San Martín profeta

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Foto: Web

Por Gustavo F. J. Cirigliano y José Luis Di Lorenzo

Los argentinos no tenemos dimensión que el cruce a Los Andes, para aquella época equivalía a llegar a Marte en la actual. Y es bueno que lo advirtamos porque esa es la grandeza suramericana que integra nuestra identidad.José de San Martín es protagonista de uno de nuestros siete proyectos de país, el Proyecto Independentista, el de liberar liberándonos, el que parte de un supuesto diferente al imperial tradicional, no conquista otros pueblos, los libera y los integra.

Tras el proyecto hispano, que nos fuera impuesto, la irrupción liberadora quiebra el tiempo e inicia el camino propio, donde el país es sujeto, dueño de su destino, realizador de su propuesta y no dependiente ni sometido. Iniciando su cuarto proyecto nacional.

El país, su pueblo y sus dirigentes, se asumen como protagonistas de una decisión: liberarse de la dominación y sumisión colonial. Pero para hacerlo la decisión es liberarse liberando. Porque se asume que la libertad y la independencia política, para ser tal, debe ser compartida, puede ser razón y sentido de la «idea de la integración» en esos tiempos, cuando la posibilidad real era ser solamente naciones.

Una nación americana solo puede ser verdaderamente tal si las otras también lo son. Tal es el sentido de la independencia continental que con tanta claridad ve San Martín, máximo protagonista de este proyecto.

Proyecto que reestructura el espacio, San Martín se mueve con absoluta libertad en el océano Pacífico y el Perú, y hasta el extraño y discutido Bouchard ocupa la California durante una semana.

La síntesis de la trama e historia es, vale reiterarlo, libertarse libertando porque la libertad sólo es posible si es compartida. Integrando, hoy diríamos incluyendo, a todo el pueblo.

Los indios, los mulatos, los criollos, los europeos, los gauchos, se asumen como la nación en armas. Nuestras damas mendocinas son parte de esa comunidad que se organiza, aporta sus bienes y trabajo para el hasta por entonces inexistente ejército.

Nace la industria nacional fabricando cañones, Y acredita con meridiana claridad que todo proyecto nacional se financia a sí mismo, con el trabajo de su pueblo y la riqueza incorporada.

Enseñanza no bien aprendida, No es el dinero ajeno, el préstamo, de lo que se trata es recurrir al propio trabajo y a la propia riqueza liberada. El préstamo no es necesario y además, ya lo sabemos, consolida la dependencia. Lo que ratifica Juan Bautista Alberdi cuando afirma «…Si hubiésemos esperado a tener rentas capaces de costear los gastos de la guerra de la independencia contra España, hasta hoy fuéramos colonos».

En el día que San Martín pasó al tiempo sin tiempo nos parece oportuno recordar que del Proyecto independentista heredamos la conciencia de la prioridad de la independencia, la liberación de la dominación externa, las demandas por la emancipación y derechos de todas las clases sociales y la idea de la revolución como modelo de cambio social. Como también el ejemplo de la movilización de todos los sectores del pueblo por la causa común, la concepción de la misión del ejército como defensa de la patria, la solidaridad con los países suramericanos, el federalismo como forma de organización del Estado, el liderazgo de los movimientos populares y la figura del gaucho como símbolo de la libertad y la rebeldía nacional.

Profecía no es decir lo que va a ocurrir, algo así como una suerte de ciencia anticipatoria, profecía es decir lo que hay que hacer. San Martín profetizó con el hacer y nos legó herencias que son parte de la personalidad social de nuestro pueblo y que sin duda tienen plena vigencia.

 
 
Fuente: Telam 

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