Martínez Ossola: «Seamos humildes servidores que anunciamos el amor de Dios»

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En la jornada del Jueves Santo, cientos de bandeños concurrieron a las distintas iglesias para participar de la santa misa. En la parroquia Cristo Rey, la celebración Eucarística estuvo presidida por el obispo auxiliar Enrique Martínez Ossola, en la oportunidad el prelado destacó, «esta noche -por la del jueves- es una noche de amor, entrega y traición».

Como sucede siempre en Semana Santa, la comunidad católica concurren a los templos para participar de manera activa de todas las actividades, pero principalmente busca acompañar a Jesús en su última etapa en la Tierra.

En ese contexto, el Evangelio recordó la Última Cena que el Hijo de Dios compartió con sus discípulos y recuerda la instauración de la Eucaristía como así también deja un signo muy significativo como es el lavado de los pies.

«Jesús se sienta en la mesa con nosotros, para recordar el éxodo de Israel de la esclavitud de Egipto. El pueblo se fue al desierto y durante 40 años peregrinaron hasta llegar a la tierra prometida», comenzó diciendo monseñor Martínez Ossola.

Más adelante añadió, «durante la cena Jesús hace algo inesperado por sus discípulos: Les lava los pies. A través de eso nos dice ´han visto lo que he hecho. Háganse ustedes servidores unos de otros».

En este sentido expresó, «los trabajos difíciles son los más indispensables, pero pocos reconocidos. Las tareas más humildes y sencillos son los más necesarias».

Por otra parte el obispo auxiliar consignó, «en los momentos de prueba y dificultad, necesitamos aferrarnos a Dios. Él nunca nos da dolor, ni castigo. La vida nos va poniendo en situaciones difíciles»

«La fe está en aferrarnos a los momentos de amor y no negarnos al perdón. Seamos humildes servidores que anunciamos el amor de Dios», culminó Enrique Martínez Ossola.

Tras la homilía, el padre obispo realizó el signo de lavar los pies, como una forma de ponerse al servicio de la comunidad.

Al finalizar la celebración Eucarística, se realizó una procesión con el Santísimo, el cual fue colocado en un altar y se desarrolló, hasta la medianoche, la correspondiente adoración al cuerpo y sangre de Jesús.

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