«Que todo el mundo conozca tu amor, Señor»

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Ilustración: Fano

Por Facundo Gallego. Especial para LA BANDA DIARIO 

Jesús dijo a sus discípulos: No teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Palabra del Señor

Comentario

Hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo para todos! ¡Y feliz día del padre! Que el Señor regale a todos los padres el amor y la fortaleza necesarios para ser siempre incondicionales para todos sus hijos.

Hoy, celebramos el domingo duodécimo del tiempo ordinario, y el Evangelio que la Iglesia nos propone hoy para la meditación forma parte del gran discurso apostólico.

“Vademecum” del misionero

Todo el capítulo décimo del Evangelio según san Mateo es una guía completísima del misionero. Al componer su escrito, Mateo no solamente rescató la Misión de los Doce, a los que Jesús enviaba a predicar la inminencia del Reino de los Cielos, “como ovejas en medio de lobos”; sino que también reunió todas las frases dispersas de Jesús referidas a los misioneros. De esa manera, Mateo terminó redactando unas hermosas páginas, tanto para presentar a los nuevos cristianos una escena de la vida de Jesús, tanto para dejarnos una referencia maravillosa de oración, paciencia, confianza, perseverancia, fortaleza, decisión, renuncia y caridad: cualidades que no pueden faltar en ninguno de nosotros, bautizados, cristianos, verdaderos discípulos-misioneros.

La fortaleza

Así, en este “vademécum”, encontramos un pasaje referente a la fortaleza. Jesús invita a sus discípulos a no dejarnos vencer por el miedo a perder cosas a causa de su Nombre: desde las seguridades terrenas hasta la vida corporal.

Esa fortaleza no nos viene por una testarudez, ni porque seamos cabezas duras, sino porque, entre ceja y ceja tenemos un solo objetivo que da sentido pleno a nuestra vida: que todo el mundo conozca el Amor que nosotros hemos conocido. Por supuesto que, muchas veces, es una meta difícil de conseguir.

El primer gran obstáculo

Nosotros mismos podemos llegar a ser nuestros propios perseguidores, acallándonos por temor a hacer el ridículo, o porque creemos que no entendemos o no sabemos lo suficiente.

Pero a este primer gran obstáculo lo vencemos dejando de poner excusas y poniendo manos a la obra. Jamás conoceremos la Biblia si no empezamos por abrirla y leerla.

Tampoco conoceremos nuestra fe si no abrimos el Catecismo o lo buscamos por internet, y nos ponemos a leerlo. Mucho menos entenderemos cómo funciona la oración si no hacemos experiencia propia de ella. Y nunca podremos dar a conocer a Jesús si no nos ocupamos de conocerlo primero.

Sin embargo, el camino no es solamente de mera formación “académica”, sino de verdadera vivencia de la fe. Ser discípulos implica escuchar al Señor y aprender de sus enseñanzas; y ser misioneros es largarnos sin miedo a vivir lo poco o mucho que conocemos de Jesús, con palabras y con obras concretas. A veces, los errores se harán
presentes, pero así nos dice el papa Francisco: “prefiero una Iglesia accidentada, herida
y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la
comodidad de aferrarse a sus propias seguridades.” (EG 49)

Los que matan el cuerpo

Otro obstáculo que estamos llamados a vencer con la gracia de Dios, es el ambiente hostil. Las sociedades de hoy se han alejado prácticamente del cristianismo. Y se enarbolan muchas teorías anti-cristianas. Nos dicen que no hay espacio para nuestra fe en los espacios públicos.

Sin embargo, nuestra fortaleza reside en la confianza en Dios. Ningún pájaro cae, dice el Evangelio, si no es por consentimiento del Padre. Si Él se acuerda de todas las criaturas, mucho más se acuerda de nosotros a cada instante: y en el momento de la tribulación, recordemos que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados. “Ustedes valen más que muchos pájaros” (v. 31).

Cualquiera podrá burlarse de nosotros, o tratar de prohibirnos, de escondernos, de callarnos, de desterrarnos… de matarnos. Pero sólo podrán arrebatarnos el cuerpo, el alma es de Dios. Así lo vivieron los primeros cristianos, y la sangre de los mártires fue semilla de nuevos cristianos. Nuestro testimonio de vida siempre será un faro que pueda iluminar la vida de quienes no le encuentran sentido: nosotros podemos ser quienes los llevemos a Cristo.

Invitación

La invitación para esta semana es pedirle a Dios la fortaleza, y viviéndola desde la paciencia en las dificultades, y la perseverancia ante las contrariedades. A veces, el camino será mucho más fácil; otras veces, se hará cuesta arriba. Confesar el nombre de Jesús puede traernos problemas en muchísimas oportunidades, pero junto a ellos siempre viene la paz, porque “quien se declare a mi favor ante los hombres, también yo me declararé a su favor ante mi Padre que está en los Cielos” (v 33).

¡Feliz domingo para todos!

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