Los ataques de drones ucranianos de largo alcance golpearon con más frecuencia y precisión a Rusia, provocaron su mayor crisis de combustible en décadas y alimentaron entre dirigentes occidentales la idea de que el impulso de la guerra cambió, según Financial Times.
Tras más de cuatro años de combates costosos, el diario señaló que hay pocos indicios de que Rusia esté cerca de un avance decisivo. Ese dato sostuvo una de las hipótesis centrales entre estrategas occidentales: el riesgo no solo pasa por una reacción rusa, sino por que el temor a esa reacción lleve a los aliados de Ucrania a presionarla para retroceder.
Según la publicación, los responsables occidentales ordenaron el análisis en cuatro caminos: una intensificación convencional en el frente ucraniano, el uso de armas nucleares, un ataque directo contra la OTAN y una campaña de guerra híbrida contra infraestructura o individuos en Occidente.
La pregunta inmediata fue qué puede hacer Putin y qué efecto tendría. La respuesta que recogió el diario fue que el líder ruso todavía conserva opciones de escalada, pero todas implican costos altos y ninguna garantiza cambiar el curso de la guerra.
La amenaza nuclear perdió parte de su efecto
Durante toda la guerra, Putin y su entorno insinuaron con insistencia el posible uso de armas nucleares tácticas. Esa amenaza, de acuerdo con responsables occidentales citados por el medio, hoy se toma menos en serio que al comienzo del conflicto.
Los mismos funcionarios creen que el presidente chino Xi Jinping advirtió a Putin contra una decisión de ese tipo. También consideraron que el Kremlin entendió el riesgo de una intervención directa de Occidente en la guerra si Rusia recurriera al arma nuclear.
Un funcionario occidental resumió ese desgaste con una frase citada por el diario: “Devaluó la moneda”. La repetición de la retórica nuclear, según esa visión, redujo su poder de intimidación.
Otra hipótesis contemplada por algunos líderes occidentales fue una provocación rusa dirigida contra los Estados bálticos o Polonia. Funcionarios de seguridad de Letonia dijeron que Rusia se estaba “preparando para provocaciones militares”, potencialmente orientadas contra ellos.
Aun así, un ataque directo pareció menos probable para los estrategas consultados. En estos cuatro años, Putin evitó siempre una confrontación frontal con la OTAN, incluso cuando existían temores de que golpeara líneas de suministro y bases en territorio aliado desde donde fluían armas hacia Ucrania.
La publicación añadió que una escalada en el Báltico exigiría además mover tropas rusas desde el frente ucraniano. También expondría al Kremlin al riesgo de abrir un segundo frente en suelo de la OTAN y sufrir una humillación militar.
La última vía fue la guerra híbrida. En los últimos cuatro años ya hubo episodios atribuidos a ese patrón, entre ellos un plan para colocar bombas dentro de paquetes de DHL y un intento de asesinar al jefe de Rheinmetall, uno de los principales fabricantes alemanes de armas.
Según el diario, Rusia siguió examinando de manera ostensible infraestructura occidental sensible, como cables submarinos y gasoductos energéticos. Funcionarios de seguridad advirtieron que ese tipo de escalada también entraña riesgos, porque Occidente podría responder y porque Rusia, Estados Unidos y sus aliados, y China podrían haber colocado el equivalente cibernético de bombas sin explotar dentro de sus infraestructuras críticas.
La semana pasada, ataques con misiles y drones mataron a 30 civiles en Kiev.
Fuente Infobae

