Fabián Rossi: «Soy un buen compañero y ayudaba a contar dinero a los empleados de tesorería»

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El empresario Fabián Rossi admitió, en el escrito que presentó ante el juez federal Sebastián Casanello en la causa que lo tiene entre los acusados por lavado de dinero y al que Infobae tuvo acceso, que conoce a Martín Báez pero dijo que en su momento «no sabía quién era». Además, sostuvo que no conoce a Lázaro Báez, y admitió que contó dinero en la financiera SGI, pero argumentó que sus tareas eran otras y que iba al supermercado a hacer las compras. Además, aceptó que hizo averiguaciones para abrir una cuenta en República Dominicana.

La relación con SGI

«Cierto día de 2010, realmente no recuerdo la fecha exacta, tuve necesidad de cambiar un cheque diferido con el que me habían pagado un trabajo. Recordé que un antiguo conocido estaba trabajando en una financiera en Puerto Madero. Se trataba de Gustavo Fernández y la financiera era SGI. Merecía toda mi confianza».

«Fernández me recibió y tomamos un café juntos en un bar aledaño. En esa conversación se enteró de mi potencialidad de negocios; que estaba sin un trabajo fijo salvo mis operaciones estacionales en Panamá, por lo que me ofreció que si le acercaba mis relaciones me lo iba a retribuir».

«Para decirlo nuevamente y que quede claro: yo era quien iba al Carrefour, por ejemplo, pedía la factura correspondiente y la rendía en tesorería para que me dieran la plata, y me tenía que autorizar la dirección, ya que si no el tesorero no me daba ni un peso».
«Fernández me lleva como proveedor externo, me ofrece la oficina y una cochera porque sin llegar a ser amigos íntimos ni mucho menos nos conocíamos hacía mucho tiempo y, debo decirlo, para ‘darme una mano’ a fin de que yo pudiera crecer en mi actividad, pero sin darme ninguna autoridad ni autonomía: como dije, si yo gastaba dos pesos él me tenía que autorizar. Mi ‘box’ era el más chico de todo el lugar, y lo cierto es que yo me movía con libertad en la oficina por ser amigo del presidente».
«En mi ‘box’ estaba siempre mi computadora portátil, la misma que usé siempre para diseño, ya que ahí mismo me ocupaba de mis tareas en el rubro gráfico, que continuaba en paralelo tal como ya expliqué, pues esa fue la actividad a la que siempre me dediqué. Eso lo hacía en el horario en que SGI estaba abierta, porque no tenía llaves».
«Respecto de mi función en SGI, empiezo como proveedor externo de servicios de marketing y desarrollo de la plataforma de prensa que Elaskar quería para su empresa. Claro está que Fernández quería que llevara clientes: esto obedece a una ‘lucha’ entre el sector comercial y el de marketing, porque el marketing requiere de mucha inversión en lo inmediato. A mí el llevar clientes me hacía ganar una pequeña comisión y ayudaba al mismo tiempo a SGI en el crecimiento de su cartera».

Su relación con Lázaro Báez

«Fue así que en menos de un mes le acerqué a Fernández, y por carácter transitivo a SGI, un sinnúmero de contactos y nuevos clientes, todos conocidos de mis actividades previas y concomitantes (…), exclusivamente. Aclaro, al respecto, que entre esos clientes no estaba ni estuvo el señor Lázaro Báez, a quien no conozco ni nunca he visto siquiera, ni Austral Construcciones S.A. ni ninguna empresa a él vinculada».
«Realmente es infundado y temerario afirmar que conozco o que tengo estrecha relación con Lázaro Baez, cuando ni lo conozco, ni jamás lo vi en mi vida, ni jamás hablé con él».
«Repito: nunca lo vi en mi vida; nunca en mi vida hablé con él, ni siquiera por mail o teléfono, y, demás está decirlo, nunca en mi vida tuve ninguna vinculación comercial, laboral o profesional -ni de ninguna índole- con el nombrado (Lázaro Báez). Ni con él en forma directa ni con él a través de terceros».

Su relación con Martín Báez

«Llegado a este punto, considero conveniente referir que lo mismo que dije respecto del señor Lázaro Báez es aplicable a su hijo Martín. Jamás he tenido vínculo alguno con él, de ninguna índole. Más precisamente, puedo decir que lo conocí en las oficinas de SGI, donde lo debo haber visto circunstancialmente no más de tres veces en total. Es más, en ese momento me lo presentaron, no recuerdo quién, algún compañero de la empresa, simplemente como ‘Martín’, sin que supiera yo en aquel momento su nombre completo. Sólo cuando ‘estalló el escándalo’ que dio lugar a esta causa supe yo que aquel Martín era Martín Báez. Repito: no lo conocía, y no tuve relación ni trato alguno con él, más allá de coincidir circunstancialmente en un mismo espacio de las oficinas de SGI».

Sus viajes al exterior
«En cuanto a mis viajes a la República de Panamá, además de lo que ya dije son varias las cosas que quisiera agregar. En primer lugar, yo viajaba a Panamá, como ya expliqué, desde el año 2005, mucho antes por supuesto de ser proveedor para SGI».

«En referencia al banco en Dominica, como siempre frente a un pedido de los directivos de SGI, me pidieron si podía averiguar por la compra de un banco en ese país ya que un cliente, no me dijeron quién, quería saber si era posible. Esto es al menos lo que recuerdo. Lo que hice entonces fue buscar en Google y luego mandé varios mails (no recuerdo exactamente, pero creo que a bancos, estudios jurídicos que aparecieron a través de la búsqueda en internet, por ejemplo) y para mi sorpresa alguien me contestó. No fue más que eso: no conozco ese país ni a nadie en ese estudio de abogados, y las alegadas ‘gestiones’ no pasaron de esto que aquí recuerdo. En definitiva, mandé un mail y me contestaron y eso fue todo. Debo aclarar también que el mail salió de mi casilla pero nada de eso es mi redacción, ya que son preguntas que me detallaba Gustavo Fernández, pues yo no tenía el conocimiento específico como para realizarlas».

Los videos de La Rosadita
«Respecto de las imágenes que se dieron a conocer a través de la televisión pública, y sin que esto importe un reconocimiento ni una admisión de ningún tipo respecto a ese material, cuya procedencia entiendo todavía no está acreditada en el sumario, y por ende resulta cuanto menos cuestionable -planteo que en todo caso realizará mi abogado defensor con independencia de esta presentación- deseo de todos modos brindar algunas explicaciones».
«En primer lugar, nada de lo que se ve en esas imágenes desmiente, o prueba lo contrario de todo lo que llevo dicho –en esta presentación y en la anterior- sobre mi rol o función en SGI».

«Volviendo a SGI, la estructura de la empresa tenía su tesoro, su tesorería, lugares a los que yo no tenía acceso. Ahora bien, desde otro ángulo, forma parte de mi manera de ser el ayudar a mis compañeros de trabajo, y eso hice mil veces, sirviéndole café a más de un cliente, ayudando a hacer las compras en el Carrefour frente a la oficina, como ya relaté, o como en el caso que nos ocupa y que en definitiva motivó este nuevo llamado a declarar: ayudando a contar dinero a los empleados de tesorería».

«Ayudé a contar dinero en alguna que otra ocasión, efectivamente. ¿Eso lo convierte en mío? ¿Eso me convierte automáticamente en autor o en cómplice de algún delito? ¿Eso hace suponer que yo sabía todos los detalles vinculados con ese dinero? ¿Hay algo en las imágenes que pueda sustentar una respuesta afirmativa a estas preguntas? La respuesta es que no. ¿Hay algo en la causa, ya con más de tres años de trámite, que pueda dar lugar a una respuesta afirmativa a esas preguntas? La respuesta es que no».
«Había momentos en que tenía tiempo libre, y como dije, en estos momentos era posible, y de hecho así sucedió más de una vez, que me dispusiera a ayudar a otros compañeros o empleados de la firma, a realizar tareas diversas».
«Lo cierto es que las imágenes por sí solas no prueban absolutamente nada. No aparezco en ellas cometiendo delito alguno, ni preparando siquiera la comisión de delito alguno, ni ayudando a un tercero a la comisión de delito alguno».

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