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Tomás Pozzo, el talento que busca resurgir en el Ascenso y habla de temas tabú: «El fútbol es muy machista»

La pone sobre la suela contra una de las líneas laterales. Aguanta la embestida del defensor, quien segundos después quedará en ridículo. Vuelve a pisarla y tira un caño hermoso. La acción continúa con un pase de tres dedos, que también es hermoso. El protagonista de ese video, subido a Instagram por la cuenta oficial de Godoy Cruz, es Tomás Pozzo. Lleva el número 7 en la espalda, pero no hay dudas de que le corresponde el 10. Es uno de los volantes más talentosos de la Primera Nacional y uno de esos jugadores que están en la segunda categoría del fútbol argentino por circunstancias de la vida más que por merecimiento.

El futbolista del Tomba, a sus 25 años, atraviesa un momento de reconstrucción en su carrera, que comenzó con una grata irrupción en la Primera de Independiente en noviembre de 2020. Pasaron muchas cosas en la vida de Toto hasta este momento en el conjunto mendocino, que busca ser protagonista y pelear por uno de los ascensos: fue una aparición esperanzadora, una promesa que por distintas circunstancias no llegó a asentarse; en el medio, lesiones ligamentarias, una tristeza infinita, un cambio de provincia, un descenso y una madurez notable forjaron la personalidad de un pibe que cuando habla, lo hace sin casete.

¿Cómo atravesás este presente en Godoy Cruz?

—Fueron muchas las cosas que se hicieron mal en el pasado, fue un año para el olvido, pero el fútbol es muy cambiante. Ahora hicimos borrón y cuenta nueva. No pudimos ganar los primeros partidos, pero la idea siempre estuvo. El otro día perdimos con San Telmo, aunque llevábamos siete invictos, que para la categoría es difícil. Tenemos un gran plantel, el año es muy largo, son 36 fechas y tuvimos un buen arranque sacando lo del otro día, que fue un partido aparte. La idea de juego se vio, sobre todo de local. Personalmente estoy contento, jugué casi todos los minutos, el otro día pude hacer un gol (N. de la R.: ante Defensores de Belgrano) y estoy generando bastantes situaciones, que en mi posición es muy importante.

¿Se puede jugar lindo en el Ascenso o es imposible?

— Con el paso de los partidos me di cuenta de que es una cuestión de adaptación. El otro día, ante San Telmo, quedó claro que en el primer tiempo no nos dejaron jugar. Creo que en el Ascenso se tienen en cuenta muchas cosas que en Primera no pasan: hay muchas mañas. Cuando uno toca y pasa es muy probable que te hagan falta; hay foules sin pelota, no hay VAR. Ante San Telmo no nos regaron la cancha y en Defensores de Belgrano nos dejaron el pasto largo. Son pequeños detalles que desde afuera no se ven y la gente cree que no importan, pero influyen en el juego cuando uno intenta un estilo con la pelota en el piso. Más allá de eso, jugar siempre se puede, o por lo menos intentar jugar y proponer.

Hace un tiempo hablaste de la mecanización que hay en el fútbol, ¿qué advertiste para señalar eso?

—Quizás se hacen muchos análisis y estoy de acuerdo con muchas cosas, pero al final hay que jugar a la pelota y nada más: ser inteligentes, saber leer los espacios y ver dónde el rival no está presionando. A veces se le dan muchas vueltas a cuestiones que no tienen mucho sentido, pero el fútbol es simple y está todo inventado. Obviamente estoy de acuerdo con los videoanálisis y con las herramientas que te dan los técnicos para conocer al jugador que te va a marcar, saber si es zurdo o derecho o si le gusta pasar al ataque. Todo eso es importante, pero creo que lo más importante es la resolución que tiene el jugador dentro de la cancha.

Pozzo, nacido en Adrogué y con paso por las inferiores de Temperley y Banfield, debutó en la Primera de Independiente en la Copa Maradona, con Lucas Pusineri como técnico. Llegó a marcar cuatro goles en 63 partidos, pero se fue por la puerta de atrás: sin ser tenido en cuenta por el entrenador de ese momento, Carlos Tevez, luego de haber vuelto de una lesión ligamentaria antes de que lo indican los tiempos de rehabilitación.

¿Qué te llevás de aquella experiencia en Independiente?

—A uno le trabaja mucho la cabeza. Tuve muy buenos momentos, pero era muy chico y no era tan consciente del contexto, no me daba cuenta de que en un momento fui el goleador del equipo, con 20 o 21 años. Son cosas que uno a esa edad no valora y ahora, un poco más grande, se da cuenta que no era tan sencillo lo que había conseguido. Me cuesta autofelicitarme, soy una persona muy autocrítica, no veo los logros que voy consiguiendo. También la frustración de mi transferencia fallida hizo que me costara muchísimo rehacerme (N. de la R.: estuvo cerca de irse a Houston Dynamo en 2022). Hoy estoy mucho más maduro, me ayudó para superar diferentes contextos, solucionar cosas dentro o fuera de la cancha. En su momento, obviamente que la pasé muy mal, tanto yo como mi familia, pero hoy siento que me ayudó mucho a crecer.

Desde Mendoza, Pozzo habla con una tranquilidad impropia de la vertiginosidad que rodea al fútbol. También lo hace con una claridad que surgió luego de haber vivido uno de los momentos más brumosos para un deportista. Un mes después de aquella caótica salida del Rojo sufrió la segunda lesión en el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y llegó a plantearse si su destino todavía estaba en el fútbol. Su silencio se rompió a través de un posteo en el que relató los obstáculos que lo llevaron al abismo. Pozzo no tuvo problemas en hablar de salud mental.

Hay cada vez más voces que abordan temas que hasta hace unos años eran tabú en el fútbol, ¿cómo se entiende ese cambio y que ya no haya silencio?

—A veces es difícil hacerlo en el fútbol. Siempre que me lo preguntan lo repito: el futbolista es una persona común en el día a día, igual que todos y muchas veces solo trascienden cosas por lo que la gente ve en la tele, pero en realidad es mucho más profundo el análisis y va más allá de lo que se ve en una pantalla. El futbolista tiene que entender que es una persona como cualquiera, quizá con un poco más de exposición. A nadie se lo analiza en el trabajo 24/7 y al futbolista sí, está en observación todo el tiempo, se lo analiza todos los partidos, entonces tiene la obligación de rendir siempre. Es una carrera muy corta porque psicológicamente y físicamente es muy dura.

¿Y cómo te preparás para esa exposición?

—Te tenés que preparar mucho para el afuera y el trabajo más importante nuestro es después del entrenamiento, fuera del club, porque vos entrás al club a las 7 de la mañana y a las 2 de la tarde ya te fuiste. Son 7 u 8 horas de laburo; después llegás a tu casa y en la tarde estás solo, si no tenés familia o pareja. En ese momento tenés que comer bien, descansar, no tenés que hacer boludeces. Todas esas cosas son muy importantes y son las que después te llevan a poder rendir en la cancha.

Vos lo hiciste en su momento con la salud mental, pero hace unos días se volvió viral un video en el que Nacho Lago presentó públicamente a su novio. ¿Estamos ante una generación que viene a romper con esos temas tabú?

— Depende de cada uno. Muchas veces a las personas públicas les cuesta marcar de qué lado de la brecha están y expresar cuál es su pensamiento, porque cuando das tu opinión el 50% de la gente va a coincidir y el otro 50 no. Creo que pasa mucho por el terror a lo que pueda decir ese 50% que no está de acuerdo. Lo de Nacho es muy importante: él ya lo había dicho hace bastante y es muy valorable que lo haya hecho público. También habla de su personalidad porque, lamentablemente, el fútbol es un deporte muy machista; todos sabemos lo que costó que el fútbol femenino sea profesional. Lo de Nacho hay que normalizarlo. Son cosas que le pasan a todas las personas, con la diferencia de que, por nuestra exposición, a veces aparece ese temor a la opinión del resto, cuando quizás esas opiniones no deberían influir.

 

Fuente: tycsports

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