Colchones, atómos y un esqueleto llamado “Lucy”: así crece el conflicto por los despidos en el Conicet

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En medio de la campaña electoral, en la que este sábado se sumó el ministro de Ciencia Lino Barañao a los timbreos de Cambiemos, los investigadores despedidos del Conicet anunciarán este lunes a las 11.30 nuevas medidas de fuerza para reclamar por 498 despidos, en una profundización del conflicto que amenaza con extenderse más allá del organismo y que genera preocupación entre las autoridades.

Desde el martes pasado, los investigadores del principal instituto de ciencia estatal ocupan la sede del Ministerio de Ciencia y Técnica (Mincyt), ubicado en Godoy Cruz 2320, en el barrio de Palermo. Allí pernoctan sobre colchones inflables y bolsas de dormir, mientras que durante el día realizan actividades diarias entre mates y bajo la vigilancia del personal de seguridad. «Venimos de nueves meses sin respuesta, esperamos que Barañao nos reciba para reabrir la negociación», explicó Lucía Maffei, becaria postdoctoral y miembro de Jóvenes Científicos Precarizados (JCP).

La explanada del Polo Científico, donde se ubican las oficinas del Conicet, se convirtió el domingo en el escenario de una jornada cultural y educativa, en la que los becarios expusieron sus investigaciones y descubrimientos ante una concurrencia de más de 1.000 personas, cuya atención cada tanto se veía interrumpida por bocinazos de autos en un gesto de simpatía hacia los científicos. Además, hubo charlas sobre el conflicto en torno a la energía nuclear en Río Negro y el «desmantelamiento» del Instituto Antártico en la Ciudad -el primero del mundo-, proyección de películas y un partido de fútbol mixto.

Durante la feria científica, tres jóvenes biólogos colgaron un cartel con la imagen de un esqueleto que rezaba: «Soy Lucy, no al ajuste en el Mincyt». Ellos se dedican a estudiar cómo los cambios en el ambiente pueden incidir en el desarrollo de plagas y en la resistencia de los organismos vivos a las enfermedades. En otras mesas, los chicos fueron los protagonistas con distintos juegos. Aprendieron experimentos caseros bajo la asistencia de un químico, se enteraron sobre el impacto del movimiento de la tierra sobre los glaciares y el cambio climático, y conocieron la importancia de la bioquímica para prevenir el cáncer.

El sábado se realizó el festival denominado #LinoDaLaCaraFest, que convocó a bandas y centenares de personas durante toda la jornada. En paralelo,  el conflicto se expandió también en el interior del país, con la toma de las sedes regionales del Conicet en Ushuaia y Mendoza, a la vez que en muchas provincias del país se siguen desarrollando movilizaciones y asambleas. En las últimas horas, científicos despedidos de varias provincias viajaron a Buenos Aires para participar de la conferencia de prensa convocada para este lunes.

«Este conflicto acercó a muchísima gente mostrando el apoyo social, está creciendo y por eso el ministro tiene que salir en los medios y a cambiar su discurso, porque él mismo incumple lo que firmó en diciembre pasado», dijo Maffei.

Las medidas de fuerza comenzaron en diciembre pasado, cuando el Ministerio de Ciencia dejó afuera a casi 500 científicos que habían ganado su concurso. Luego de una toma que duró cinco días, Barañao y los becarios firmaron un acta en la que las autoridades se comprometían a ubicar a los despedidos en el Conicet, universidades nacionales o organismos descentralizados como el INTI o el INTA.

El martes pasado, las autoridades recibieron a las organizaciones de becarios pero las negociaciones fracasaron intempestivamente. Según los científicos despedidos, la última oferta oficial «empeora aún más» las condiciones de trabajo y de la labor científica. En concreto aducen que los cambios representan un recorte en los ingresos previstos para este año del 40%, hay quitas salariales de hasta 5.000 pesos, y se incorpora el dictado de clases como parte de las reubicaciones.

«La toma no tiene motivo que la justifique. Estuvimos avanzando con distintas universidades y organismos científicos para que llamen e incorporen a los 498 becarios del año pasado. Eso se está cumpliendo, junto con el cobro de las becas», señaló Agustín Campero, secretario de Articulación Científico Tecnológica, órgano dependiente del Ministerio a cargo de Barañao. «En cada reunión se fueron poniendo más puntos de controversia, empezaron a exigir cosas que no estaban en el acta. Se está forzando mucho la máquina. Hay otros motivos detrás, como la campaña electoral de octubre, los candidatos de la oposición están utilizando este conflicto», agregó.

Uno de los puntos que más enfrenta a los becarios con el Gobierno es la estabilidad laboral de los afectados. Es que si se reduce el financiamiento de la Secretaría de Hacienda de la Nación o del Ministerio de Educación, el contrato laboral deberá ser «readecuado», según lo establece el convenio firmado hace dos semanas entre la cartera de Ciencia y la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU), que depende de Educación.

«La estabilidad es un punto fuerte que nos diferencia. Ellos insisten que entrar al Conicet era de una de las alternativas en el acta acuerdo, pero eso una interpretación de ellos, nosotros no nos comprometimos a eso», afirmó Campero.

La oferta del Gobierno consiste en aportar fondos para la creación de cargos o incrementar las dedicaciones necesarias para sumar a los más de cuatrocientos doctores que se quedaron fuera del Conicet en 2016. Al menos 54 universidades nacionales y provinciales se ofrecieron para absorber a los becarios. Los nuevos cargos, de carácter permanente, corresponden a la categoría jefe de trabajos prácticos con dedicación exclusiva o de profesor adjunto. Pero genera rechazo que, en los próximos dos años, los beneficiarios deberán volver a pasar un concurso de antecedentes, a pesar de que ya pasaron por el filtro del Conicet.

«Todos saben que obtener una dedicación exclusiva es difícil, pero se supone que los becarios del Conicet corren con mucha ventaja en los concursos», añadió Campero. El funcionario, además, negó que se vaya a producir una reducción salarial con las reubicaciones de los becarios. «En la mayoría de los casos van a pasar a ganar más que en la carrera de investigador del Conicet, sobre todo en el interior del país, o bien serán sueldos muy parecidos».

El Ejecutivo busca que la cartera educativa, a cargo de Alejandro Finocchiaro, permita destrabar el conflicto, en caso de que los investigadores acepten ser reincorporados bajo esas condiciones en el ámbito universitario. Desde el Ministerio de Ciencia aseguran que el consentimiento de los becarios supera el 80 por ciento, por lo que solo falta la firma de los afectados. El pase tiene como fecha límite el 30 de septiembre, aunque la extensión de la ronda de consultas es materia de negociación.

Los investigadores temen que se replique bajo el gobierno de Mauricio Macri lo ocurrido con el sistema científico durante los años noventa. Creen que habrá una disminución de las horas dedicadas a la investigación, la eliminación de proyectos, y un agravamiento del fenómeno conocido como «fuga de cerebros», que sucede cuando los científicos abandonan el país para no perder su calificación. Una sospecha que crece en medio de los trascendidos periodísticos de que el área de Ciencia sería rebajada y reabsorbida por otro Ministerio, ante una eventual reformulación del gabinete tras las elecciones de octubre.

Como telón de fondo del reclamo laboral, pesa el quiebre de la confianza de numerosos científicos y académicos con Lino Barañao, a quienes le adjudican haber «traicionado» sus principios de gestión (es el único ministro del kirchnerismo que continuó bajo el gobierno de Macri). En este marco, desde el Ministerio de Ciencia y Técnica insisten en que no reabrirán la mesa de diálogo en tanto continúe la ocupación del Polo Científico.

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