El primer paro general contra el ajuste de Temer termina con violencia

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¿Éxito o fracaso? Convocada en rechazo a las reformas económicas impulsadas por el presidente Michel Temer, la primera huelga nacional realizada en Brasil en 21 años tuvo lecturas muy diferentes según las visiones de los sindicatos o del gobierno, y terminó manchada por actos de vandalismo y enfrentamientos entre manifestantes y la policía.

La adhesión al paro fue dispar en las distintas partes del país; mientras en San Pablo -corazón económico de Brasil- la paralización fue casi total debido al corte de accesos a la ciudad y a la falta de servicios de transporte público, en Río de Janeiro la medida no se sintió tanto. Pero en general la huelga afectó el trabajo en las fábricas, las clases en las escuelas y la logística por los bloqueos de las rutas con piquetes organizados por la Central Única de los Trabajadores (CUT) y Fuerza Sindical, las dos principales centrales gremiales, que dejaron de lado sus diferencias para expresar su oposición a la ley de flexibilización laboral -ya aprobada por la Cámara de Diputados- y el proyecto de reforma jubilatoria que se está tratando en el Congreso.

«Ésta es la mayor huelga general de la historia. La sociedad percibió que la propuesta que este gobierno tiene para Brasil es una tragedia», señaló Vagner Freitas, presidente de la CUT, quien comparó el paro de ayer con la gran huelga de 1989, cuando más de 35 millones de brasileños protestaron por la hiperinflación.

El último paro general en Brasil había ocurrido en 1996, durante la gestión del socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, en una demostración en rechazo al alto desempleo. Las administraciones de Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), no enfrentaron medidas así. La huelga de ayer coincidió con la revelación por parte del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas de un nuevo récord en la tasa de desocupación: 13,7%. Fue el mayor test en las calles para la agenda de reformas y medidas de ajuste que lleva adelante Temer en medio de crecientes acusaciones de corrupción contra miembros del gabinete.

«Hasta el momento percibimos el fracaso de esta manifestación, con bloqueos de caminos. No se podría hablar de huelga; tenemos disturbios generalizados», apuntó el ministro de Justicia, Osmar Serraglio.

En un comunicado, el presidente resaltó que garantiza el derecho a la expresión pero lamentó los piquetes, condenó los graves incidentes en Río y aseguró que el «trabajo en pos de la modernización de la legislación nacional continuará con un debate amplio y franco».

La Nación

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