Habló Greppi: «Que rompan cada colchón en avenida Libertador a ver qué encuentran»

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Este miércoles, el financista Guillermo Greppi aprovechó que su cara es relativamente desconocida y esperó en un café sobre la calle Cerrito, a pocas cuadras del Obelisco. Su abogado debía bajar en cualquier momento del Juzgado en lo Penal Económico Nº1 a cargo del doctor Javier López Biscayart; Greppi lo envió a ver la causa por la cual allanaron su casa en Palermo la noche del lunes. Evasión y lavado son los principales delitos, un expediente con denunciante anónimo que provino, según Greppi y su defensa, del Juzgado Federal de Morón bajo el doctor Juan Pablo Salas, que se declaró incompetente para instruirlo. El denunciante anónimo, entre la fila de rumores que le llegó a Greppi, «podría ser Stiuso», dice él, pero deja el tema ahí, porque no quiere ser malpensado, o maquinar con su cabeza.

Lo que los perros de la Policía Federal bajo las órdenes del juez López Biscayart le olieron a Greppi anoche en el baño y en otros sectores fue al menos importante: USD 1,6 millones de dólares, $2 millones de pesos, más de 50 mil euros, cheques y pagarés, entre otros valores. Así, el financista terminaba en Tribunales otra vez.

Cabeza de la financiera Propyme, centrada en el comercio de cheques, se convirtió en una línea oscura de la corrupción kirchnerista cuando en 2013 el ex juez Norberto Oyarbide fueacusado de frenar un allanamiento en Propyme por ordenes de Carlos Liuzzi, el número 2 del ex secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini y un histórico vínculo de Greppi. En el bar de Sarmiento y Cerrito, mientras dialoga con Infobae, el financista repite lo que suele decir: que a Liuzzi no le habla desde agosto del año pasado, que Zannini jamás lo llamó a él directamente y que el ex candidato a vicepresidente reprendió a Liuzzi por su jugada. Hasta ahora, a nivel judicial, nada es claro. Greppi viene y Greppi va, sin ser detenido o procesado.

El escándalo en Comodoro Py, que terminó con un sobreseimiento firmado por el juez Luis Rodríguez, dice Greppi, le lastimó el negocio: las operaciones cayeron de un 25 a un 30%. Entonces, Greppi se puso a ahorrar, según su relato, para guardar dólares en el baño, algo casi cómico. Otros comentarios en la City, donde Greppi es una celebridad en la frecuencia baja de chimentos, indican que el financista, en un ataque de miedo, vació sus cuentas por miedo a un embargo.

–¿Qué hacía con más de $1,6 millones de dólares y $1,5 millones de pesos en su casa?

–Fácil. Cuando me allanó el juez Rodríguez me quedó mucha plata adentro del banco y me preocupé. Había plata de terceros y plata mía. La del allanamiento de Biscayart es mía, la mía personal, la mía y de mi familia. Luego de lo de Oyarbide me bajó el trabajo, de un 25 a un 30 por ciento. Me afectó. Entonces, con mi dinero compré dólares.

–Con su nivel de exposición y los cuestionamientos que recibe, ¿no era más sencillo depositarla en un banco?

–¿Cómo voy a tener un plazo fijo en pesos que me devalúa y me quedo mirando al norte? Aparte, necesito disponibilidad.

–¿Pero no le parece un riesgo tener el dinero suficiente para un piso en Libertador escondido en el baño?

–Yo consideré que no, pero nunca me esperé semejante situación. No creí estar incurriendo en un delito y sí creí que la causa en Morón al llegar al fuero porteño se iba a dirimir. Lo que la motivó, no lo sé.

–¿Puede explicar los fondos?

–Es dinero que quedó bloqueado en 2015, cuando empiezo nuevamente a operar. Sigo con la gestión de cobranzas a terceros, cosa para la que está autorizada Propyme. Y me separo lo mío. Desde octubre de 2015 que empecé a juntarlo. Le compré a clientes, 10, 15, 20 mil por vez. E iba a seguir; lo que tenía en pesos iba a volcarse a dólar. Me puse a resguardo. ¿Qué harías vos con la plata si no tuvieses operaciones para realizar? ¿En qué se refugia toda la gente? Podría haberlo hecho en un banco, pero en pesos. Y el peso no tiene reglas de juego claras. No soy boludo. Aproveché y compré.

–Entonces, ¿cuál es su patrimonio?

–Después de esta baja, debería considerar lo que me queda y hacer una reevaluación. A esa plata la separé por temor, por precaución, porque el trabajo bajó y me refugié. ¿Sabés cuántos Greppis hay con uno, dos, tres millones? Pasa que no los allanan a todos. Que rompan cada colchón en la avenida Libertador a ver qué encuentran.

–O sea, usted claramente cree ser un chivo expiatorio.

–Sí, ya va la quinta causa NN en mi contra por lavado, con dos en el mismo año, ¿a vos qué te parece?

La caja más grande

La ruptura con Liuzzi, dice el financista, fue por «una diferencia de opiniones sobre cómo afrontar el tema judicial. Yo no quise seguir el camino que proponía, no tenía la convicción espiritual de hacerlo. Quería que siga a sus abogados, tuvo muchos. Liuzzi hacía prueba y error: todo terminaba en error».

Si los cheques fueron su comercio, los millones de obra pública destinados a Lázaro Báez podrían haber terminado en Propyme. Greppi lo niega: «Nunca me propusieron trabajar con Lázaro. Nunca vi un cheque de Austral, ni de Schoklender. Yo te explico: hago este trabajo desde chico y aprendí a no agarrar cheques de gente con excesivo poder. Es un riesgo enorme desde la certeza de cobro. Pueden tener un resbalón. Es como el juego de la silla; uno se queda afuera. Fijate los que compraron cheques de Austral Construcciones con miles de cheques rechazados. Entraron en cesación de pagos. Vos decime: ¿cómo le cobrás?».

Hay otro escándalo que rozó al financista: Fútbol para Todos. Greppi había evaluado, en sus cálculos privados semanas atrás, atajarse con una presentación en el despacho de la jueza Servini de Cubría ante la versión de que Elisa Carrió lo implicaría fuertemente en la trama, con millones de pesos que se sospecha circularon en cheques por cuevas y cooperativas. Greppi admite haber tenido entre $15 y 20 millones de pesos de la AFA, «un mínimo porcentaje si pensás en los $6 mil millones de pesos que investiga Servini», dice. Sobre el tema, el financista entra en un pequeño monólogo, en donde revela un punto en donde tenía al menos vínculos de confianza: el Banco Nación.

Greppi explica: «No tomaba cheques ni de universidades ni de la AFA. De la AFA no tuve cheques grandes. No los compré porque el Banco Nación me sugiere si podía llevar cheques de la AFA porque no tenían responsabilidad de endoso. En el banco yo no tengo carpeta de crédito, por eso ni preocupé por conseguir cheques de AFA, no tengo cuenta con crédito para fondearlo. Alguien que conozco en la Asociación me dijo: ‘Olvidate, el negocio está cerrado’. Los cheques, se dice, tenían una linda tasa, 60%, yo creo que era sensiblemente menor. Pero si tenés la chance de llevar al Banco Nación cheques sin endoso, con una tasa de crédito del Bicentenario del 9,9 es un negocio redondo. Y un día, un directivo del Banco Nación dijo, cerca del 2014: ‘No tomamos cheques de AFA'».

Al final, Greppi esperó en vano en el café de Sarmiento y Cerrito. Su abogado volvería sin ninguna novedad: el juez López Biscayart ordenó un estricto de sumario, incluso para las partes. Hay medidas en curso que el magistrado busca proteger.

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