La politización del caso Maldonado amenaza a la primavera macrista

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Devenido en una suerte de clown mediático, el lonko Facundo Jones Huala sostenía una delirante conversación con un atribulado Jorge Lanata en la pantalla del multimedios. La pieza televisiva aportaba pochoclo a la noche del domingo. A mitad de camino entre un cacique mapuche y un guerrillero extraviado en el lejano sur, el lonko negociaba con su interlocutor las condiciones de su exposición en el prime time de la televisión.

Apenas un par de horas después un grupo de encapuchados incendiaba 29 camiones de una forestales el departamento de Araucanía, en el sur de Chile. No quedó nada. La Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) se atribuyó el atentado.

La Justicia chilena requiere que Jones Huala, considerado líder de la RAM, sea extraditado bajo cargos que incluyen la muerte de un par de puesteros ancianos atacados. De este lado de la cordillera se investigan no menos de setenta atentados del mismo grupo. La guerrilla indígena reivindica el uso de la violencia para reclamar la restitución de las tierras que consideran propias de la etnia desde tiempos inmemoriales.

Santiago Maldonado desapareció el 1º de agosto mientras se supone que participaba de un corte de la ruta 40 que, por orden judicial, despejó la Gendarmería. Su familia aportó un video que lo muestra encapuchado sobre la ruta en el día previo a la refriega. El aporte apunta a aventar la hipótesis de que el ahora desaparecido haya resultado herido con arma blanca por un puestero durante un ataque de la RAM.

Los mapuches sostienen que vieron cuando la Gendarmería se llevaba a Santiago. Suponen un caso de «gatillo fácil». Hebe de Bonafini, extrema, dice que Mauricio Macri lo mandó a matar para generar miedo y desalentar el activismo. Sin llegar a tal disparatada suposición, la familia y las organizaciones de derechos humanos inscriben el caso en una desaparición forzosa. Una figura que inexorablemente remiten a un plan, un método propio del terrorismo de Estado. De ya probada eficacia durante una dictadura pero inimaginable en democracia.

La CTERA oficializó la hipótesis de que la Gendarmería se cargó a Santiago Maldonado en un instructivo para los docentes que generó un merecido revuelo. El caso Maldonado es un enigma irresuelto para los jueces pero los docentes y otros gremios ya lo tienen resuelto.

La denominada «semana de la agitación» corre entre pizarrones, bombazos y festejos. En la previa del jueves se quemaron dos autos en el playón del Ministerio de Seguridad en La Plata. Al paso de una marcha por la reaparición con vida del militante explota una molotov en el anexo del Senado provincial.

Para cuando CFK recibió con alivio el escrutinio definitivo, el asunto Maldonado ya era un candente tema de campaña. El 0,21% que despegó a CFK, menos de un cuarto de punto, permitió un festejo a dos puntas. Para Cambiemos, el triunfo de la flamante Unidad Ciudadana (UC) se redujo a un empate técnico, la diferencia en la lista de senadores de una nimiedad insustancial y Graciela Ocaña, primera en la lista de diputados, la más votada.

La líder de UC reapareció en un acto de campaña. Más parecida a sí misma que nunca, Cristina dijo que la noche del 13 quisieron hacer pasar «gato por liebre». No fue la única ironía de la noche.

En tren de criticar a los medios, que sostiene que están articulados para dañarla, dijo que «las señoras» miran la tele por la receta del puchero y les «hablan de política». Otra vez doña Rosa vapuleada. Las cuestiones de género, ¡bien, gracias!
Rodeada de dirigentes territoriales del Partido Justicialista y sin «gente común» en escena, Cristina llamó a poner un freno al ajuste, pero se concentró en la bandera del momento. Apenas a horas de que Hebe de Bonafini dijera que a Santiago Maldonado lo mandó a mandar Macri, Cristina dijo: «Estamos frente a un Gobierno con una inmensa, inaudita e inédita concentración del poder» y agregó que eso «es malo porque se genera un mareo de poder y de concentración que tal vez sea la causa de la desaparición forzada de Santiago Maldonado».

La directa vinculación con el Ejecutivo no se hizo esperar: «Sobre ese tema sería muy fácil para mí, redituable políticamente, echarle la culpa a la Gendarmería. Pero la que está hoy es la misma que estaba hasta el 2015. ¿Qué es lo que cambió? El Gobierno y el que le da las órdenes».

Las hipótesis sobre lo ocurrido con Maldonado son varias pero en la verdad ya sucumbió en la grieta.

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