Macri, entre la pesadilla económica y la necesidad de generar certidumbre

Análisis

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En la asunción de Dante Sica pasó totalmente desapercibida la presencia de Jorge Remes Lenicov, el ministro al que le tocó devaluar para salir de la crisis del 2001 y el default que por entonces era el más grande de la historia. Un amigo de ambos escuchó el saludo al nuevo ministro de la Producción. Le dijo algo así como «con dólar alto y tasas bajas, no dudo que vas a hacer un gran trabajo». En pocas palabras, el ex funcionario le definió los límites de cualquier política de promoción empresaria, la macroeconomía, que obviamente Sica no maneja. Si el dólar se va muy por encima y las tasas siguen altas, si la incertidumbre sigue dominando el escenario, nada se hace posible.

Hay versiones apocalípticas de lo que está pasando. Sin embargo, hay expertos como Juan Carlos de Pablo que aseguran que «desde el punto de vista de la política económica, estamos mejor que hace 60 días». En declaraciones a Crónica HD dijo que «los períodos de este tipo son así, hasta que la situación se estabiliza. No es el único caso, pero la crisis de 1990 es un ejemplo contundente, costó varios meses, pero después se estabilizó».

«Hace 60 días vos hablabas con un ministro y le planteabas que no había consistencias y te decían ‘sí, Juancarlitos, pero tal y tal cosa’, hasta que pasó lo que pasó, el Presidente se asustó, lo que me parece importantísimo, y empezó a tomar decisiones. El hombre la está peleando, vetó la ley que impedía aumentar las tarifas y cambió funcionarios». Al respecto, De Pablo dijo que «Caputo está mostrando más oficio que Sturzenegger, vamos a ver qué dice la historia. Y Sica parece que camina mejor que Cabrera. Todo lo demás está por verse».

Apasionado por las metáforas, De Pablo apeló a la experiencia de un paciente que va a una guardia desagrándose. «Ahí, el jefe de la guardia te pone un torniquete, te inyecta de todo, si es necesario te pega una piña, porque tiene una prioridad, que es estabilizarte. Cuando lo logró vos te querés ir, agradeciéndole al médico, pero el tipo te dice no, no, no. Tenés que ir a ver al especialista para que te cure la enfermedad que te llevó a desangrarte. El peligro que se corre siempre en la Argentina es que apenas se logra la estabilización, nadie ataque las causas de la enfermedad». Para De Pablo, «seguimos sin tener una conducción de la economía. Eso todavía no está, los pedacitos no están todavía juntados, pero están un poco más unidos que hace unas semanas».

Otro economista experto en crisis que habló con Infobae dijo que «con shock, una crisis tarda 5 o 6 meses, con gradualismo tarde 5 o 6 años». «El Gobierno eligió el gradualismo porque no había conciencia de la crisis, la gente no tenía idea de que todas las variables estaban explotadas y nadie quiso explicarlo», dijo. Agregó que «en estos tiempos es cuando hay que ser intensivo en política, pero hasta eso creyó el Gobierno que ya no necesitaba».

De todos modos, y más allá de los buenos deseos de los expertos, la sensación de que «esto así no va más» se impone en las conversaciones. Parece claro que lo que se hizo no alcanza y el Gobierno sigue corriendo detrás de los acontecimientos. Durante dos años dijeron que habían evitado una crisis, un día la crisis se asomó, acudieron al FMI con buenos resultados, pero no se muestra una política activa para remediar los males. Todo indicaría que la situación podría desmadrarse en cualquier momento y en ningún lado los actores económicos ven una verdadera convicción de tomar las medidas drásticas que el mercado está requiriendo.

El Presidente no es ajeno a ese malestar que continúa incubándose. Sus viejos amigos están dedicados a acercarle ideas que él siempre escucha. Sopesa opiniones, evalúa propuestas, analiza lo que le dice uno y el otro, y después va tomando las decisiones. El modelo de gestión tuvo cambios, pero no fueron sustanciales. Sus funcionarios se muestran menos soberbios con el mundo que los rodea, pero están perdidos. Tenían un relato y ya no tienen ninguno. Esperan que las cosas se ordenen, de algún modo. Mientras tanto, oficinas enteras están como paralizadas, a la espera de que pase algo que nadie sabe qué puede ser.

Una sola convicción rondaba anoche en el Gobierno: se vienen más cambios o, por los menos, nuevas incorporaciones. Si Mauricio Macri había llegado a la conclusión de que ya no eran necesarios más movimientos, en los últimos días se dio cuenta que no alcanzaron para generar la certidumbre que se hace imprescindible para implementar el ajuste al Estado con éxito.

Una fuente, en particular, aseguró a Infobae que el Presidente tuvo el viernes a la noche una pesadilla que lo llevó a tomar determinaciones drásticas, para dar muestras de que su Gobierno encaró una nueva etapa, más realista y pragmática. «No es fácil hacer cambios, pero a veces no queda más remedio», comentó, sin querer brindar más detalles.

La dificultad para mostrar un camino, cierta sensación de vacío que existe en una población que no puede planificar su futuro inmediato, la repetición de la misma escena de angustia provocada por la incertidumbre, es el territorio donde el Gobierno tiene encontrar la salida al laberinto en el que entró, para evitar la crisis. Esa crisis, sin embargo, no deja de recordarnos que está ahí para desatarse con toda su furia en cualquier momento. Es una película que ya vimos y es lo que «descuentan» los mercados. Se trata de una pesadilla llamada Argentina, de la cual parece que no podemos despertarnos.

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