El eterno canto del Cardenal

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Por Miguel Coria 
Treinta años pasaron desde aquel fatal accidente sobre ruta provincial N° 51 y vías en la Ciudad de La Banda que pretendió llevarse la voz y el pensamiento del eterno cardenal santiagueño.
No solo quiso llevarse eso. Quiso llevarse su pasión, su fuerza interpretativa, su recuerdo.
Pues, no lo consiguió.
Fue tanto la revolución que causó en el poco tiempo que caminó por este universo-36 años-que hasta hoy vive en cada joven cantor y músico, que muchas veces sin haberlo conocido, ni siquiera sin haberlo escuchado en un escenario, el mensaje de su poesía y su melodía todavía recorre la noche cantora santiagueña.
Es que su destino ya estaba marcado. Desde adolescente allá en el Gran Buenos Aires donde vivió junto a su familia, el rock y su estridencia le llenaron espacios que luego abandonó cuando pegó la vuelta hacia su pueblo natal.
El llamado de la tierra fue su norte. Eran tantos sus sueños, sus cualidades, su carisma y los dones recibidos de la madre naturaleza que lo llevaron a convertirse en el cantor de la voz inconfundible, en el músico sin estructuras, en el artista que sin perder la raíz transformó el rumbo de la música, expandiendola por todos los caminos, llevando el novel mensaje a las nuevas generaciones de santiagueños que abrieron sus brazos para recibirla y eternizarla en el tiempo.
Y ello fue su suerte y su fortuna. Ello fue lo que lo instaló para siempre en la memoria de los jóvenes que lo toman y no lo sueltan, que se aferran en su acordes y atrapan sus metáforas para derramarlas en un aire de chacarera o en una canción comprometida con la humanidad.
Ni siquiera ese hecho trágico que se llevó su vida, pudo llevarse su mensaje. Sigue latiendo treinta años después.
Jacinto Piedra o Ricardo Gómez Orona o Ricardito el niño cantor nació con la gracia de la inmortalidad. Revive cada febrero en el escenario del Festival de La Salamanca, su rostro aparece en cientos de remeras, muchas de ellas, sin cumplir con sus rasgos faciales característicos. Sus obras musicales son versionadas por innumerables músicos argentinos que lo interpretan muchas veces sin haberlo conocido.
Sin duda, para una gran parte de los santiagueños, es el eterno cardenal.
El que logró permanecer con tan pocos años vividos, sublevando un sendero que hoy sigue iluminado por un ejército de jóvenes músicos que avivan como una encíclica sus palabras y su música.
Mi recuerdo y homenaje.

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