Benjamín Vicuña: «Las cuestiones privadas deben quedar en ese ámbito»

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«No voy a hacer un juicio de valor, no me corresponde, yo soy un apasionado de lo que hago y estoy concentrado en eso, para mí es un placer hablar con el periodismo de trabajo, lo otro hay que dejarlo donde tiene que estar: el mundo privado», contesta cuando se lo interroga sobre el acoso mediático que viene soportando desde su separación de la modelo argentina Pampita Ardohain, con quien vivió más de 10 años y tuvo cuatro hijos.

Despejadas así las cosas, el actor que se prepara para estrenar el próximo 19 de mayo «El hijo rojo», un drama romántico que protagoniza con la China Suárez, se relaja en una entrevista exclusiva con Télam para hablar sobre «El bosque de Karadima», una película basada en hechos reales que adquirieron notoriedad mediática en Chile en 2008.

El filme cuenta la historia de abuso y sumisión que un reputado sacerdote (Fernando Karadima) impone sobre un joven con vocación religiosa, en un juego perverso donde intervienen la fe, el secreto de confesión, la protección que el entorno dispone para los poderosos, la sumisión, la culpa, el amor y el sufrimiento, todo bajo la advocación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

«Una de las llaves de la película -cuenta Vicuña- es que está contada desde el punto de vista de las víctimas que vivieron el abuso sexual de este sacerdote muy influyente, protegido por el gobierno y diferentes esferas del poder».

En el filme dirigido por Matías Lira, interpreta a James Hamilton, un médico casado y con hijos al que en su juventud su vocación religiosa acerca hasta la capilla del Bosque que dirigía Karadima en un barrio acaudalado de Santiago y que sufre el abuso del sacerdote por más de 20 años.

Acompañado por un estupendo Luis Gnecco («el mejor actor de Chile de la actualidad», asegura) en el rol del sacerdote, Vicuña dice que lo que cuesta ver y entender pero que el filme resuelve exitosamente gracias a la sutileza y el respeto con que fue concebido es «cómo alguien que fue abusado y violentado puede mantener una relación de tanto tiempo y tan cercana con su victimario».

«Eso te habla de lo complejo que pueden ser los abusos sexuales, se confunde la fe, la figura del padre, el poder, la extorsión, el amor», remarca.

Al mismo tiempo, quien fuera protagonista de la tira «Entre caníbales» el año pasado por Telefé y que se anima también a involucrarse en la producción cinematográfica como lo hizo en 2015 con «La memoria del agua», de Matías Bize y también en «El hilo rojo», dice que el éxito de taquilla de «El bosque…» en Chile, donde fue vista por 400.000 espectadores, «es un tremendo mérito» porque se trata de una película muy dura, «de cosas que preferiríamos ocultar «.

«Una de las llaves de la película es que está contada desde el punto de vista de las víctimas que vivieron el abuso sexual de este sacerdote muy influyente, protegido por el gobierno y diferentes esferas del poder»

«Esto habla también de un público maduro, que da señales de que le interesa su realidad, porque si bien Chile es un país conservador esta película sirvió para mover las cosas y sacar la basura de debajo de la alfombra», agrega.

«Karadima -precisa- es un tipo que a través de administrar el poder de la fe se fue vinculando con sectores de poder económico y se fue enriqueciendo. Utilizó el paradigma de la fe y el perdón para enriquecerse, extorsionaba con el demonio, satanizaba, es muy impactante que esto pueda seguir ocurriendo en pleno siglo XXI, pero también habla de la situación del mundo».

«La Iglesia chilena -dice Vicuña- tiene muchas caras. Una parte se opuso a que se viera y se hablara de la película y emitió incluso una normativa y otra se abrió al debate; esto es histórico, durante la dictadura hubo un sector que apoyó y otro muy valiente que se reunió en torno de la Vicaría de la Solidaridad y se puso en el lugar de los perseguidos, los torturados y los desaparecidos enfrentando a Pinochet».

Hablando sobre el modo preciso que el filme encuentra para relatar un hecho aberrante y la manera como conecta con el espectador, Vicuña dice que «esto tiene que ver con el punto de vista del director (Matías Lira) de querer contar con sutileza y respeto pero también con verdad».

«La película consigue un relato realista, casi documental, no hace un juicio de la situación y por eso es tan cruda y verdadera. Creo que esa fue una de las claves, porque haber tomado esa posición le permitió empatizar con la gente y en vez de generar rechazo despertar interés y abrir el debate sobre cosas que es mejor discutir que ocultar».

Fuente: Telam

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