Cristina Kirchner relanzará su campaña este domingo en Florencio Varela

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Si bien se desembarazó del sello peronista, Cristina Kirchner se conduce con la lógica partidaria del territorio. Acaso la mejor prueba de ello sea la elección de Florencio Varela como plataforma de relanzamiento de su campaña. El próximo domingo la candidata a senadora dará en ese bastión del PJ el puntapié inicial a la difícil empresa de repetir en octubre el triunfo obtenido en las primarias de agosto.

Desde el regreso de la democracia, en 1983, Florencio Varela se convirtió en un distrito inexpugnable para cualquier fuerza que no sea peronista. Por lo tanto, más allá del lugar exacto que se defina para su «rentrée», la ex presidenta se sentirá arropada.

El municipio está gobernado por peronistas, tiene al ex presidente Perón entre sus calles principales y levantó un hospital llamado Néstor Kirchner y una universidad bautizada Arturo Jauretche, en homenaje al historiador panegirista de la cultura nacional y popular.

Esa carga simbólica se complementa con otro dato fundamental: en las últimas PASO, Cristina ganó allí con el 49 por ciento de los votos, duplicando las adhesiones obtenidas por Cambiemos.

Julio Pereyra hace rato que corporiza la fama de invencible que tiene el aparato del PJ en Florencio Varela. El perenne intendente lleva las riendas del distrito desde 1992. Nada más y nada menos que hace 25 años.

El evidente plan de «caminar sobre seguro» de Cristina no excluye una reprogramación de esa campaña asceta que predominó en las primarias y que muchos caratularon de «duranbarbesca», en alusión al gurú macrista Jaime Durán Barba.

No es que la candidata vaya a reinstalar las gigantografías de Evita y Perón en los escenarios, o piense en imponer la entonación de la marcha partidaria como parte del proselitismo. Pero en este último tramo, los barones del conurbano, en su rol de jefes territoriales, tendrán un lugar destacado.

Claro que la muestra de «acumulación simbólica» -el textual pertenece a los estrategas kirchneristas- excede a los intendentes. De hecho, numerosos sindicalistas comenzaron por estos días a afinar sus guitarras para acercarse al fogón de Unidad Ciudadana.

Del largo listado se puede mencionar a Héctor Daer y Antonio Caló, quienes en las PASO habían puesto sus fichas en el hoy devaluado Florencio Randazzo. «Voy a hinchar por el que le haga más fuerza al Gobierno», remarcó uno de los jefes de la CGT. «Quiero que Jorge Taiana, el compañero de fórmula de Cristina, sea senador», aseguró por su lado el líder de la Unión Obrera Metalúrgica.

A esas declaraciones se suma la gestualidad de Ricardo Pignanelli. En las primarias, el titular de Smata le hizo un guiño a Cumplir a través de Oscar Romero, el diputado e integrante de su gremio. Pero ahora, con los números puestos, le dio libertad de acción a sus afiliados.

Estos movimientos no responden al reclamo de unidad que la ex presidente hizo vía epistolar sino a la dificultad del resto de los candidatos para quitarle a Cristina el rol de principal voz opositora.

Como indican las últimas encuestas, el «efecto polarización» no sólo viene castigando a Randazzo sino también a Sergio Massa, apurado ahora en hacerle chapa y pintura a su táctica electoral. Cristina lo tiene como rival pero lo sueña como futuro socio. Siempre bajo el lema de «ganarle al ajuste», apuesta para después de octubre en una alianza parlamentaria con el massismo. Y confía de los buenos oficios de Felipe Solá para sellarla.

En el Instituto Patria, el bunker kirchnerista, prefieren la prudencia a los fuegos de artificio.

Saben que la campaña es una carrera de obstáculos, y entre estos cuentan a los medios.
De hecho, la ex mandataria regulará sus apariciones en canales y redacciones. Teme que los temas judiciales y las causas de corrupción hegemonicen las preguntas.

Hay que decirlo: también asoma cierta hipocresía en algunos de los potenciales entrevistadores. El caso de Susana Giménez es paradigmático. La diva de la TV dijo que no haría una nota porque sería traicionar sus principios e ideas.

Nadie sabe exactamente a qué principios e ideas se refería pero evidentemente no son los mismos que los de hace dos años atrás, cuando en distintos artículos periodísticos admitió su avidez por entrevistar a Cristina.

¿Cómo comunicará la ex presidenta? Por ahora a través de las redes sociales, contactos en off con periodistas y entrevistas esporádicas, como la que le hizo este jueves a Luis Novaresio para Infobae.

En lo que sí habrá un cambio notorio es en la cantidad de presentaciones públicas. Aumentarán la frecuencia respecto a las primarias y tendrán una impronta más popular, de contacto directo y corporal con sus seguidores.

Algunos lo llaman «meterse en el barro», otros «transpirar la camiseta», pero el propósito sigue siendo el mismo: capitalizar el descontento de aquellos que en cada aparición Cristina definió como «las víctimas del ajuste macrista».

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