Padre Ariel Muratore: «Nadie puede ser sacedorte si no es sensible a las necesidades de las personas»

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Uno de los momentos de la ceremonia de ordenación sacerdotal del ahora padre Ariel.

Este miércoles el padre Leonardo Ariel Muratore (Misionero de La Salette) celebrará su segundo año de ordenación sacerdotal. Para ello organizó una celebración Eucarística que será presidida por el obispo Vicente Bokalic. El actual administrador parroquial de la Iglesia La Salette con asiento en La Banda aseguró, «nadie puede ser sacerdote si no es sensible a las necesidades de las personas».

En diálogo con LA BANDA DIARIO el presbítero comentó que en su segundo aniversario, «me siento como un bebé con canas. Bebé, porque son apenas dos años; y por qué con canas porque ingresé a la Congregación de los Misioneros de La Salette a los 31 años; y fui ordenado en el año 2018, con 43 años».

A la vez recordó, «a los 28 años me fui a hablar con un sacerdote y fui el primero en decirle no seré un poco viejo para iniciar este camino que sabía era largo. Este sacerdote me abrió las puertas con un pasaje de Isaías que dice ´Los caminos del Señor no son los caminos de los hombres, los tiempos del Señor no son los tiempos de los hombres´. Entonces comprendí porque Dios me llamaba a los 28 años».

«Siempre sentí ese cosquilleo por la vida sacerdotal. Cuando era joven tocaba el organo electrónico en los casamientos allá en la Capilla de Cristo Resucitado en Córdoba, habré tenido unos 18 años y con mucho gusto iba a tocar a los casamientos y me fui enganchando con la catequesis, equipo de liturgia», precisó Muratore.

Sus padres al colocarle la Casulla

El párroco precisó que antes de ingresar al seminario estudió abogacía, «hice hasta casi cuarto año de la carrera, pero les digo una cosa no me iba tan bien en el estudio. Me costaba mucho, no me animaba a presentarme a rendir; si no estaba seguro no quería dar la materia; y dije esto no es para mí, no me sentía motivado. Valoro lo que aprendí porque me sirvió para Filosofía, porque el Derecho tiene esa materia; sentía que no era lo mío, no era mi lugar».

Es así que tomó la decisión de seguir el camino de Jesús; y su familia fue importante, «la familia había conversado de mi vocación. Ellos me preguntaban si estaba seguro; al principio como todo padre quería que termine la carrera. Para mi familia fue un golpe, pero cuando me vieron metido y comprometido me apoyaron, mentiría si digo que no lo hicieron. Ellos siempre me apoyaron en el caminar del seminario; y algo muy concreto si esto te hace feliz nosotros te acompañamos».

Su hermana Carina, su cuñado Lucas y sobrinos Rocío y Lautaro, colocaron la manta para la postración

«Desde siempre mis padres, mi hermana, mi cuñado, mi sobrinos, siempre me apoyaron. Mi mamá era muy apegada a la iglesia, mi papá también es una persona de fe quizás no tanto como mi mamá, ella lo insertó más a mi papi. Ellos son muiy creyentes y de fe y me acompañaron con sus oraciones», añadió.

De igual manera contó con el apoyo irrestricto de sus amigos del grupo juvenil de la Capilla Cristo Resucitado ubicada en el barrio de José Ignacio Díaz (Córdoba).

Una prueba

El padre Muratore contó que en su camino de preparación tuvo una prueba (él la llamó crisis). «en el 2011 tuve una crisis, yo ya hbía profesado mis primeros votos. No fue una crisis sentimental sino existencial relacionado a la imagen. Me iba al gimnasio hacia pesas, hasta que me pregunté por qué estoy haciendo esto. Es como que no estaba en sintonía con mi vida religiosa, con mi opción de vida. Es bueno hacer ejercicios, pero otra cosa es cuando lo hacemos por la imagen», especificó.

«Entonces profesionales, psicólogos me volvieron a encaminar; me generó un cambio y mi preocupación no fue mi imagen, sino el corazón y la vida en la fe. Gracias a Dios a la oración de muchos, pude vencer esa tentación y volver al camino que había comenzado», indicó el sacerdote.

Por qué eligió a los Misioneros de La Salette

Refiriéndose a por qué eligió pertenecer a la Congregación de Nuestra Señora de La Salette señaló, «los conocí desde que era niño; en mi capilla un misionero de La Salette sabía ir y daba misa en los garage de las familias. Iba los domingos a las 17 horas. De los misioneros me gustó que llevaban una vida normal, usaban bermudas, musculosas, cortaban el pasto, vivían en una casa sencilla. Cuando vi su simpleza dije esto me gusta».

Sobre qué actividad física le gusta hacer el padre Ariel contó, «soy pésimo para los deportes, recuerdo que en el secundario era bueno en el estudio, fui primer escolta. En educación física siempre quedaba al último, era decir faltaba uno y mis compañeros me decían vení con nosotros, Más que nada lo hacía por la nota. Suelo andar en bicicleta, caminar me gusta; pero últimamente no estoy caminando».

Sin embargo destacó, «soy de buen comer, me gusta más los salados. No me den milanesas de mondongo (risas). Pero ahora como más verduras porque me ayuda a la salud, necesitamos ser consciente de cuidar la salud corporal, mental y esperitual. Soy de cocinar milanesas de carne, d pollo o berenjena con arroz o puré mas o menos me defiendo».

A dónde desarrolló su labor pastoral

El padre Ariel contó que trabajó en Las Termas de Río Hondo más precisamente en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, «llegué como Hermano de votos perpetuos; en abril de 2018 fui ordenado Diácono en Las Termas, mis siete meses de diaconado los hice en Las Termas. Luego fui ordenado sacerdote en Córdoba, por el Arzobispo Carlos José Ñañez, y automáticamente regresé a Las Termas».

«Allí hice mis primeros pasos hasta julio del 2020, cuando mi superior de la congregación padre Fernando Altamiranda me comunicó que fui tasladado a La Banda. Llegué el 22 de julio, el 2 de agosto fui nombrado administrador parroquial; el 22 de noviembre cumplí cuatro meses», rememoró.

Consultado cómo se siente en La Banda comentó, «me siento my a gusto, me siento contenido. Provengo de un barrio de la periferia, calles de tierra; está muy asociado a lo que yo viví de niño, de adolescente; desde el punto de vista del contexto es parecido a lo que he vivido en mi casa (en Córdoba). Me siento como en mi casa; me gusta la cercanía con la gente; disfruto mucho el estar con la gente».

Sobre esta cuestión acotó, «no sería sacerdote sino no tuviera esa sensitiblidad por la gente, nadie puede ser sacerdote si no es sensible a las necesidades de las personas; a veces no son necesidades económicas; son necesidades de ser escuchados, espirituales, necesidades de sentir que alguien está a tu lado».

Su opinión sobre el aborto

En relación al aborto el padre Ariel expresó, «desde siempre la defensa de la vida, la vida desde la concepción, desde el momento en que el óvulo se une con el esperma hay vida. No tengo dudas de esa vida. Creo que el derecho por sobre todo derecho es la vida; y la vida no es del hombre sino un Don de Dios. Dios nos crea, Dios nos hace. La Buena Noticia es la vida. Siempre defendí la vida antes de ser sacedorte. La palabra aborto en mi familia no existía».

«Pensemos en nuestros abuelos. Gente que tuvieron muchos hijos siendo pobres, han podido criar a sus hijos. No podemos poner las condiciones económicas como una justicicación, la pobreza no puede ser justicicación. El debate está, genera mucha sensibilidad, pero como hombre la defensa a la vida», expresó el presbítero.

Finalmente el sacerdote dejó un mensaje a los jóvenes de La Banda, «así como hay multiplicidad de vocaciones siempre es vocación cualquier acrtividad, siempre y cuando sea puesto al servicio de la comunidad. Aquellos chicos, chicas, jóvenes no tan jóvenes que sienten ese cosquillo en el corazón, busquen, pidan ayuda. Dejensen abrazar por la red del amor de Dios, que nos podamos sentir peces que se dejan atrapar por el amor de Dios y sigamos a Jesús que es el Camino, la Verdad y la Vida».

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