«Jesús dijo a Pedro: Sígueme»

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Por Facundo Gallego, especial para LA BANDA DIARIO

Sábado VII de Pascua

  1. Oración inicial

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Señor, te agradezco por este momento de oración que me regalas. A tus pies dejo toda mi vida, mis deseos de cambiar, de ser mejor persona y mejor cristiano. Te agradezco porque me has llamado a ser la Iglesia, a vivir como resucitado, a ser libre para amarte a ti y a los hermanos. Que tu Espíritu Santo se derrame sobre mí y me alcance la gracia de escuchar y vivir tu Santa Palabra. Amén. 

  1. Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan (21, 19-25)

Jesús indicó con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme». Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: «Señor, ¿y qué será de este?».

Jesús le respondió: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme». Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «El no morirá», sino: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?».

Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

Palabra del Señor 

  1. Meditación

En este pasaje del Evangelio, Jesús invita a Pedro a vivir una vida tras las huellas que Él ha dejado, y lo hace con una palabra muy particular: “Sígueme”. Esta palabra no es una simple invitación a estar con Jesús, caminando a su lado, escuchando su predicación y compartiendo el día a día como si fuera un maestro más, simplemente una persona digna de admirar. De hecho, el “sígueme” que Jesús le propone a Pedro tiene una connotación mucho más existencial: “cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.” (Jn 21,18) Es decir, la invitación es a seguirlo hasta la muerte, hasta correr la misma suerte que Jesús.

Pedro, no fundándose en su propia fuerza y voluntad, sino en el triunfo que le aseguraba el Señor resucitado, será capaz de entregar verdaderamente su vida confesando el nombre y el amor de su Maestro. Por eso, escribió en su carta:

“Si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios. A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas. El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados”. (1 P 2,20-25)

San Agustín nos explica que todos estamos llamados a asumir este “sígueme” de Jesús. Él nos lo propone a todos y a cada uno de nosotros, para que luego de una vida cargada de fe confiada, de esperanza firme  y caridad solícita, gozando de la bondad y venciendo el pecado y la maldad, entremos en la Vida Eterna, donde al fin llegaremos a la orilla del mar para participar de la comida que ofrece el Señor para todos los que ama.

  1. Comunión espiritual

Señor, creo que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas, y deseo ardientemente poder recibirte. Pero como no puedo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno en todo a ti. No permitas que jamás me aparte de ti. Amén.

  1. Oración final

Gracias, Jesús, porque tu promesa es verdad, porque tu Palabra nos consagra y nos hace fuertes en medio de las dificultades. Derrama tu bendición sobre toda tu Iglesia, para que soporte con paciencia los males de este tiempo, para que  sea un signo de tu presencia en medio de las realidades más dolorosas, para que lleve esperanza, paz y caridad a quienes más sufren las dificultades del mundo. Que tu luz ilumine a los científicos para que avancen en la lucha contra el coronavirus, dale prudencia a los gobernantes, protección a los que ejercen trabajos esenciales, paciencia a los que están en confinamiento, salud a los enfermos y el eterno descanso a los difuntos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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