Fármaco creado por un bandeño y un rionegrino está listo para entrar a fase clínica

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Los doctores Agustin Joison y Federico Gallo (bandeño) desarrollaron una proteína que disuelve los coágulos, una de las complicaciones severas de la covid-19.

Un fármaco capaz de revolucionar el tratamiento de las trombosis (obstrucciones debidas a coágulos) y desarrollado a lo largo de tres décadas por fuerza de la pasión y la convicción científicas de dos profesionales está en condiciones de empezar la fase clínica de prueba en humanos, etapa para la que es imprescindible el financiamiento gubernamental o privado.

El investigador Agustín Joison (63) -nativo de Roca- y el ya fallecido cirujano vascular, Federico Gallo, -un infatigable médico bandeño adoptado por Río Negro- aislaron y purificaron una proteína, llamada microplasmina JG, obtenida del plasma sanguíneo humano, que tiene el poder de destruir coágulos, grandes o pequeños, allí donde se encuentren, sin producir además los efectos adversos frecuentes en otros trombolíticos (trombo: coágulo; lisis: destrucción).

“La complicación más frecuente en los enfermos de coronavirus son esas reacciones inflamatorias que generan pequeños trombos, lo que es la embolia pulmonar. Esto está haciendo estragos en aquellas personas críticas”, dice Agustín Joison en el comienzo de la entrevista.

Desde su casa y despacho en Córdoba, ciudad donde ejerce como investigador y docente de la Universidad Católica, señala que “la microplasmina que hemos desarrollado con el doctor Gallo ya está en su punto final. Está en su forma de laboratorio y de manera preclínica en animales. Para eso hicimos muchísimos trabajos en la Universidad Católica de Córdoba (UCC) -en el departamento de Cirugía Experimental en la Facultad de Ciencias de la Salud- sobre animales. Una vez vistos los resultados, se publicaron las progresiones de esos efectos en animales de laboratorio -que es la fase preclínica-; eso también está publicado y documentado, juntamente con la prueba de toxicidad aguda”.

La microplasmina JG lo que hace es ir directo donde está el trombo o coágulo “y producir simplemente el efecto deseado (su destrucción o disolución)”. En las fotos que acompañan esta nota y que son parte de las publicaciones de los estudios científicos referidos, se observan las placas de fibrina: una tiene solución fisiológica, que se usa como placebo, o sea que no le hace nada; y la del lado es la microplasmina. “La secuencia muestra cómo se destruye el coágulo de fibrina”, explica pacientemente Joison.

Trombo de fibrina con microplasmina (Izq) y con solución fisiólogica (Der), 0 minuto de aplicación.
Trombo de fibrina con microplasmina (Izq) y en solución fisiólogica (Der), 5 minutos de aplicación.
Trombo de fibrina (la estructura del coágulo) con microplasmina (Izq) y en solución fisiólogica (Der), 10 minutos de aplicación.
Trombo de fibrina con microplasmina (Izq) y en solución fisiólogica (Der), 15 minutos de aplicación.
Trombo de fibrina con microplasmina (Izq) y en solución fisiólogica (Der), 20 minutos de aplicación.

Fármacos trombolíticos hay muchos en el mundo pero con esta microplasmina, según se ha comprobado, lo diferenciador es que pertenece a la categoría de los fibrinoespecíficos. Significa que ataca directamente el coágulo donde está localizado, no produce el efecto indeseado de muchos trombolíticos que es causar hemorragias. “O sea que si usted destruye el coágulo, la persona puede entrar en hemorragia”, añade para ejemplificar.

La importancia

Disponer de una herramienta así es especialmente urgente hoy cuando una de las complicaciones más severas en los pacientes con coronavirus es la reacción inflamatoria pulmonar que origina coágulos, los que a su vez taponan los vasos sanguíneos, impiden la oxigenación y hacen inútil la ayuda de los respiradores artificiales.

Como es de público conocimiento en estos días -gracias a la pandemia de covid-19- las pruebas en humanos de remedios y vacunas son cruciales para decidir la suerte de cualquier compuesto nuevo. También se sabe que tales estudios involucran a cientos y luego miles de voluntarios e igualmente demandan millones de dólares. Hace pocos días el gobierno nacional anunció el financiamiento con 30 millones de pesos para el comienzo de la fase clínica con el suero equino con anticuerpos covid-19 desarrollado por la empresa Inmunova SA junto al Instituto Biológico Argentino (BIOL).

En el mundo, los gobiernos están confiando miles de millones de dólares a proyectos públicos o mixtos para vacunas, remedios y equipos contra la covid-19 que a la fecha ha causado la muerte de casi 790.000 personas en el mundo y más de 150 personas entre Río Negro y Neuquén.

Desde la OMS, su titular, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió hace pocos días que la pandemia se está acelerando en todo el mundo e hizo un llamado a la unión de los países para reducir la tasa de letalidad y redoblar los esfuerzos para hallar tratamientos más efectivos mientras se recorre, paralelamente, el camino de la vacuna.

Décadas de investigación

“Inicié esto con Federico Gallo hace más de 20 años. Fue el único médico que en realidad vio su importancia”, rememora Joison en relación al desarrollo de la microplasmina JG. También recuerda la carta de César Milstein, Nobel argentino, ratificándole que iban en buen camino.

Explica después que una vacuna normalmente tarda 10 años. Y un fármaco, desde su desarrollo analítico, técnico, de caracterización de la molécula, de las pruebas, “demora arriba de 20 años hasta que está en el mercado. Por ahí mucha gente se preguntará: ‘¿tantos años investigando?’. Y sí -reafirma- eso se produce porque existe algo llamado medicina basada en evidencias. Significa que puedo tener algo espectacular pero si a nivel científico no tengo evidencias de lo que produce y de los efectos que tiene -en este caso beneficiosos- no sirve de nada”.

“Ahora estamos seguros de lo que tenemos -enfatiza el investigador- y en base a esa seguridad tenemos que pasar sí o sí a fase clínica porque ya no hay vuelta atrás y esta pandemia -no sé si los gobiernos lo entienden- nos está exigiendo que hagamos cosas más aceleradas que lo común y para eso se necesita escuchar todas las voces. Lo que queremos hacer (desde la UCC) es vincularnos con laboratorios o gobiernos que financien y que aceleren estos pasos para llegar a la fase clínica”.

Urgido por la gravedad sanitaria del momento, Joison concluye: “Es por lo que venimos luchando y el doctor Gallo -un año antes de fallecer- mandaba cartas a la Presidencia. Hemos querido contactar a veces a referentes del gobierno, tanto provincial como de la Nación, y no hemos tenido suerte. Necesitamos que desde alguna autoridad competente se nos autorice a presentar la documentación correspondiente y se evalúe la posibilidad de entrar en fase clínica. Lo que queremos también es que se nos financie porque (en el contexto de la pandemia) se necesita entrar en la fase clínica ya”.

La amistad y la fe en el descubrimiento

“Ha sido un hermano del alma”, dice con la voz velada Agustín Joison, al recordar las casi tres décadas que recorrieron juntos con el médico y cirujano Federico Gallo, fallecido en 2018 en Roca.

En las últimas dos décadas “Río Negro” se hizo eco en reiterados artículos acerca de las investigaciones del nuevo fármaco, la permanente lucha de los dos profesionales por obtener fondos para proseguir y también de la indiferencia de políticos y organismos que debieron, al menos, interesarse por evaluar el tema.

Gallo y Joison junto a sus familias en las bardas de Roca.

Gallo fue la voz cantante. Expuso en el Senado de la Nación, viajó a España, envió cartas a la Presidencia, golpeó todas las puertas, sin dejarse ganar nunca por el desaliento.

“El doctor Gallo se quedó maravillado (por la potencialidad de la microplasmina JG) cuando lo fui a ver por primera vez; él trabajaba en el hospital de Roca todavía. No lo podía creer porque aparte él era cirujano vascular, él sabía de la importancia y dejó muchas cosas en el camino -no de mejoramiento de su calidad profesional- sino que dejó cosas para acompañar el proyecto”.

Joison es bioquímico de profesión, se doctoró en Ciencias de la Salud en la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente es docente e investigador en la Universidad Católica de Córdoba. Viene de una extensa carrera que lo alejó del Alto Valle aunque conserva familia en la zona.

Federico Gallo nació en La Banda, Santiago del Estero, pero desarrolló su carrera de médico especialista en flebología y cirugía vascular en Río Negro. Falleció en 2018 con 60 años. También su familia reside en la región.

Por Mónica Jofre/Río Negro.com.ar

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