Por qué Macri pide la palabra

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Mauricio Macri (Fabián Ramella)

El presidente Mauricio Macri hablará a los argentinos a través de una conferencia de prensa en la que responderá un mínimo de diez preguntas y un máximo de veinte. Ese es el formato que eligió el Gobierno para salir a dar su interpretación sobre el peor momento económico que se vive desde que se hizo cargo, en diciembre de 2015.

Un poco tarde –más vale tarde que nunca- la administración tomó al fin la decisión de participar de «la conversación pública» y llenar el vacío de comunicación mínimo que toda sociedad democrática necesita para tener una idea de la marcha del país.

Hace tiempo que los estrategas de Cambiemos saben que una de las peores decisiones políticas de Cristina Fernández fue la de apostar siempre a la «hipercomunicación». Que las interminables cadenas nacionales resultaron, con el diario del lunes, más «piantavotos» que efectivas. Que solo terminaron sirviendo para fidelizar todavía más, por no decir, fanatizar, a los ya convencidos.

El problema que viene arrastrando este gobierno en general, y Macri en particular, es el inverso. No comunica. No explica. Parece dar todo por sentado. Y reacciona mal o se enoja cuando los medios en general, y muchos periodistas en particular, contamos los hechos u opinamos de una manera diferente, e incluso opuesta, a su mirada general.

La deliberada decisión de no bajar una línea discursiva, de no contar con un relato, parece muy moderna y democrática. Sin embargo, conlleva efectos negativos. Solo un par de ejemplos de última hora: el ruido que generó la idea de dar propinas más generosas de Elisa Carrió y la opinión de Gerardo Morales de desconocer el compromiso de seguir bajando las retenciones a la soja. Porque, más allá de la anécdota, los receptores se terminan preguntando, y con razón, cuál es la verdadera política económica del Gobierno.

Una vez más: nadie está pidiendo que Mauricio Macri se transforme en Cristina Fernández y mande a suprimir, como si fuera un virtual decreto de necesidad y urgencia, las palabras crisis, inflación e inseguridad, algo que hacía de manera ostensible el gobierno anterior.

Sí parece lógico y racional que salga a explicar, por ejemplo, lo que le va a proponer a la oposición para lograr consenso o apoyo en la aprobación del presupuesto 2019.

Hasta ahora, a las carencias en los contenidos de la comunicación se le sumó un error que, además, se repitió una y otra vez. El denominado «anuncismo» y sus recordados hits, como «lo peor ya pasó» y esperando «el segundo semestre».

Se supone que Macri ya habrá aprendido la lección. Que habrá asimilado que es muy diferente pronosticar un triunfo de Boca o el seleccionado que generar expectativas que luego no se cumplen. Que ese tipo de vaticinios se paga con pérdida de confianza, de credibilidad y también de votos.

Jaime Durán Barba suele plantear el ejemplo contrario. Sostiene que hoy ningún presidente que pida solo sangre, sudor y lágrimas puede ganar la próxima elección. Ni en la Argentina ni en ninguna parte del mundo.

Sin embargo, el Presidente hablará hoy, no solo a los periodistas de lo que él denomina el círculo rojo. También intentará, a través de sus respuestas, explicar a sus aliados de Cambiemos, a los incondicionales del Gobierno y en especial a los descontentos, por qué está haciendo lo que hace y adónde quiere llevar a la Argentina, y con qué propósito.

Será un gran desafío. Porque una de las condiciones indispensables para que una estrategia de comunicación sea efectiva es que el receptor tenga disposición y ganas de escuchar.

Se supone que con el precio del dólar más o menos controlado la posibilidad de ser oído será más alta que la que había en el medio de la turbulencia cambiaria.

Hace un par de semanas escribimos que para gobernar bien hay que comunicar mejor.

Periodistas afines al kirchnerismo, como siempre, lo interpretaron como una opinión que dejaba a salvo al Presidente. Obnubilados por el prejuicio y la envidia, a estos gendarmes de prensa no les gusta que terminemos haciendo una crítica más fuerte y más profunda que la que se atreven a hacer ellos mismos.

Y sin embargo es así: el mayor responsable del vacío de la comunicación del Gobierno no es otro que el jefe de Estado, Mauricio Macri. Hoy tendrá la oportunidad de empezar a corregir su error.

Fuente: Infobae

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