Cecilia Lee, la monja cartonera que aconseja a María Eugenia Vidal pero no se calla

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Cecilia Lee camina tranquila por Villa Itatí y saluda a cuanto vecino se le cruza por las calles de barro. Pregunta por sus familias y sus problemáticas. Todos la conocen y tiene un carisma especial. Es el mismo carisma sencillo y directo que atrajo a la gobernadora María Eugenia Vidal hacia esta monja franciscana a cargo de una cooperativa de cartoneros y del centro de apoyo escolar de una de las villas más grandes de Quilmes.

Desde hace más de un año y con muy bajo perfil la hermana franciscana le acerca consejos a la gobernadora bonaerense. Sin embargo, esta monja de pequeña contextura, sonrisa afable y nacida en Corea del Sur no se amilana ante el poder. Por el contrario, ya se enfrentó con «los tranzas», como le llama a los grupos de narcos de la zona, y evita las adulaciones al hablar del gobierno bonaerense: «Aquí hay una crisis cada vez más profunda, que se agudizó desde el año pasado y esto es una bomba de tiempo a punto de estallar», dice sin vueltas la hermana Lee a Infobae desde los tinglados del taller de reciclado de basura instalado en medio de la Villa Itatí. Es un día soleado pero todo se ve gris en este barrio de chapas y barro donde corren algunos chicos descalzos por la calle.

En silencio y con muy bajo perfil la hermana Lee dialoga permanente con Vidal desde hace más de un año. Hasta fue invitada varias veces a las reuniones de gabinete en La Plata para contar su experiencia y la gobernadora la visitó en más de una oportunidad en el barrio.

«María Eugenia es muy sensible y honesta pero a veces a algunos que la rodean no les gusta que yo sea sincera al contar la realidad y cuando hay que atender los problemas de aquí a veces se pierde todo en la burocracia», sostiene Cecilia ante la mirada atenta de Coco, el hermano salesiano que junto a otros cinco curas de esa congregación y otras dos monjas franciscanas acompañan a Lee. Todos luchan por mantener el taller de reciclaje de basura que da trabajo a 25 personas fijas, ofrecen una entrada por la venta de basura a 150 cartoneros, atienden una salita de primeros auxilios que da 15 turnos diarios y un centro de apoyo escolar que recibe a 140 niños.

La hermana Lee llegó a la Argentina en 1976 como inmigrante surcoreana, se instaló en el año 2000 en esta villa de Quilmes que tiene 70.000 habitantes y por medio de la diputada de la Coalición Cívica Elisa Carrió hace más de un año conoció a Vidal. Lilita Carrió conoce a la hermana Cecilia desde hace más de 20 años. Las une la fe y un fuerte trabajo pastoral.

La gobernadora prefiere el bajo perfil para reunirse en La Plata o en Villa Itatí con la monja cartonera. Siempre llega con poca custodia y escasos funcionarios. El Secretario General de la gobernación, Fabián Perechodnik, también acompaña a Vidal en esas visitas a la hermana Cecilia y trata de ser el «puente» con los funcionarios para ayudar en la Villa Itatí.

El 10 de diciembre pasado fue un día trágico para la hermana Lee y los curas que la acompañan. Ese día se incendió el taller de reciclaje y se perdieron 9 máquinas de prensado y reciclaje de basura. Algunos del barrio dicen que fue un incendio intencional por la amistad con Vidal, quien el año pasado denunció a las mafias de vendedores de drogas del lugar.

La gobernación les ayudó a levantar otra vez el centro de ayuda escolar. Pero el galpón aún no se recuperó del todo y la situación ahora está más complicada para los miembros de la cooperativa de Villa Itatí.

«Hace un año todos los cartoneros trabajaban todos los días y esto se movía. Ahora hay trabajo día por medio. La crisis de consumo se siente hasta en la basura», dice Lee. El hermano Coco asiente ante Infobae y agrega: «Para los cartoneros que reciben 2,8 pesos por cada kilo de basura un día perdido es mortal para sus familias».

Afuera del galpón de la cooperativa se extiende la villa de más de 70.000 habitantes y hacia el otro lado del acceso sudeste está la Villa Sur con otras 18.000 almas. A estos lugares llegó Vidal de la mano de Carrió hace más de un año y denunció a los grupos de narcos. Luego hubo allanamientos y causas abiertas en la justicia. Pero las denuncias no trajeron paz.

«Este lugar es un milagro para muchos chicos en medio de la nada. Yo les cuento de todo esto que sufrimos aquí a los funcionarios de Vidal pero a veces el equipo no acompaña. El intendente de Quilmes Martiniano (Molina del PRO) entiende pero tampoco tiene muchos funcionarios que acompañen», dice la monja cartonera sin tapujos. Se queja de las promesas que le hicieron del municipio para mejorar la Plaza Francisco, para acercar ayuda, para mantener los programas de ayuda social que llegan a destiempo.

Cuando habla de Vidal, la hermana Lee trata de eludir las críticas y rescata la preocupación de la gobernadora. «El tema es que estamos metidos en un sistema capitalista en donde ni siquiera los grandes largan la basura. Hay un problema profundo que es que la ayuda de la estructura estatal es parcial», asegura con tono sereno Cecilia. Se entiende cuando dice que el lugar es «una bomba de tiempo». Habla de que la falta de trabajo deriva en violencia social, en inseguridad y drogas.

Vidal le acercó ayuda: programas educativos, planes Envión, becas, la Asignación Universal por Hijo para las familias o actividades juveniles. Pero la ayuda no alcanza o llega a destiempo. «La burocracia a veces es más fuerte que la voluntad de María Eugenia», se queja Lee. Pero no baja los brazos. Al menos algo les llega. En tiempos del gobernador Daniel Scioli la cosa era peor aún por las peleas que había entre el mandatario bonaerense y el entonces intendente Francisco «Barba» Gutiérrez. Directamente no llegaba nada.

A la monja cartonera de Villa Itatí la sostiene la fe en Dios y en los resultados concretos que ve: del centro de apoyo escolar y de este barrio ya salieron a flote muchos chicos que hoy estudian y trabajan. Esto les cuenta a los ministros y a Vidal cuando visita el gabinete de la provincia. Se aferra a eso. «Somos críticos y nos respetan. Deseamos que a María Eugenia le vaya bien porque es honesta. Pero sus funcionarios debería abrir más los ojos», termina la hermana Lee.

Afuera del tinglado a la monja franciscana la espera un grupo de cartoneros confiados en que mañana haya trabajo porque el taller está cerrado. Ella les responde con una sonrisa.

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