Su destino fue ser un Mansero

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Por Miguel Coria. Especial para LA BANDA DIARIO

Y así lo van a confirmar los que conocen su amplia trayectoria en el movimiento tradicionalista santiagueño y el arte musical nativo Argentino. Alfredo Eduardo Toledo -Alito- para los amigos, es un prestigioso y consagrado cantautor bandeño, nació en la ciudad más poeta y cantora de la provincia y en el barrio Banfield, su lugar, del que nunca se fue, a donde siempre regresa para beber la savia de su sangre cantora.

Siendo niño y alumno de la Escuela Amadeo Jacques (la primera escuela oficial, según la historia bandeña) la guitarra, símbolo del criollismo argentino, fue su compañera inseparable; pero había que conocer sus secretos y las ganas de ello lo llevó a concurrir por unos años a la academia de guitarra de la profesora María Giménez (Marica), en la calle Urquiza de La Banda.

Pero tuvo un gran perfeccionamiento en el arte del instrumento cuando sus mayores lo enviaron al prestigioso e histórico guitarrista bandeño Pedro Aparicio Villaba -su vecino famoso-.  Él fue quien lo preparó profesionalmente al futuro músico y compositor bandeño.

«Apalo» lo hizo debutar en el canto nativo en una peña organizada en la terraza del club Centro Recreativo y a partir de ese momento su camino tomó el rumbo que lo llevaría con los años a codearse con los más encumbrados músicos, cantores y poetas que brillaron en los años sesenta.

A principio de la década siguiente junto a otros amigos músicos y cantores bandeños fundó el conjunto «Las Voces del Atardecer», logrando grabar un disco LP, producción hoy convertida en una joya de la música nativa. Pero sus sueños de engrandecer la música y el canto cada vez se hacían más grandes y convertido en un músico y compositor profesional le dio otro nombre a la historia musical nativa: Los Quimsa.

Con este proyecto se le abrieron muchas puertas en la huella cantora. Junto a los otros dos integrantes emigraron a la Capital Federal, actuando en radio y TV y en las prestigiosas peñas del circuito comercial porteño.

Allá, en la «gran urbe», y después de un corto tiempo un productor los juntó para una nueva formación de Los Manseros. Y allí comenzó sus logros y prestigio en el ámbito nacional.

Sólo una tragedia truncó ese camino. En un accidente de tránsito en una ruta bonaerense murieron sus compañeros, siendo él, el único sobreviviente de ese fatal accidente. Ello lo trajo nuevamente a su tierra, a su ciudad, a su barrio bandeño y luego de algún tiempo de andar cantando en peñas como solista, le llegó la gran propuesta.

Los eternos Manseros Santiagueños, la gran agrupación pilar de nuestra música nativa, le ofrecía un lugar en su formación ya entrando los años ochenta. Y a partir de ese momento, su arte en la guitarra, su gran voz de cantor de la tierra y su talento como compositor le regaló su impronta a la nueva etapa del consagrado cuarteto.

Su destino era ser un Mansero. Y a lo largo de los últimos cuarenta años le obsequió su arte a tan gloriosa agrupación de nuestra música nativa.

Alfredo Eduardo Toledo -Alito- está celebrando un año más de vida este 4 de Mayo. Un año más renovando la sangre cantora santiagueña. Un año más dándole a su Banda querida su arte, su música y su prestigio de gran habitante de este suelo cantor.

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