«Nuit Debout», el movimiento que pone en jaque la reforma laboral de Hollande

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A casi dos semanas de su inicio, el movimiento parisino «Nuit debout» (Noche en pie) continúa ganando adeptos y extendiéndose a otras ciudades del país, amenazando la última gran reforma encarada por el golpeado gobierno socialista del presidente Francois Hollande.

La movilización popular, convocada por sindicatos y estudiantes, contra el proyecto de reforma laboral, que plantea aumentar la horas semanales de trabajo, pagar las horas extras a los dos años y no a fin de mes, fijar un precio máximo a pagar en caso de despido abusivo, fomentar acuerdos salariales en cada empresa y ya no por ramas de trabajo, comenzó el 9 de marzo con más de 150 manifestaciones en todo el país.

Las manifestaciones continuaron a lo largo del mes y el 31 luego de una jornada de huelga general centenares de jóvenes, convocados por la plataforma «Convergencia de luchas» en las redes sociales, se reunieron en la Plaza de la República con la intención de debatir ideas y dar inicio a un acampe para rechazar la reforma y la representación política.

En la noche del 31, como ejemplo de lo que traería aparejado la nueva legislación se proyectó en la plaza el documental «Merci patron» (gracias patrón), que se centra en la figura del millonario Bernard Arnault, quien preside el conglomerado multinacional LVMH (Louis Vouitton, Dior, Kenzo y Möet & Chandon y otras 56 marcas de lujo) y en los últimos años cerró numerosas fabricas en Francia para deslocalizar su producción en el exterior.

La reacción de los presentes sorprendió a los organizadores y marcó el inicio de un movimiento impensado, pero anhelado -con inevitables puntos en común con el 15-M español o Occupy Wall Street neoyorquino- en la izquierda francesa, desilusionada por los cuatro años de gobierno de Hollande, quien prometió medidas de izquierda pero liberalizó la economía con sus reformas y hoy su figura es rechazada por el 80% de los franceses, según sondeos.

Desde esa noche, la movilización comenzó a cambiar el paisaje urbano de la renovada plaza del noreste parisino, convertida en centro de reuniones tras meses de ser el centro de la catarsis colectiva y homenaje a los más de 150 muertos durante los atentados en la revista satírica Charlie Hebdo del 7 de enero y del 13 de noviembre (13-N) del año pasado.

Esa noche también fue el momento en que los «indignados» franceses decidieron simbólicamente no pasar al mes de abril.

Para ellos, en medio de un movimiento que busca recuperar la utopía revolucionaria, marzo no terminó y hoy a 12 días del inicio del movimiento Francia se encuentra en el 43 de marzo.

Desde su comienzo, el movimiento, que tiene su propia radio y televisión vía internet, se desarrolla en pleno estado de emergencia (equivalente al estado de sitio en Argentina) y sufre una represión casi cotidiana de parte del gobierno socialista.

«Para que un movimiento como este tome forma hace falta un detonador y la reforma laboral lo es. Detrás de esta movilización existe la voluntad de tomar la palabra, de invertirse físicamente en el debate político. Nuit Debout se inscribe en una tendencia global de critica de la democracia representativa», le dijo a Télam el politólogo e investigador del Instituto de relaciones internacional y estratégicas (IRIS), Eddy Fougier.

«Es una gran sorpresa que tal movilización funcione luego del 31 de marzo, cuando ni los organizadores creían en eso y hoy continua y sigue creciendo. Pero para que permanezca de se primordialmente pacifico porque de esa forma las autoridades tendrán su excusa perfecta para disolver la movilización», agregó.
La heterogeneidad de los participantes y las extensas asambleas llevaron a extender las causas de la protesta, que también abarca la defensa de los refugiados, la ecología, el feminismo y la lucha contra la corrupción, y ya se extendió a una veintena de ciudades de Francia.

La tensión por la masiva presencia policial en los alrededores de la plaza, pero sobre todo con las acciones más extremas como ataques a bancos y cajeros, a comisarias y otros edificios públicos o empresas multinacionales, según reporta a diario el sitio alternativo de noticias Paris Lutte Info.

Asimismo, desde la semana pasada, se repiten aisladamente las denominadas «manifestaciones salvajes», donde centenares de jóvenes encapuchados recorren al trote las principales arterias de la ciudad destrozando el mobiliario urbano a su paso y formando barricadas para impedir la circulación durante la madruga en pleno París.

La madrugada del domingo luego de la asamblea diaria, más de 1.000 personas comenzaron a marchar hasta el domicilio del primer ministro Manuel Valls, no muy lejos de la plaza. Ocho personas fueron detenidas y al regresar a la plaza la policía extendió la represión a quienes permanecían debatiendo pacíficamente.

Ante cada choque con la policía, pocos manifestantes parten y muchos consienten la violencia contra las fuerzas del orden, algo que potencia el escepticismo de muchos que dudan en sumarse a la iniciativa por la carencia de un proyecto.

«Una espada de Damocles para Noche en pie es la amenaza de un atentado. La Plaza de la República representa un blanco fácil por un grupo de terroristas. Pero más allá de eso, el movimiento es susceptible de durar y atraer cada vez a más gente. Hay hechos de violencias aislados pero en general el clima es familiar y festivo. Los medios resaltan ese lado y eso atrae a la opinión publica», subrayó el politólogo Fougier.

Mientras el gobierno observa con preocupación el crecimiento de un movimiento contestatario de izquierda, desde la derecha algunos cuestionan las manifestaciones durante el estado de emergencia decretado tras los atentados.

«La Policía permite a los violentos desvirtuar nuestro movimiento. Durante la jornada, la zona desborda de policías, pero a la noche desaparecen y dejan la zona libre para que actuen los violentos y los ciudadanos que aún no se animan a sumarse relacionen la Nuit Debout con la violencia», remarcó a Télam un periodista que forma parte del equipo de radio del movimiento y que como casi todos se hace llamar Camille, nombre unisex que en Francia suele utilizarse como seudónimo.

«Preferimos no identificarnos, algunos trabajamos en grandes medios y por temor a represalias preferimos no dar nuestros nombres reales. Venimos a dar una mano para fortalecer la comunicación, para lograr una voz propia dentro de un movimiento que aún carece de un líder visible y de objetivos claros», reconoció.

«Esta es la forma de la izquierda radical de buscar adueñarse de la calle para frenar a la ultraderecha, pero también para dejar en claro que estamos hastiados del estado de emergencia, de que nos gobierne una clase política que no nos representa en absoluto», sentenció el periodista Camille.

En un país que no logra salir de su ocaso económico, casi eternizado, pero con un colchón social donde el Estado es referencia en cuanto ayudas sociales, el individualismo, el silencio y el escepticismo que reina en la sociedad parece querer dejar lugar a una construcción colectiva incierta pero que en este marzo sin fin cambió el paisaje político a solo un año de las elecciones generales.

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