El Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil oficializó este domingo la candidatura del mandatario Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones presidenciales de octubre, en las que buscará un histórico cuarto mandato no consecutivo con la mayoría de las encuestas a su favor.
El evento, que comenzó puntual a las 10:00 hora local (13:00 GMT), selló la reedición de la alianza con el moderado Alckmin como candidato a la vicepresidencia, ante cientos de militantes, ministros y dirigentes del bloque oficialista.
“Tengo la misma energía de cuando tenía 30 años”, ha reiterado el veterano líder sindical para disipar dudas sobre su salud.

La campaña se abre bajo la sombra de Donald Trump, aliado de la familia Bolsonaro y que ha respaldado a varios candidatos en América Latina. “En Brasil no aceptamos que nadie meta la nariz donde no lo llaman”, advirtió Lula la semana pasada.
Estados Unidos impuso en julio dos rondas de aranceles a productos brasileños, tras acusar al país de prácticas comerciales desleales. Alentado por Eduardo Bolsonaro, hijo del ex presidente, Washington ya había aplicado gravámenes similares en 2025 —luego suspendidos en buena parte— en represalia por el juicio contra Jair Bolsonaro. Ante la nueva presión, Lula prometió una «guerra de la verdad contra la mentira» frente a su par estadounidense y acusó a Flávio Bolsonaro de ser un “traidor a la patria” por, según él, alentar el castigo económico a Brasil.
“La narrativa sobre la soberanía le calza como un guante a Lula: en un momento de caída de su popularidad, logra identificar a un enemigo allá afuera”, dijo a la agencia AFP el politólogo Leonardo Paz, de la Fundación Getúlio Vargas.
El clima bilateral sigue deteriorándose: la semana pasada Brasilia negó las visas a dos funcionarios estadounidenses que pretendían viajar al país para hablar de “integridad electoral”.
Economía, seguridad y corrupción, los frentes internos
Lula defiende los avances de su gestión en la caída del desempleo y la reducción de la pobreza, en un contexto de desaceleración económica, con un crecimiento del PIB en torno al 2 % para este año electoral, tras el 3,4 % de 2024 y el 2,3 % de 2025.
La presión inflacionaria —marcada por factores internos y por el alza de precios de alimentos y combustible en el contexto geopolítico— mantiene la tasa básica de interés en 14,25 %, junto a un déficit nominal cercano al 10 % del PIB y una deuda pública que superó el 80 %. Son puntos que la oposición busca explotar, junto con la lucha contra el crimen organizado, que controla barrios populares donde viven millones de personas.
La corrupción también pesa sobre ambos candidatos. Esta semana, un juez de la Corte Suprema autorizó dos investigaciones por tráfico de influencias contra el hijo mayor de Lula, Fábio Luís Lula da Silva, conocido como “Lulinha”, por presuntas gestiones ante el Ministerio de Salud. Del lado opositor, Flávio Bolsonaro enfrenta cuestionamientos por el financiamiento de una película sobre su padre, para la cual habría pedido dinero a un banquero acusado de una megaestafa.
Un mano a mano con los Bolsonaro
Los comicios de octubre se perfilan como una nueva disputa polarizada entre el progresismo de Lula y la extrema derecha que encarna Flávio Bolsonaro, de 45 años, oficializado la semana pasada como heredero político del espacio conservador. Su padre, Jair Bolsonaro, está inhabilitado, condenado a 27 años de prisión domiciliaria por intento de golpe de Estado, tras perder las elecciones de 2022 ante Lula.
Según la última encuesta de Datafolha, Lula obtendría un 48 % de la intención de voto en un eventual balotaje, frente al 43 % de Flávio Bolsonaro — una diferencia estrecha, similar a la de la ajustada campaña de 2022.
(Con información de EFE y AFP)
Fuente Infobae

