Italia despide las viejas mañas: aprueban la reforma política

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Después de dos años de polémicas, con 361 votos a favor y siete en contra, el Parlamento italiano aprobó ayer una reforma constitucional que, de ser confirmada en un referéndum, marcará un cambio drástico en la coyuntura política local.

La denominada reforma Boschi (por el nombre de la ministra de Reformas, Maria Elena Boschi), de hecho, significará el fin del bicameralismo perfecto italiano. Si bien el Senado seguirá existiendo, pasará a ser un órgano de representación regional casi decorativo, sin el poder que tuvo hasta ahora en el nacimiento y la muerte de un gobierno. Sólo la Cámara de Diputados podrá legislar y votar la confianza al gobierno, que con esta reforma será más fuerte y más estable.

Impulsada por el primer ministro, Matteo Renzi -que celebró esta victoria desde Teherán, donde viajó en una de las primeras visitas oficiales después del acuerdo nuclear que el gobierno iraní alcanzó con las grandes potencias-, la reforma constitucional fue votada en forma definitiva en un aula semivacía.

Los diputados del Movimiento 5 Estrellas, del cómico Beppe Grillo; de Forza Italia, la agrupación del ex premier Silvio Berlusconi; de la Liga Norte, y demás partidos de la oposición, en señal de protesta, decidieron abandonar el recinto. Antes, Renato Brunetta, vocero de Forza Italia, denunció la aprobación de la nueva ley constitucional como «un acto subversivo».

«Es un día histórico para Italia, en el que la política demuestra que es seria y creíble: menos políticos, menos dinero a las regiones, más claridad en la relación entre el Estado central y el territorio. Se trata de un gigantesco paso adelante para la credibilidad de las instituciones», celebró desde Teherán el premier Renzi, que había hecho de esta reforma constitucional una ley símbolo de su administración.

«Italia era el país más inestable de Europa y ahora es el más estable», agregó el líder italiano.

Para dar una idea de la inestabilidad política endémica de Italia, desde la proclamación de la República, en 1946, hubo 63 gobiernos. Muchos de estos, marcados a fuego por una parálisis legislativa debida al bicameralismo perfecto, que implica un proceso muy lento y engorroso en el cual las dos cámaras deben aprobar una ley.

Los detractores de la reforma de Renzi sostienen que significará una virtual «dictadura», ya que le otorga todo el poder a la Cámara de Diputados -la única que podrá legislar y ya sin poder de veto de parte del Senado- y, así, al gobierno de turno.

Dando muestras de gran habilidad política -y como no fue aprobada por los dos tercios de la Cámara de Diputados-, Renzi anunció que llamará a un referéndum que deberá ratificar la reforma, para adelantarse así a la oposición.

El ex alcalde de Florencia, de 41 años, se juega a todo o nada. En efecto, adelantó que tirará la toalla en el caso de que la consulta popular, que tendrá probablemente lugar en octubre, le baje el pulgar a la reforma constitucional. «Si pierdo, me voy», aseguró.

Al margen de tener un poder limitado, el Senado, que seguirá llamándose igual, pasará de 315 miembros a 100 (95 elegidos por los consejos regionales, de los cuales 21 serán alcaldes y 74, consejeros-senadores, y no se los designará en elecciones generales sino durante las regionales) y cinco nombrados por el jefe de Estado. Tendrá competencia legislativa plena sólo sobre reformas constitucionales.

En otro punto importante, la reforma constitucional certifica la abolición definitiva de las provincias italianas.

Elizabetta Piqué/ La Nación

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