Selección: entre un presente desolador y un futuro lleno de incógnitas

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Crédito foto: Telam

Hay estrellas, pero no brillan. Hay planetas que se chocan entre sí. Hay nombres, pero no hay equipos. La muestra de terror que se vivió ayer en Nuñez, fue otra prueba de que el fútbol argentino está estancado, en una etapa de retroceso constante. Es verdad, los demás seleccionados crecieron y ya no son lo que eran, pero comparando, nombre por nombre, es inaudito que Argentina esté como esté.

Como en una casa, si los cimientos no están sólidos, las paredes y el techo tambalean. Los equipos del fútbol argentino, con sus constantes y eternos problemas, son un síntoma. La estructura juvenil, con persistentes cachetazos y bocanadas de resignación, suman fracaso tras fracaso, por más que al hincha le quieran hacer entender que “no se clasificó a los Juegos Olímpicos, pero el primer objetivo era ir al Mundial”, por citar un ejemplo casi cargado de miseria futbolística.

Todo repercute y estalla en la camiseta madre, la de la selección mayor. Una camiseta que sufre, que pesa toneladas. La actitud y las formas van de la mano. Tal como ocurre con los menores, sin un proceso claro, conciso y serio, los resultados no variarán: sin pasado no hay presente; menos futuro.

“Es que hay poco tiempo para trabajar”, todos lo tienen. “Nos afectó la humedad”, las condiciones climáticas se pueden prever con tiempo. “Se metieron atrás”, sería risorio que los más “débiles” salgan a jugar de igual a igual. “Nos faltó suerte”…en fin. A las excusas se las calla con trabajo serio, con proyectos que den frutos sabrosos a corto tiempo y perdurables a lo largo de los años. Se vive cambiando la forma, pero el fondo siempre es el mismo. Se talan los árboles, pero el bosque reluce tan triste como siempre.

La mayor culpa es dirigencial. Los entrenadores desfilan de forma tangible, pasan, caen y vienen otros. Los jugadores son actores de reparto y, sobre ellos, sí recae el compromiso, la actitud y el temple. Ayer no hubo nada de eso. Faltó fútbol, y sobre todo, responsabilidad. Pero volvemos a lo mismo: el problema está afuera.

Ahora se viene Colombia y se vive más como un parto que como un partido de fútbol. Lo que antes se disfrutaba, hoy se sufre. Los resultados están a la vista. Mientras los demás ingresaron en un crecimiento constante, por orden, proyectos y seriedad, el fútbol argentino se retuerce de dolor. Ahí, en el pliegue más presionado, se encuentra la camiseta de la Selección. Sin rumbo, a la deriva, pensando en el incierto futuro y con un presente desolador.

Fuente: Infobae

 

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