InicioHISTORIA Y RELATOS DE LA BANDAFranklin Ponce y su aporte a la Cultura bandeña y santiagueña

Franklin Ponce y su aporte a la Cultura bandeña y santiagueña

El maestro Frankin Ponce nació en la ciudad de Tucumán en enero de 1928.
Comenzó sus estudios en su ciudad natal y amplió sus conocimientos en la escuela de música de la Universidad Nacional de Tucumán recibiendo enseñanzas de maestros como G. Lchaman, Luis Lazkovoch y A. Conrad.
En su juventud formó e integró tríos de cámara y un conjunto madrigalista llegando a ocupar, por concurso, la secretaria técnica de la Orquesta Sinfónica de la UNT desde 1948 hasta 1954.
Su llegada a La Banda
Como siempre pasa muchas veces la música (y más la académica) económicamente para un músico no es rentable. Fue ello lo que pasó con el maestro Ponce; tuvo que apelar a otra ocupación para poder vivir mejor junto a su familia.
En el año 1965 se instala en nuestra provincia donde como delegado comercial en ventas de una empresa tucumana.
En oportunidad de visitar el municipio bandeño para afianzar una relación comercial con la empresa que representaba, en el año 1969 se encontró con el Intendente Ricardo Passone (quien dirigía el municipio en ese año) y ahí a través de un comentario se entero que la Municipalidad estaba en pleno proceso para la creación de un coro local.
Así es el destino. Ese trabajo que nada tenía que ver con su vocación lo trajo hasta esta ciudad y aquí se quedo.
Inmediatamente comenzó a llamar a cantores bandeños que sentían apego a la música y a la actividad coral. Fue así como nació el Coro Polifónico Municipal de La Banda.
El debut del coro se realizó en un memorable, exitoso y recordado concierto coral en el salón de la Biblioteca Bernardino Rivadavia un 10 de octubre de 1969.
Como lo conocí personalmente
Fue a finales de los 80 cuando realice un «taller de la voz» dedicado a los nuevos jóvenes locutores de esos años.
El responsable de dictar el taller fue el maestro Franklin Ponce.
Allí lo conocí, allí logré relacionarme con el hombre que ya gozaba de un prestigio en todo el norte del país en actividades corales.
Nos enseñó a todos los que participábamos del taller a modular, a respirar, a expresarnos mejor con la voz y utilizarla a través de un micrófono de radio.
Con los años me di cuenta que estuve ante uno de los grandes maestros, frente a una de las grandes personalidades de Santiago del Estero y la región.
Mi eterno homenaje a un hombre que no merece el olvido, hizo mucho por la cultura santiagueña.
Miguel Coria
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