«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

Evangelio del día

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Este martes 7 de agosto, los bandeños celebran la festividad de San Cayetano.

Ahora bien, ¿quién fue Cayetano?. Nació en Thiene, Vicenza, Italia, el primero de octubre de 1480. Contemporáneo de Lutero, también ansiaba la reforma de la iglesia. Con una muy buena educación académica, se recibió de abogado y fue ordenado sacerdote a los 36 años. La vida del cleo era una preocupación de Cayetano, por eso fundó una congregación de sacerdotes los Teatinos, con e fin de atender a los más pobres y enfermos y de tener una vida fiel al Evangelio. Uno de los miembros de este grupo, Carafa, sería luego el Papa Pavlo IV.

Además, de fundar hospitales, hospicios y lugares de atención de los pobres, tambióen fundó un banco, con el objetivo de prestar dinero a los trabajadores sin especulaciones ni intereses usureros. Murió en Nápoles a los 67 años.

Evangelio de hoy San Mateo (14,22-36):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»

Él le dijo: «Ven.»

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos.

Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

 

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