Brasil: el tobogán de los 1.958 días de Dilma Rousseff en el poder, de la gloria al ocaso

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Luiz Inácio Lula da Silva dejó el poder en 2010 con una popularidad sin precedentes y éxitos muy palpables. El PIB crecía al 7,8% anual, el desempleo era del 6,7%, la inflación se ubicaba en 5,9% y el superávit fiscal era de 2,8% del producto. Al mismo tiempo, había logrado sacar a millones de familias de la pobreza extrema.

Si bien era jefa del Gabinete Civil desde 2005, Dilma Rousseff no despertaba demasiado entusiasmo en el electorado. Incluso había dudas sobre su capacidad de liderazgo al interior del PT. Sin embargo, Lula tenía las credenciales suficientes para promoverla como su sucesora. En el ballotage de octubre de 2010 se impuso a José Serra por 56 a 44 por ciento.

Gobernar fue mucho más complejo que ganar la elección. Las discusiones por la corrupción atravesaron toda su gestión. En los primeros años, fueron las repercusiones judiciales por el mensalão, el escándalo de compra de votos en el Congreso durante el mandato de Lula, que terminó con el encarcelamiento de su primer jefe de Gabinete, José Dirceu, y de otros altos dirigentes del PT.

En esa etapa inicial, Dilma se mantuvo a salvo gracias a su decisión de desplazar a todos los funcionarios salpicados por esa y otras denuncias. En poco tiempo les pidió la renuncia a siete ministros y a varios secretarios de Estado. Eso le permitió mostrarse como una líder implacable ante la corrupción. El avance de la causa Petrobras iría desdibujando esa imagen.

«El primer gobierno de Rousseff fue un intento de dar continuidad a la política desarrollada en su origen por Lula. Una fórmula que puede ser resumida en estimular el crecimiento de la economía con redistribución, favoreciendo programas sociales destinados a familias pobres», dijo a Infobaeel politólogo Alfredo Alejandro Gugliano, investigador de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul.

Al principio consiguió profundizar algunos de los logros sociales de la gestión anterior. Pero con el tiempo le resultó muy difícil sostener ese nivel de gasto en un contexto internacional mucho más adverso.

La cuestión central es que esos programas sociales exigen un Estado con mucha capacidad financiera y fiscal. Ese modelo, que le permitió a Dilma ser elegida dos veces, tenía los días contados. La retracción del precio de los commodities fue muy negativa para sus pretensiones», explicó Jose Carlos Martines Belieiro Junior, profesor de ciencia política de la Universidad Federal de Santa María, en diálogo con Infobae.

El superávit fiscal cayó mes a mes durante su primer gobierno. En 2014 se convirtió en un déficit primario del 0,57% del PIB. El crecimiento se volvió muy moderado y en 2014 fue prácticamente nulo, de 0,1 por ciento. Lo que sí logró contener durante su primer mandato fue el desempleo y la inflación, que se mantuvieron estables.

«Hubo un crecimiento exagerado del gasto público e interferencias políticas que se mostraron nocivas. Por ejemplo, el control de precios de productos como los combustibles y de la energía eléctrica, y la devaluación de la moneda», dijo Thiago da Silva Sampaio, profesor de ciencia política de la Universidad Federal do Pampa, consultado por Infobae.

Problemas de gobernabilidad

«El presidencialismo de coalición que tiene Brasil exige una fuerte actuación política, con un liderazgo eficiente. Lula y Fernando Henrique Cardoso consiguieron una buena articulación con los partidos y con el Parlamento. Pero el estilo de Dilma es más centralizador, y no le gusta la política parlamentaria. La gobernabilidad requiere una gran capacidad de diálogo con fuerzas sociales y políticas, dentro y fuera del Estado. Ella no lo logró», afirmó Martines Belieiro.

La relación con el Congreso fue siempre tortuosa. En un país en el que ningún partido puede acercarse a controlarlo por la enorme diversidad política y territorial, las alianza son fundamentales. Dilma no supo cómo cultivarlas, sobre todo por su siempre tensa relación con el PMDB, su principal aliado.

Una economía estancada, denuncias de corrupción, y los gastos millonarios para la construcción de los estadios que albergaron los partidos del Mundial de Fútbol en 2014, desencadenaron masivas manifestaciones en todo el país. En este contexto, la reelección fue una odisea.

«Muchos actores se articularon en una especie de coalición de insatisfechos, que en julio de 2013 provocó una onda de protestas que sacudieron al país —dijo Sampaio—. No tuvieron la fuerza para impedir la reelección de la Presidente, pero promovieron el debilitamiento del Gobierno en el Congreso Nacional, que sumó un gran número de diputados y senadores de la oposición».

Con una campaña muy agresiva, centrada en advertir que si ganaban sus adversarios barrerían con todos los beneficios sociales impulsados por el PT, venció a Aécio Neves por poco más de tres puntos en la segunda vuelta.

«El cuadro económico se venía agravando desde 2011. Cuando se produjo la victoria, la situación era ya dramática, pero el Gobierno logró disimularla en términos de imagendurante el período electoral. Esos movimientos parecen haber perjudicado seriamente las condiciones del segundo mandato», explicó a Infobae Reginaldo Perez, profesor de ciencias sociales de la Universidad Federal de Santa María.

Si su primer mandato fue difícil, los 497 días del segundo fueron un calvario. Los problemas empezaron de inmediato, cuando anunció que su ministro de Hacienda sería el liberal Joaquim Levy. Con él intentó aplicar el plan de ajuste que había atribuido a sus rivales. Le salió muy mal. Primero porque gran parte del electorado se sintió engañado. Y segundo, porque las resistencias internas en el PT hicieron imposible aplicar cabalmente las medidas propuestas por Levy, que renunció el 18 de diciembre pasado.

«En los primeros meses de gobierno, el área social sufrió una importante reducción del financiamiento, lo que impactó directamente en el sostenimiento de las políticas asistenciales anteriores. Por ejemplo, el área de Educación perdió 19,3% del presupuesto», dijo Gugliano.

Las variables económicas se deterioraron a gran velocidad. El PIB cerró 2015 con una caída del 4%, la más alta de los gobierno del PT. El desempleo trepó en el primer trimestre de 2016 a 10,2%, el peor número en 10 años. El rojo fiscal también se profundizó, y hoy es del 1,7% del producto. También creció la inflación, que roza el 7 por ciento. Sólo mejoraron las reservas internacionales, que treparon de 288.575 millones de dólares en 2010 a 376.320 millones en la actualidad.

Además, las causas de corrupción tomaron un impulso muy fuerte a partir de las revelaciones del juez Sergio Moro en la Operación Lava Jato, vinculada a los sobreprecios y el reparto ilegal de fondos de Petrobras para financiar la política. El encarcelamiento de importantes políticos y empresarios comprometió mucho al gobierno de Rousseff. Especialmente después de que se conocieran las implicaciones de Lula en el caso, que llevaron a la mandataria a nombrarlo jefe de Gabinete para otorgarle fueros, como evidenció un audio filtrado a los medios. La Justicia anuló la designación.

«Independientemente de las críticas que se puedan hacer a la forma en la que fueron desarrollados los procedimientos jurídicos contra el PT, la acción de la justicia destapó un fuerte esquema de financiación paralela de campañas electorales. Posiblemente existía en Brasil desde los primeros años de la redemocratización, y se mantuvo en los gobiernos de izquierda», señaló Gugliano.

El final

El distanciamiento creciente con el PMDB a lo largo de 2015, que la dejó muy sola en el Parlamento, sumado al clima generalizado de malestar social, hizo que apareciera desde muy temprano el fantasma del impeachment. En un comienzo parecía imposible, aunque con el correr de los meses se fue haciendo más verosímil. Pero había una traba: Rousseff no estaba acusada de ningún delito, condición sine qua non para iniciar un juicio político.

Todo se precipitó a partir del 7 de octubre de 2015, cuando el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), un ente independiente encargado de supervisar la ejecución presupuestaria del Poder Ejecutivo, rechazó por unanimidad las cuentas del gobierno en 2014. Según su fallo —que no es vinculante— Dilma acudió a maniobras fiscales prohibidas, como tomar dinero de bancos públicos, para maquillar el déficit. Esta práctica es conocida en Brasil como «pedaleadas fiscales», y es un crimen de responsabilidad. Esto le permitió a la oposición hacer la presentación formal en el Congreso durante los meses siguientes.

La sentencia de Rousseff se dictó el 29 de marzo de 2016, cuando el PMDB anunció formalmente su ruptura con el PT. Desde ese momento, el entonces vicepresidente Michel Temer, líder del partido, empezó a trabajar para sucederla.

El pleno de la Cámara de Diputados aprobó el 17 de abril la apertura del impeachment. El Senado ratificó la decisión este 12 de mayo. Dilma fue suspendida y en su lugar asumió Temer. En los próximos 180 días los senadores, comandados por el presidente del Superior Tribunal de Justicia, deberán resolver si la encuentran culpable y la destituyen, o si es inocente y la absuelven.

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