Pamela David: "A veces tenía que decidir si tomaba un colectivo o comía una hamburguesa"

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¿Cómo fue tu camino desde tu provincia natal hasta llegar acá?
– A mí, si te tengo que ser sincera, costarme, lo que se dice… me daba mucho gusto cada desafío. Me vengo porque salgo Reina del Turismo, primero en Santiago del Estero, y conozco Buenos Aires en la Reina Nacional del Turismo. Salgo Reina y ahí me invitaban siempre a venir a las ferias, exposiciones, a presentar las Termas de Río Hondo y venía a Buenos Aires. Y la verdad que en Santiago del Estero trabajaba y estudiaba y se me hacía tan difícil ganar, hacer una diferencia, porque pagaba la universidad que era privada. Llego a Buenos Aires y me encantaba. Me encantaban las luces, la gente. He pasado necesidades que me las he guardado porque no quería que en mi familia se enteren si tenía que decidir si me tomaba un colectivo o me comía una hamburguesa mientras trabajaba al principio, hasta cobrar.

¿Pero no tenías literalmente para comer, algún día?
– Sí, sí.

¿Cuándo te empezaste a dar cuenta que les gustabas a los pibes, a los hombres, que podías presentarte en los concursos de belleza, que podías hacer una carrera de esto?
– Igual me presentaba en todos los concursos de belleza, porque en Santiago del Estero, no es por nada, pero ganaba un montón de concursos de belleza.

¿Tus viejos te llevaban?
-No, yo, yo. Había premios. Ponele, mi viaje de estudios de 5º año, a Bariloche, me lo gané en un concurso de, no sé, Reina de la Primavera, y tal vez no hubiera tenido para pagar el viaje de egresados, pero me presentaba porque tenía posibilidades. Y el de Turismo, que es el que me abre las puertas a Buenos Aires era buenísimo porque era un viaje a Berlín, así que conocí Berlín a los 19 años. Para mí era un montón.

Así que había certámenes…
-En la Secretaría de Turismo tenías que presentarte, ta-ta-ta… ¿premios? Y, no sé, productos de Lancôme y no sé cuántas cosas, y viajes. Me gustaron los premios y me presento, sin pensar que mis posibilidades estaban en Buenos Aires.

¿Nunca se confundieron las cosas en el concurso de belleza, en el certamen?
-Tuve una vez una situación espantosa, yo estaba viviendo en Buenos Aires y había hecho de extra en una de las tiras de Claudia Albertario, ¿te acordás de ‘uy, cómo estoy’, de Personal? Yo hacía de amiga de ella. Y la gente de Personal me conoce y me contrata para hacer el personaje de Claudia, o en realidad otro personaje, como una heroína, en Paraguay. De pronto acá laburaba de promotora, parada 12 horas, y llegaba a Paraguay y firmaba autógrafos y toda la vida me había cambiado. Tenía una entrada económica ya… no sé, me daba tranquilidad. Y un representante de actores muy famoso -no lo voy a nombrar- lo contacto por Claudia, le dijo que quiero que me maneje la carrera y me quiso como levantar. Y yo me sentía… la verdad, era chica, no me acuerdo, podría tener 21 años, y fue tan desagradable. Porque hablamos de trabajo, ‘bueno, yo ya tengo esto, soy una figura en Paraguay, manejame’, y me agarra la mano y ‘bueno, ya no hablemos de trabajo’ y fue espantoso. Me acuerdo que lo recarajeé, me levanté y me fui enojada, pero a la vez me temblaba el pulso porque no sabía cómo lo iba a manejar. No sé, me sentía segura de poderlo mandar al carajo y que no lo necesitaba. No sé qué le pasaría a una chica del interior que viene con todos los sueños y alguien le promete… porque este tenía toda la intención de prometer. Sí, puede pasar. A mí, esa fue la única experiencia espantosa que me ha tocado vivir.

Contaste el episodio de un boliche, que un día vos estabas trabajando y entraste tarde a un boliche haciendo notas para tu programa y alguien te gritó algo.
– Sí, eso fue espantoso. Si te lo vuelvo a contar voy a volver a moquear porque Feli (Felipe, su hijo) era muy chiquitito y yo lo tenía que dejar y la verdad que duele… era mi todo, chiquitito, se quedaba y yo me acuerdo que era invierno y tenía unas ganas que quedarme con él. Voy a hacer una nota, y por supuesto, antes de bajar, tacos, el tapado, el maquillaje, toda la historia, pero con muchas ganas de volverme a mi casa, hacer la nota y volver. Había cola y una chica me grita: «eh, pu… andá a cuidar a tu hijo». Te juro, Santi, fue espantoso, porque si supiera… no sé, me quebré. Tenía ganas de voy, la encaro, la acogoto o entro a mi laburo y me vuelvo rápido a mi casa, pero eso sí me marcó, la gente no tiene idea.

¿Con Felipe en ese momento te sentías sola? Porque cuando una mujer acaba de parir, cuando su hijito es chiquito es fundamental, lo habrás sentido vos, la contención del hombre, ¿no?
– Sí, pero nunca estuve acompañada yo. Siempre hice todo sola. La familia con mi ex pareja, más allá de que pasé por el matrimonio, nunca la formé, era una cosa a distancia y teníamos un hijo en común.

¿Y ahora?
– Y ahora tengo una familia divina que la armamos, que costó. No es que de un día para el otro ensamblamos la familia. Pero hoy Felipe tiene una relación con la nena que a mí se me cae la baba cuando veo que le enseña, no sé, caligrafía, inglés, y me muero del amor cuando una de las hijas de Daniel lo quiere llevar a la cancha. La aceptación que tienen los hijos de Daniel con mi hijo, que tiene Daniel con mi hijo, es como que ensamblamos.

Pame, a vos se te ve una mujer apasionada, visceral, con carácter, ¿en tu casa cuando te enojás, sos de levantar la voz, de gritar, de tirar algo?
– Tirar algo, trato de que no, pero sí una vez reventé un teléfono contra el piso, son esas cosas de la ira contenida que trato de manejar. Tengo que contar hasta 20, no más, pero mínimo 20.

Un día seguiste a tu pareja, hiciste un trabajo de logística y lo encontraste en un hotel. Estaban peleados…
– Pará, que contado así suena espantoso. Yo lo sigo todos los días, le acabo de decir «recién te buscaba, ¿hasta qué hora vas a estar en el canal?».

¿Cómo lo buscás?
– Porque tengo la clave del iTunes y la clave de su iPhone, entonces me fijo dónde está. Me acuerdo que Lola era chiquita, estábamos con la casa en construcción entonces no había muchos lugares donde ir. O dormía conmigo o no tenía dónde dormir. Y no estaba, y digo «a mí no me va a dejar con Lola y Felipe sola, que se quede él con los chicos, me voy yo». ¿Y a dónde se va? Abro y hay un hotel donde siempre viene la mamá de las chicas cuando viene a Buenos Aires, Puqui, la primera mujer de Daniel, y que conozco y que queda ahí cerquita de casa. Entonces agarré, bajé, estacioné, le dije «ay, hola, mirá, no tengo señal, está Daniel Vila acá, ¿puedo pasar?» Y subí.

Fuiste al hotel a buscarlo…
-Sí, igual, cero. No es que «ay, ¿con quién va a estar?». O sea, no la tenía y no la tengo hasta el día de hoy…

¿Sos muy celosa, sos de imaginarte, o de tener fantasmas? Hay mujeres que se empiezan a dar manija con eso.
– Yo soy re celosa. Pero no soy desconfiada.

¿Y perdonarías una infidelidad?
-No, creo que no. Espero que no, espero que no me tenga que pasar. Me muero, basta, Santi, me estás haciendo pasar mal.

¿Y él te perdonaría?
-Supongo que no, pero no va a pasar.

¿Estás tan enamorada? ¿Creés que es el último hombre de tu vida?
-Sí, no sé si es el último, pero hasta el último día de su vida voy a ser su mujer.

Estás muy enamorada…
– Sí, claro. Y gracias a Dios, con esto de la infidelidad nunca tuvimos una manchita que vos digas «bueno, tenemos eso que…» No, no existe, es puro desde el primer día.

¿Sos de demostrar cariño, afecto, hacer regalos sorpresas?
– Sí, tengo todos los espejos de mi casa escritos. Sí, le escribo, le pongo carteles… él también, ¿eh? Ojo…

¿Pero cómo cambió la mirada del afuera con tus propios pares, tus compañeros, cuando pasaste a ser una mujer casada o juntada, sos la pareja, la mujer, de un tipo con tanto poder?
– Por un lado me favoreció y por el otro me perjudicó un montón. Creo que el mérito desapareció. Es como que «ahora porque es ‘la mujer de’ tiene…» y es como que se olvidaron por completo de por ahí un montón de laburo, pero también es cierto que creo que con la perseverancia, con el tiempo, a la larga, no sé, siento que se me va aceptando. No digo que hoy esté a punto caramelo y que todos me valoren, pero sí, siento que al principio fue más crudo, más cruel.

Siempre hablás mucho de tu papá y poco de tu mamá.
– Mi mamá vive en Buenos Aires, por eso a lo mejor hablo con mi papá que es más el cholulo.

Están separados…
– Sí, están separados pero a mi mamá la veo todos los días. Mi mamá es la abuela pata que mis hijos se quedan y la veo todos los días. Es a lo mejor por eso que no la nombro tanto. Mi viejo es el que está en Santiago y al que extraño tanto, al que mando mensajes hasta por la tele.

¿Sufriste la separación de tus viejos?
– Cero. Es un tema que toco en terapia, porque se llevaban tan mal que cuando se separaron, tenía 15 años, y para mí fue un alivio. Digo que lo toco en terapia porque creo que a partir de ahí con mis parejas, hasta ahora que formé una familia, para mí la separación era lo mejor que me podía pasar. Lo vivía así. ¿Para qué renegar con alguien? Nunca me la jugué, esas crisis que uno dice que las tiene que atravesar, nunca las quería pelear. Era ‘¿para qué? Me voy a separar, si siempre va a haber algo mejor, más vale estar separado’. No la sufrí para nada. Y hoy ellos se llevan súper bien, era necesaria la separación.

¿Y a la Presidente cómo la ves?
– Qué sé yo, yo nunca la voté. Y también creo que hizo cosas buenas, pero muchas otras malas. Y me parece que ojalá cumpla su mandato lo mejor posible, pero creo que se puede hacer por este país.

¿Te gustaría tener una carrera política?
– No.

¿Te lo han ofrecido?
– No.

Infobae

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