Según palabras de su hija Alicia: “Tenía una memoria asombrosa y era observador y detallista; describía las cosas palmo a palmo a pesar del tiempo que había transcurrido. Sus años vividos en contacto con la naturaleza árida del monte santiagueño lo llevó a leer mucho y un buen día comenzó a escribir y describir aquello que sentía y vivía. Le cantó a la tierra, a los pájaros, al ulular del viento, a los niños, al amor.
Era introvertido pero su espíritu se pobló de inquietudes.
Escribió versos y pintó esa naturaleza agreste que le tocó vivir”.
