Prof. Carmen Rouanet/Biblioteca Popular «Domingo A. Bravo»
La Biblioteca Popular «Domingo A. Bravo» rinde un homenaje a un héroe de la Independencia argentina Francisco Narciso Laprida.
Francisco Narciso Laprida (1786-1829) fue abogado y político argentino. En 1815 fue elegido diputado por San Juan y en 1816 ocupó el cargo de Presidente en el Congreso de Tucumán. Apoyó la revolución unitaria. El 22 de septiembre de 1829 fue perseguido en Mendoza por las tropas de José Felix Aldao, donde fue derribado y degollado. Su cuerpo no fue encontrado, algunos autores afirman que fue enterrado vivo hasta el cuello y un tropel de caballos aplastado su cabeza, otros sostienen que el cuerpo había sido reconocido por el juez del Cabildo de Mendoza y depositado en un calabozo sin saberse más del caso.
Jorge Luis Borges encontró en la política la inspiración para escribir ficciones, y poesías, uno de sus poemas “Conjetural”, publicado en el Diario “La Nación de Buenos Aires” el 4 de julio de 1943 e incluido en su libro “El otro, el mismo” de 1964, narra un hecho histórico de la guerra civil argentina, entre unitarios y federales, cuando en Mendoza, luego de dar batalla Francisco Narciso Laprida emprende la retirada y es alcanzado y ejecutado por las tropas de José Felix Aldao.
El poema “Conjetural” trata la barbarie política atribuida a quienes persiguen a los disidentes dándole muerte violenta. En contraposición expresa la voz calma de Laprida ante la muerte. Cuál sería el destino sudamericano: el coraje físico de los hombres de aquella época, el de una vida entregada al servicio de la causa republicana, dignos del antiguo juramento de morir por la Patria, o al sentido de la barbarie política.(Borges explica en una entrevista, que se refiere en su poema a Narciso Laprida como a la dictadura militar del año 1943.
“Conjetural” de Jorge Luis Borges
Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo que estudié las leyes y los cánones,
yo Francisco Narciso Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor perdido
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer, Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruidosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos
se ciernen sobre mi…Ya el primer golpe,
Ya el duro hierro que me raja el pecho,
el cuchillo en la garganta.

