El sector lechero cerró el 2019 con casi mil tambos y 100 mil vacas menos

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La producción de leche de vaca en la Argentina continuó durante el 2019 con el proceso de achicamiento y concentración de establecimientos productivos. Las cifras de pérdidas ascienden a casi mil tambos y alrededor de 100 mil vacas lecheras en el número total de animales en producción.

Aunque la lechería nacional sufre este fenómeno, la reducción de establecimientos pecuarios lecheros exhibe números aún inferiores a los constatados en casos de regiones lecheras importantes como Galicia, España, o en Wisconsin, Estados Unidos.

Según los últimos números provisorios difundidos por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), a instancias de los datos del SENASA y del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, el número de vacas lecheras descendió un 5,9% interanual en el rodeo nacional del 2019, tras contabilizar un total de 1.623.176 bovinos. Por este motivo, resulta impactante que en el último año se perdieron 100 mil vacas productoras de leche, hecho al que también se le suma la baja de casi 1.000 establecimientos lácteos.

Jorge Giraudo, Director del OCLA, comentó a Infobae: “Era esperable esta caída que ofrece el número de tambos, hecho que sucedió por diferentes circunstancias, ya que tuvimos períodos climáticos adversos como fueron dos inundaciones y una sequía, y además de la gran crisis láctea del 2016, donde se derrumbaron los precios internacionales. Todo esto hizo que en el 2018, los tambos tuvieran rentabilidad negativa, que se compensó en parte en el 2019”.

Y agregó: “En el largo plazo, las tasas de variación de tambos siguen en la Argentina ofreciendo tasas más bajas que las que se ofrecen en la media mundial, ya que el proceso de concentración de la lechería es un fenómeno mundial. Por caso en España o Estados Unidos, dichas tasas exhiben una reducción promedio de entre un 4 y 5%”.

Otros datos

Según el último informe del Observatorio Lácteo local, el número de vacas lecheras se redujo casi un 6% de 1,7 millón de cabezas registrado en la vacunación realizada por el SENASA durante el 2018. También cayó un 8,7% las denominadas “Unidas Productivas” de leche vacuna, con lo cual el número de tambos en producción cerró el pasado año en 10.287 establecimientos.

Esto sin duda repercutió sobre la producción de leche. El año pasado concluyó con un número provisorio de 10.343 millones de litros de leche, es decir una merma interanual del 1,7%. Marcos Snyder, consultor lácteo explicó a Infobae, que “en promedio faltan casi 5 millones de litros por día y esto ya se parece mucho a un problema estructural”.

Para Snyder, “la reducción del rodeo nacional de vacunos lecheros se debe en un 60% por las fugas que se producen con cada cierre de tambo, ya que según rematadores, en cada venta el 15% de las lecheras van a feria y 85% a otro tambo. El 40% restante a un excesivo nivel de descarte (recurso de financiamiento en épocas de crisis). Y obviamente, la performance reproductiva de los tambos no logran compensar las pérdidas”.

De acuerdo al último informe del OCLA, la caída podía haber sido mayor sino fuera por la decisión de los ganaderos dedicados a la producción de leche bovina de avanzar con la mejora genética de sus animales. Esto puede constatarse en la suba de un 7,7% que ofreció la producción diaria que reportaron los tambos, que ascendió a 2.755 litros, mientras que la producción individual por vaca también creció un 4,4%, tras arrojar un resultado de 6.370 litros diarios por cada ejemplar lechero.

En lo que hace a la calidad de la materia prima, el OCLA indicó en su informe que la grasa butirosa experimentó apenas una caída del 0,01% interanual, mientras que en el caso de las proteínas y de los sólidos útiles, se constató un aumento del 0,06% y 0,05% respectivamente.

Para muchos ganaderos, la reducción que exhibe la lechería local podría haber sido peor dadas las condiciones macroeconómicas que ofreció la Argentina durante el 2019. El principal motivo fue el nivel de atraso del dólar, ya que la devaluación impactó de lleno sobre los valores de los insumos que deben adquirir los tambos. También se cuenta allí el impacto negativo que reportaron otros factores como contar con una inflación anual del 53%, tasas de interés del sistema financiero de entre el 80% y 100% y una presión impositiva creciente que ascendió al 40% para toda la cadena láctea.

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