Ceuta atraviesa uno de los episodios migratorios más críticos de los últimos años. En apenas diez días, más de 2.000 personas cruzaron desde Marruecos, en muchos casos a nado o bordeando los espigones fronterizos, una llegada masiva que desbordó la capacidad de recepción del enclave español y obligó a las autoridades a desplegar medidas de emergencia mientras intentan contener un flujo que no se detiene.
“La ciudad está completamente desbordada”, resumió José Luis Echarri, periodista de El Faro de Ceuta, durante una entrevista con Infobae al Regreso. “Desde que se abrieron las fronteras el flujo ha sido constante y el CETI, que tiene capacidad para unas 500 personas, ahora alberga a miles”, explicó.

Un sistema al límite
Las escenas que se repiten en el paso fronterizo reflejan la dimensión de la crisis. Echarri describió la llegada de personas “completamente dañadas, desoladas, mojadas, empapadas y con mucho cansancio”, aunque también destacó el alivio que experimentan al alcanzar territorio español.
“Muchos llegan gritando ‘Viva España’ o ‘Viva Pedro Sánchez’. Hay un ambiente de celebración por haber conseguido cruzar, pero inmediatamente aparece otra realidad: la ciudad no tiene capacidad para absorber semejante cantidad de personas”, señaló.
La presión sobre los dispositivos de acogida también comenzó a sentirse en distintos puntos de la ciudad, donde la presencia constante de migrantes y la saturación de los recursos generaron preocupación entre los vecinos y obligaron a reorganizar la asistencia social.
Entre la solidaridad y el desconcierto
La sensación de colapso es compartida por quienes viven y trabajan diariamente en Ceuta. Desde la parroquia Nuestra Señora de los Remedios, el sacerdote Alberto Gadea describió una ciudad atravesada por el desconcierto.
“La situación que estamos viviendo es muy, muy compleja. Está sucediendo algo que no sucede en ningún sitio. Miles de personas atraviesan la frontera con esa espontaneidad y esa libertad, y eso genera mucho desconcierto”, sostuvo.
Según explicó, la incertidumbre también alimenta el temor de parte de la población. “La gente siente miedo, no tanto porque estas personas vayan a hacer algo, sino porque no las conoce. Todo ocurre muy deprisa y eso provoca una sensación de bloqueo”, afirmó.
El sacerdote relató, además, cómo la crisis comenzó a impactar en la vida cotidiana de la ciudad. “Esta tarde estábamos celebrando la adoración y la eucaristía cuando tres personas entraron en la iglesia buscando refugio porque escapaban de un forcejeo. Se refugiaron aquí”, contó.
Para Gadea, el mayor desafío aparece después del cruce de la frontera. “Uno ve grupos de inmigrantes caminando por las calles, de un lado para otro, sin encontrar ninguna solución. Atender a esta multitud no es fácil porque los lugares preparados para hacerlo están completamente colapsados”.
Frente a ese escenario, la Iglesia decidió reforzar su asistencia. El obispado destinará las colectas de los próximos días a colaborar con la atención de los migrantes. “Como cristianos tenemos que tener una mirada de compasión y solidaridad. Son personas y hay que atenderlas. Pero también es cierto que los recursos disponibles ya no alcanzan”, remarcó.
Una crisis que revive el recuerdo de 2021
Tanto Echarri como Gadea coincidieron en que el escenario actual recuerda a la crisis migratoria de mayo de 2021, cuando miles de personas ingresaron de forma irregular a Ceuta tras la relajación de los controles fronterizos.
“La sensación que tuve hoy es exactamente la misma que hace cinco años”, recordó Gadea. “Tengo 47 años, nací en Ceuta y he convivido toda mi vida con esta realidad, pero lo que estamos viviendo vuelve a ser excepcional”.

Echarri explicó que la mayoría de quienes llegan no pretende permanecer en la ciudad. “Su objetivo es alcanzar la península ibérica. Permanecen durante semanas o meses en el CETI y, cuando pueden, continúan viaje hacia el resto de España”, señaló.
Consultado sobre las causas del aumento de los cruces, el periodista consideró que no existe un único factor que explique el fenómeno. También relativizó que el reciente fallo del Tribunal Supremo sea el detonante exclusivo del incremento migratorio, aunque reconoció que las limitaciones para realizar devoluciones inmediatas incrementan la presión sobre los centros de acogida. “Cuando esas personas no pueden ser devueltas de forma inmediata, el Estado tiene la obligación de recibirlas y asistirlas”, explicó.
Mientras el Gobierno español refuerza los controles fronterizos, moviliza recursos adicionales y mantiene la coordinación con Marruecos para intentar contener el flujo migratorio, Ceuta vuelve a quedar en el centro de una crisis que supera ampliamente sus capacidades. Con una infraestructura pensada para una realidad muy distinta y miles de personas que buscan continuar su camino hacia Europa, el enclave español enfrenta el desafío de sostener la asistencia humanitaria sin que el sistema termine por colapsar.
Fuente Infobae

