Una mirada sobre el arranque de Jesús María 2017

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Tocado en el ánimo por la chispa de la música santiagueña, el viernes Jesús María alcanzó ese estado de celebración popular al que pueden conducir los festivales, ese entendimiento entre la gente y sus artistas que hace que el cancionero popular sea un canal de liberación de sentimientos, emociones y hasta razones.

Mientras tanto, anoche, el rumbo de la gente hacia el anfiteatro tras la huella, sobre todo, de la presencia de Jorge Rojas y sus hermanos Lucio y Alfredo, parecía reafirmar que los hábitos del festival siguen vigentes, luego de un comienzo sin destellos.

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La primera noche fue difícil de enfocar. La cantidad de público (3.700 personas pagaron), más reducida que lo habitual, planteó cierto clima destemplado. Luego, la programación no alcanzó puntos muy altos y apostó a lo que podía generar la visita de la cantante de pop-rock Patricia Sosa.

Su manera de cantar y estar en escena pudo conmover a quienes se apostaron cerca del escenario para encontrarse con sus canciones. Más allá, en las tribunas del otro lado del campo, la cierta lejanía no era sólo un asunto de metros, sino de sensaciones. No terminó a afirmar un sentido.

El viernes, con unas 8.500 entradas vendidas, el calor popular comenzó a darle bríos al encuentro. La puesta en escena de una buena parte de la inmensa contribución de la identidad musical de Santiago del Estero para la construcción cultural argentina, fue clave de una reunión intensa. Pasó la destacada voz de autor de Mario Álvarez Quiroga, con algunas de sus canciones señaladas. Luego el joven dúo Orellana Lucca, que tiene algo muy propio en el modo de saborear lo que cantan, lo que tocan, que los hace nuevos y personales.

Entonces, llegaron los Coplanacu (Roberto Cantos y Julio Paz) y su poderosa fórmula que no pierde impacto ni sentido, capaz de generar un estado de comunión en la gente.

Si de cosmogonía santiagueña se trataba, el Indio Froilán, gran constructor de bombos, trajo un poco de su legendario patio y mostró su trabajo. Entretanto, en lo que fue una inédita y gran conmoción más de mil bombistas saltaron al campo para reproducir la gran Marcha de los Bombos.

Entre tanto revuelo, Raly Barrionuevo hizo un alto en las respiraciones y, antes que nada, dejó su marca de cantor que nunca olvida que también tiene un compromiso que cantar.

Finalmente, sonó la hora de Los Carabajal y la gran celebración de sus 50 años. De todo lo que había pasado en la intensa noche, mucho ha tenido que ver la fecundidad el apellido que trazó una manera de sentir y ejercer la música santiagueña que fue capaz de abrir los corazones del país.

Cuando llegaron las gotas de las tres de la mañana, las almas del anfiteatro ya estaban húmedas. Y la salud festivalera de Jesús María saboreaba ese viejo esplendor que espera sostener a lo largo de las noches que vendrán.

Fuente: La Vos

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