Fernández negocia con Juntos mientras Cafiero viaja a Washington para sumar el apoyo de Biden

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El Gobierno se prepara este fin de semana para el “supermartes” que se aproxima, donde ocurrirán dos eventos centrales para la negociación con el FMI. Por un lado, el presidente Alberto Fernández y el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, negocian a contrarreloj con los gobernadores y legisladores de la oposición para definir los parámetros del manoseado y conflictivo encuentro con el ministro de Economía, Martín Guzmán, a través del cual el oficialismo buscarán mostrar consenso político interno ante el organismo. En paralelo, el canciller Santiago Cafiero, viajará a Washington DC para reunirse con el secretario de Estado, Antony Blinken, y acercar posiciones con Estados Unidos sobre el refinanciamiento de la deuda externa de la Argentina.

El Presidente tiene expectativa sobre ambos eventos políticos, uno internacional, el otro doméstico, que inciden directamente sobre los diálogos técnicos que mantiene Guzmán con el organismo de crédito. Los tiempos se acortan de cara al vencimiento de casi 3000 millones de dólares de finales de marzo. Si no se acuerda antes, el país podría caer en default.

Cafiero estará viajando esta noche a D.C., arribará mañana, y su encuentro con Blinken tendrá lugar el martes. Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores aseguran que el FMI será un tema central en la reunión bilateral, que se gestó semanas atrás. En la Casa Rosada esperan sumar el apoyo estadounidense a la negociación con el Fondo: Estados Unidos es el principal accionista en el organismo que conduce la búlgara Kristalina Georgieva, y la Casa Blanca aún no brindó definiciones concretas sobre su posicionamiento. Aunque recientemente se opuso al informe crítico del Fondo sobre la toma de deuda de Mauricio Macri en 2018, emitido en diciembre y considerado “lapidario” por Alberto Fernández.

En la agenda de Cafiero figura una de las mayores ambiciones en la agenda internacional del Gobierno: lograr un encuentro entre el Presidente y Biden que demuestre respaldo a la postura de la Argentina, que insiste desde hace dos años en la necesidad de patear los plazos de pago y fijar “de manera soberana” las políticas económicas para lograr un crecimiento que le permita afrontar los abultados vencimientos.

Sin embargo, en el Palacio San Martín le bajaron el tono a la importancia que le está dando el Gobierno. En cambio, aseguraron que “no es una reunión para cerrar o para discutir específicamente eso”. Señalaron que en la agenda diplomática también están el cambio climático y la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, dos temas que, sin embargo, tienen estrecha relación con las expectativas de la administración de Joseph Biden sobre la Argentina. El Gobierno busca posicionar al Presidente como líder moderado en la región y al país como referente en asuntos humanitarios.

El otro hecho político que desvela al Gobierno en relación al Fondo es el postergado encuentro informativo sobre el avance de las negociaciones con los referentes opositores con cargos, cuyo devenir se transformó en los últimos 10 días prácticamente en una novela de intrigas y mensajes cruzados en público, donde intervienen, también, las internas en el Frente de Todos y Juntos por el Cambio.

La última novedad oficial sobre la organización de la reunión entre Martín Guzmán y los líderes provinciales y legislativos de Juntos por el Cambio es que quedó en vilo luego de que el viernes la Casa Rosada expresara oficialmente que mantendrá en pie la postura proclive a que el encuentro se realice en el Ministerio de Economía. Lo cual va exactamente a contramano de las intenciones de los opositores, que bregan por que el ámbito de coincidencia presencial para escuchar al encargado de las negociaciones con el FMI sea el Congreso Nacional.

La semana pasada se había desarrollado exactamente la misma discusión de cara al cónclave de Alberto Fernández y Guzmán con todos los gobernadores, que finalmente se realizó en el Museo del Bicentenario con los jefes provinciales oficialistas y funcionarios que participaron como delegados de los opositores gracias a negociaciones del Presidente a último momento.

El sábado, Alberto Fernández estuvo en contacto con Massa para descifrar cómo destrabar el dilema de la manoseada reunión y en el Gobierno evitaban dar precisiones sobre los diálogos con la oposición. Desde el Frente de Todos se limitan a asegurar que están muy interesados en que efectivamente se realice. Pero desde Juntos por el Cambio no lo ven así.

Según dijeron fuentes legislativas de ese espacio a Infobae, no habían tenido, hasta el cierre de esta edición, una invitación formal de parte de los principales organizadores, Guzmán y Massa, a Economía. “Por el momento no hay ninguna versión oficial del cambio de la reunión del martes del Congreso a Economía, así que por ahora no tenemos ninguna reunión en agenda”, deslizaron desde la oposición.

Una señal a favor del encuentro es que desde el entorno del jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta -el referente más reticente- y los gobernadores de la UCR seguían manteniendo abierta la puerta a asistir. Pero en Parque Patricios y en las sedes de las gobernaciones aseguraban que no tuvieron un acercamiento formal sobre el “cambio” de la reunión a la sede de Economía.

Desde el Gobierno no consideran que haya habido una modificación. “Desde el comienzo, cuando los invitamos, dijimos que sería en la Casa Rosada o en Economía. Son ellos los que insisten con el Congreso. No hubo ningún cambio”, sostuvieron en Balcarce 50.

Mientras tanto, había diferencias en el Gobierno entre la postura de Guzmán, que busca ser el anfitrión, y la de Massa, al menos abierto a que el encuentro tenga lugar en el ámbito que controla. En los últimos días esos roces se habían “despejado”, dijeron en la Casa Rosada. E intentaban apuntar las miradas hacia las internas del otro lado. “Hay un forcejeo, entre halcones y palomas, que impide llegar a un acuerdo”, consideraron en la sede gubernamental nacional.

Es cierto que en Juntos por el Cambio las posturas no eran unánimes. Los dialoguistas estaban abiertos a aceptar una visita a Economía, un terreno que, más allá de que pertenece al Ejecutivo, no es el ámbito gubernamental por excelencia -es decir, no es la Casa Rosada-. Pero en la Coalición Cívica como en los sectores del PRO más críticos del Gobierno se plantaban con el Congreso. Para el martes a las 12 está previsto un encuentro por zoom entre los referentes de Juntos por el Cambio, que podría adelantarse al lunes en caso de que el Gobierno les comunique oficialmente que insiste en que la sede sea el Palacio de Hacienda.

El último cónclave opositor tuvo lugar el jueves de la semana pasada, y el tono en que se trató la exposición de Guzmán -que había ocurrido el día previo- fue muy duro. Al final, publicaron un comunicado crítico, en conjunto, donde figuraba la firma de uno de los principales interlocutores con el gobierno, el jujeño Gerardo Morales, que mantiene diálogo directo con Alberto Fernández y Sergio Massa, y oscila entre posiciones más duras, junto a sus pares, y expresiones de diálogo y aceptación de los errores propios -o del gobierno de Mauricio Macri- en público.

La presencia de Alberto Fernández es otra incógnita. En un comienzo se había informado que participaría. Pero después de la carta que emitió el pleno de JxC pidiendo mayor exactitud en las explicaciones de Guzmán, puso en duda su participación. Además, en el Gobierno dijeron que el jefe del Estado no estaría dispuesto a ir al Congreso.

Así las cosas, a dos días del encuentro, los diálogos sobre la reunión se encontraban en pleno cortocircuito. De todas formas, en ninguno de los dos espacios cerraban la puerta a que se celebre. Más bien, apuntan a que sigan las negociaciones.

Mientras tanto, Alberto Fernández atraviesa los días de calor entre la Casa Rosada y Olivos -dejó el helicóptero inactivo y se traslada manejando en auto-. Se resiste, por el momento, a salir de vacaciones, como le ruegan en su círculo íntimo. Abocado a las negociaciones para que salga la reunión con Juntos por el Cambio, ocupado de la crisis energética desatada, esta vez, por la ola de calor; y con el affaire por el viaje de la titular del PAMI, Luana Volnovich, cruzado en el centro de su agenda, le quedaba poco espacio para pensar en descansar. “Él es así, cuando está enchufado no desconecta más”, dijo un miembro de su entorno.

Para los próximos días tiene pensado viajar por la Argentina, por primera vez en varias semanas. Está proyectado que visite alguno de los destinos turísticos de mayor caudal de recepción turística, y no se descarta también alguna recorrida “de cercanía” por una localidad del conurbano como la que encabezó en San Martín hace quince días.

En el primer esquema, se piensa en la costa bonaerense, en Córdoba o en algún destino de la Patagonia, a donde iría acompañado por el ministro de Turismo, Matías Lammens. Buscará así capitalizar jornadas que califican como récord para la actividad. “Vamos a terminar con treinta millones de argentinos movilizados en las vacaciones. Nunca se vió algo así”, dijeron en la Casa Rosada. También se pensaba en una visita a La Rioja, cuando su relación con Ricardo Quintela, que viene dándole apoyo expreso desde la crisis del Gabinete post-PASO, se encuentra en los mejores términos.

Más allá de las visitas al interior, el viaje de mayor importancia para Alberto Fernández se producirá dentro de dos semanas. Cuando empiece febrero, el Presidente tomará un vuelo rumbo a Moscú, donde se encontrará con su par ruso, Vladimir Putin. Después irá a China, a propósito de la Juegos Olímpicos de invierno en Beijing, invitado por Xi Jinping.

El último destino estaba previsto, en el marco de firma de un acuerdo económico en la llamada “Ruta de la Seda”. Pero la escala en el Kremlin se conoció el viernes a última hora, y generó una serie de especulaciones sobre la injerencia que podrían tener ambas visitas, continuadas, en el marco de las negociaciones con el Fondo. Ambas potencias están enfrentadas con Estados Unidos y el gobierno de Biden podría considerar un acercamiento con ellas como un problema. En el Gobierno aseguran que no tendrá consecuencias y defienden la decisión del país de mantener vínculos multilaterales, económicos y políticos, con independencia de lo que piense la Casa Blanca.

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