Fito Páez y una historia de amor renovado

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Foto: Telam

Desde hace 20 años, El amor después del amor es más que solo el nombre de un disco: sirve para designar un momento de la vida, un estado emocional de redescubrimiento de uno mismo en plena adultez. Dos décadas atrás, Fito Páez transitaba sus 30 años y volvía a enamorarse y a inspirarse para componer un disco definitivo para toda una generación que reinventaba su década.

Poco más de 40 minutos después de las 21, en un Orfeo colmado y latente se apagaron las luces. Desde la oscuridad sonó la base de la batería y el colchón de teclados de la canción El amor después del amor, y la voz de Páez entonó los párrafos desde atrás de la escena. “Ahora sé que ya no puedo, Córdoba, vivir sin tu amor”, modificó la letra original y se ganó la primera ovación de las 5.000 almas que llenaron la sala. Fito salió a escena y las primeras estrofas comenzaron a construir una fabulosa película. Historias, personajes y ambientes cargados de tensiones definen la narrativa de una obra que construyó un lenguaje propio e irreproducible.

Mirá las mejores imágenes del show aquí.

Las siguientes 15 canciones mantuvieron el estricto orden del disco. Con Dos días en la vida, el filme salió a la ruta como una road movie de amor y desengaños: la travesía comenzó en el arenoso desierto mejicano, pero luego recorrió otros paisajes. Hubo “recuerdos desde el África” con La rueda mágica (un hitazo indestructible), un emocionante paso por las tierras de “la Negra” Sosa con Detrás del Muro de los Lamentos y un excitante pasaje con Tráfico por Katmandú.

Fito Páez celebró en Córdoba el aniversario de la obra cumbre de su carrera, el disco más vendido de la historia del rock nacional. En este homenaje propio, las canciones se replicaron con asombrosa precisión, como si hubiesen permanecido intactas en la memoria colectiva.

La banda de ocasión que lo acompañó, enfundada en riguroso saco y corbata, sonó ajustada. Con una frondosa melena leonina, la colombiana Adriana Ferrer replicó desde los coros la voz de Claudia Puyó, y no se quedó atrás. Mariano Otero, en el bajo, confirmó que el slap endiablado en La Verónica y la línea profunda en Sasha, Sissi y el círculo de baba (que otrora creó Guillermo Vadalá) son tan complejos como contundentes.

Juan Absatz disparó con el teclado las bases ideadas por Tweety González, y Diego Olivero se sumó desde el piano y los coros. Dizzy Espeche recreó las guitarras de Ulises Butrón y Gastón Baremberg en la batería hizo las veces de Daniel Colombres.

El viaje atravesó momentos de calma también, cuando Páez se puso al frente con su voz, y su fraseo y sus líneas melódicas en canciones exquisitas como Pétalo de sal, Un vestido y un amor, Tumbas de la gloria o Creo.

Para el final de la primera etapa, Brillante sobre el mic disparó una sucesión de instantáneas entre los presentes, y A rodar mi vida hizo bailar a todos. “Chau, hasta mañana” fue el epílogo perfecto.

Tiempo de clásicos Luego del cimbronazo emocional de viajar en el túnel del tiempo musical de El amor después del amor, Fito Páéz retornó con su habitual traje blanco (primero fue negro) y solo en el piano ofreció un medley de Cable a tierra y Y dale alegría a mi corazón. La fiesta de cumpleaños inició su trayecto final con clásicos infalibles: Circo Beat, Naturaleza sangre, Al lado del camino, Polaroid de locura ordinaria y un cierre feroz, guitarra en mano, con Ciudad de pobres corazones. Entre los bises pasaron Dar es dar y Mariposa Tecknicolor.

Fito cumplió con la idea de su homenaje al amor que viene después del amor.

Invitados virtuales No estuvieron presentes, aunque se las ingeniaron para que su ausencia no se notara: los nombres más importantes del rock nacional estuvieron en la noche cordobesa junto al rosarino. En la pantalla, las imágenes de Fabi Cantilo y Celeste Carballo, “el Flaco” Spinetta, “la Negra” Mercedes Sosa, Charly García y Andrés Calamaro desfilaron en un acompañamiento emotivo, reconocido, por las más de 5.000 personas, con aplausos y ovaciones.

Fabiana Cantilo y Celeste Carballo acompañaron a Fito en Dos días en la vida; Charly y Calamaro completaron un trío exquisito en La rueda mágica, y la imagen de “la Negra” y su poncho estuvo presente en Detrás del muro de los lamentos.

Fito dedicó especialmente unas palabras para “el Flaco”: “20 años es muchísimo tiempo, toda una vida. Fue un viaje que compartimos todos”, comenzó. “Toda esta tribu tiene un chamán extraordinario… por primera vez se va a cantar en Córdoba esta canción con él”. Con una cerrada ovación apareció Spinetta en pantalla y sonó Pétalo de sal. Momento emotivo.

Fuente:La Voz del Interior

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