Día D: si el Senado de Brasil aprueba el impeachment, Dilma Rousseff será suspendida

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El Senado brasileño votará este miércoles, en un clima de tensa crisis y polarización política, si suspende a Dilma Rousseff de la presidencia de manera provisional durante 180 días, para que se lleve a cabo su juicio político, bajo la dirección del presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Ricardo Lewandoski.

Para la sesión de hoy miércoles, una mayoría simple es suficiente para apartar a Rousseff. Pero para el veredicto de culpabilidad que determine su apartamiento definitivo, el Senado necesitará un apoyo de dos tercios de sus miembros. De producirse la suspensión de Rousseff, el vicepresidente Míchel Temer asumirá la presidencia del país.

Lo que está por verse es si no se abren en estos seis meses caminos para derribar al sustituto, que también podría ser objeto de impeachment. Cuáles son las opciones de que el Senado destituya definitivamente a Rousseff y por tanto Temer termine el mandato hasta 2018 como presidente es una incógnita.

Lo que parece claro, por las encuestas previas y por la apabullante victoria del impeachment en la Cámara de Diputados el pasado 17 de abril (367 votos a favor, 137 en contra) es que la mandataria tendrá que apartarse de su cargo durante unos meses a partir de este miércoles. A no ser, claro está, que a último momento el Supremo Tribunal acepte el recurso presentado este martes por el Abogado General de la Unión, José Eduardo Cardozo, en nombre del gobierno, pidiendo que frene el proceso de cese de Rousseff por un supuesto proceder irregular del ahora suspendido presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, cuando aceptó el proceso en diciembre del pasado año.

El impeachment está en marcha por las maniobras fiscales cometidas por el Gobierno en 2015, cuando retrasó el pago de préstamos a bancos públicos con tal de maquillar las cuentas y presentar un déficit inferior al real. Para la oposición, que ha defendido el proceso de impeachment, se trata de un crimen de responsabilidad suficiente para sacarla del cargo, mientras que para la presidente y sus aliados todo ha sido un «golpe» contra la elección democrática de Rousseff en octubre de 2014.

Pero además del maquillaje de cuentas, han ayudado a empujar al abismo a Dilma Rousseff varios factores más: su mal gobierno: su ineficiencia ante la crisis económica que cerró 2015 con un 3,8% de recesión y la falta de diálogo con sus aliados y con la oposición, así como su cercanía al mayor escándalo de la historia de Brasil, el conocido como Petrolão, por los pagos millonarios de sobornos con dinero público en torno a la compañía Petrobras. Estos elementos han influido en la decisión de los diputados y senadores de apoyar su cese.

El vicepresidente Michel Temer y su partido, el PMDB, pasaron de ser los principales aliados del Ejecutivo a sus enemigos, cuando el pasado mes de marzo abandonaron la coalición de gobierno y empezaron a preparar la eventual gestión de Temer, más simpático a los mercados y con una drástica reducción del gasto público y del número de ministerios.

No obstante, existe una petición de impeachment contra el propio Temer por haber participado de las mismas maniobras fiscales que firmó la presidenta y, al mismo tiempo, el Tribunal Supremo Electoral está evaluando si la campaña de 2014 fue financiada con fondos ilegales de la trama corrupta. En caso de que eso se demuestre, tanto Rousseff como Temer serían objeto de destitución.

El futuro de Dilma Rousseff

Aunque la imprevisible realidad política brasileña hace que resulte muy difícil anticiparse a los próximos escenarios, son pocos los expertos que apostarían por un regreso de Rousseff si hoy resulta suspendida.

«Las posibilidades de que Dilma vuelvan son muy pequeñas y disminuyen cada día. Además del impeachment, va a tener que afrontar otros procesos en función de los excesos que cometió en los últimos días», asegura Elizabeth Balbachevsky, profesora de Ciencias Políticas de la USP.

Para Balbachevsky, el hecho de que se necesiten dos tercios de la Cámara para que un impeachment prospere, hacen que «no haya muchas opciones» de que la destitución de Temer tenga el mismo éxito que ha tenido la de Rousseff. «Sería necesario que muchas fuerzas divergentes estén de acuerdo con la salida», advierte, realidad que no se da sobre el más que posible futuro mandatario del país, que cuenta con el beneplácito de prácticamente toda la oposición a Rousseff para llevar a cabo un gobierno de transición hasta las próximas elecciones. Ese espectro incluye al PSDB, partido del ex presidenciable Aécio Neves y del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y principal grupo de oposición al Partido de los Trabajadores de Dilma y Lula.

No obstante, «es muy difícil prever escenarios», advierte Rafael Moreira, doctorando en ciencia política por la USP, que cree que «el Partido de los Trabajadores podría empezar a movilizar con más fuerza a parte de la sociedad brasileña» después de la destitución de Rousseff.

Asimismo, se pregunta «cómo pretende Temer reducir el número de ministerios y aumentar la coalición de gobierno», que generalmente se forma gracias a la concesión de ministerios. Aunque enseguida se responde que «tiene apoyos entre los evangélicos y otros grupos de presión como la ‘bancada de la bala'», como se conoce al grupo de diputados conservadores que quiere unas políticas más duras contra la inseguridad ciudadana.

Desde otra perspectiva, la profesora de Relaciones Internacionales y Sociología de la UNIFESP, Esther Solano, sostiene que «la izquierda puede reunificarse y conectarse a los movimientos sociales» en el momento en que pase a la oposición y Temer dé inicio a «una agenda de recortes». Y recuerda que «Temer y el PMDB son una persona y un partido que la población no quiere en el poder».

Unas encuestas realizadas a finales de abril por Datafolha entre manifestantes contrarios y favorables al impeachment mostraron que ambos bandos coincidían en no querer a Temer en la presidencia. En marzo, el mismo instituto mostró que tan sólo un 16% de los encuestados aprobaba la figura del actual vicepresidente. Lo que está muy claro, sea cual sea la duración del gobierno de Temer que podría comenzar esta misma noche, es que no será una tarea fácil en medio de un escenario político ardiente y revolucionado.

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