Tres futbolistas iraníes que habían solicitado asilo en Australia decidieron regresar a Irán en medio de denuncias de presión y temor a represalias. Solo tres de las siete solicitantes originales permanecen en territorio australiano, una situación confirmada por el ministro del Interior australiano, Tony Burke, y la concejala de la Ciudad de Ryde en Sídney, Tina Kordrostami.
Las tres futbolistas iraníes optaron por volver a su país después de enfrentar tácticas de presión y coacción, según testimonios recogidos por Fox News. De acuerdo con Kordrostami, algunas familias fueron detenidas o se encuentran desaparecidas, lo que influyó en la decisión de las deportistas. El entorno de incertidumbre y riesgo para las atletas en caso de regresar a Irán resultó un factor clave.
La concejala subrayó que las futbolistas “están siendo fuertemente intimidadas y el régimen se comunica con ellas directamente”. Explicó que, pese a las opciones de asilo, “las iraníes dependen unas de otras para sobrevivir, lo que dificulta aceptar ayuda extranjera”. Kordrostami expresó preocupación afirmando: “Sabemos con certeza que no estarán a salvo”.
“Sé que incluso hay familias que han sido detenidas. Sé que hay familiares desaparecidos. Algo que realmente me gustaría que la gente en Occidente entendiera es que, en muchos sentidos, los iraníes dentro del país han perdido la esperanza en Occidente, y solo confían los unos en los otros para sobrevivir a este régimen. Así que, cuando les ofrecemos una salida, no siempre les resulta fácil entender que realmente es una vía de escape. Están más acostumbradas a depender unas de otras, esto es supervivencia para ellas”, agregó.
La situación escaló internacionalmente después de que cinco componentes de la selección femenina de Irán —Fatemeh Pasandidé, Zahra Ghanbari, Zahra Sarbali, Atefé Ramazanzadé y Mona Hamudi— rechazaran cantar el himno nacional en un partido contra Corea del Sur el pasado 2 de marzo. Medios estatales iraníes calificaron a estas jugadoras de “traidoras”, lo que incrementó la inquietud acerca de posibles penas graves si regresaban a Teherán.
La agencia iraní Tasnim indicó que, tras los sucesos, el resto del equipo viajó a Kuala Lumpur, Malasia, donde fue recibido por el embajador iraní, Valiollah Mohamadi. Este episodio coincidió con denuncias por amenazas y aumentó la percepción de riesgo entre las futbolistas.
Entre Australia e Irán surgieron discrepancias públicas sobre la gestión del caso. El presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, aseguró que la policía australiana bloqueó temporalmente la salida del equipo, separando al grupo en el aeropuerto y complicando el retorno conjunto. Taj también atribuyó el conflicto a la influencia de Estados Unidos y acusó a las autoridades australianas de actuar bajo esas directrices para que todas las jugadoras se convirtieran en refugiadas.
Por parte australiana, Tony Burke explicó que funcionarios de la embajada iraní participaron en los procedimientos y que su gobierno priorizó “la libertad de elección y la seguridad de cada deportista”. Negó que Australia hubiera impedido el retorno del equipo, insistiendo en que todas las medidas buscaron asegurar la autonomía de las jugadoras y la protección ofrecida por los visados humanitarios.
Actualmente, solo tres de las siete futbolistas que inicialmente solicitaron asilo siguen en Australia. Las autoridades australianas aseguran que cuentan con visados humanitarios y están bajo protección policial y el resguardo del Ministerio del Interior.
Burke resaltó que el objetivo principal fue “garantizar la seguridad” de las solicitantes tras las amenazas recibidas en Irán. Subrayó que las decisiones tomadas por cada integrante se respetaron y se basaron en la libertad individual. No ha trascendido el detalle de las garantías ofrecidas a quienes permanecen en Australia, aunque se mantiene la preocupación por la seguridad y la autonomía de las futbolistas.
Las jugadoras iraníes que decidieron regresar lo hicieron bajo riesgos personales elevados. Su situación refleja la complejidad y la severidad de las decisiones que enfrentan las mujeres deportistas ante escenarios de represión en su país.
“Estamos muy preocupados por ellas. Sabemos con certeza que no estarán a salvo. Ya lo he mencionado antes. Cuando rompes un contrato como atleta en Irán, puedes enfrentarte a la pena de muerte”, concluyó Kordrostami.
Fuente Infobae
