante de un micrófono. Le colmaron la paciencia y dijo basta. Sin quererlo, inconscientemente, se diferenció de Maradona, tan hábil con la pelota en los pies como ante la prensa y las cámaras.

Igual de zurdos, igual de bendecidos con los dones naturales. Disímiles en su vida privada, disímiles en la forma de llevar adelante su liderazgo en la Selección.

No hay intención en estas líneas de menoscabar la figura de un astro colosal como Maradona, que sigue emocionando hasta las lágrimas a quien suscribe con sus gambetas y goles a través de YouTube. Pero sí de reivindicar a Messi como emblema argentino y traducir lo que dijo, sin decirlo, y calló durante años: «Yo soy Messi, no Maradona. Hablo con la pelota, no ante la cámara. Mato y muero por la Selección, no hace falta que lo repita para endulzar oídos ajenos. Y buscaré hasta mis últimos días ganar algo con Argentina, así que mis detractores tendrán que soportarme un tiempo más».

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