El volcán Kīlauea volvió a entrar en erupción este miércoles en Hawái, apenas dos semanas después de su último episodio. La actividad comenzó durante la tarde del 12 de agosto, con fuentes de lava que en promedio alcanzaron entre 25 y 30 metros y tuvieron un máximo de 150, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
El observatorio detalló que el episodio arrancó a las 15:45 y continúa activo, pero en niveles más moderados. Esta nueva fase eruptiva del Kīlauea se concentra dentro del cráter Halemaʻumaʻu y no salió de la zona cerrada al público.

Cómo evolucionó el nuevo episodio eruptivo
De acuerdo con el USGS, la actividad no comenzó de forma súbita, sino tras varias señales previas en el conducto norte. Durante la mañana se observaron salpicaduras intermitentes de lava y, más tarde, una serie de desbordes breves que anticiparon un aumento paulatino de la presión eruptiva.
A las 13:45 se registró un salto marcado en la emisión, asociado a un cambio en la deformación del terreno, y se formó una fuente de doble domo que alimentó un desborde de más de 600 metros (2.000 pies) desde el respiradero.
Más tarde, la misma entidad señaló nuevos desbordes desde el conducto sur a las 15:26 y 15:38, con una duración aproximada de cinco a seis minutos cada uno. También se observó un flujo menor desde el cráter de colapso ubicado detrás de esa ventilación a partir de las 15:31.
Qué altura alcanzaron la lava y la columna eruptiva
En su primer aviso de la tarde, el USGS informó que las fuentes de lava se ubicaban entre 25 y 30 metros (80 y 100 pies) y podían ganar altura en una o dos horas. En la actualización posterior, el observatorio confirmó que el máximo se produjo entre las 17:00 y las 17:45, cuando los chorros de lava llegaron a 150 metros (500 pies) sobre el nivel del suelo.
La columna asociada a la erupción también creció con rapidez. El primer parte indicó un penacho de gas volcánico a 1.800 metros (6.000 pies) sobre el nivel del terreno. Horas después, el aviso especial elevó esa estimación a más de 5.400 metros (18.000 pies) sobre el nivel del mar, una diferencia relevante para la vigilancia aérea y para la posible dispersión de ceniza fina.
Hasta el momento, no hubo reportes confirmados de cancelaciones de vuelos o cierres de aeropuertos ligados a este episodio, aunque erupciones previas del Kīlauea sí afectaron operaciones cerca de la ciudad de Hilo, cuando la ceniza alcanzó el área aeroportuaria.

Hacia dónde se desplazan los gases, la ceniza y el material fino
Los sensores instalados cerca de los respiraderos mostraron vientos de superficie desde el noreste. Según el USGS, ese patrón empuja el dióxido de azufre, la ceniza fina y el llamado pelo de Pele (hilos o hebras de vidrio volcánico) hacia sectores situados al sudoeste de Halemaʻumaʻu. En niveles más altos de la atmósfera, la circulación tiende más hacia el este, con capacidad de trasladar tefra, que en griego significa “ceniza”, hacia el oeste.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) advirtió que la caída de ceniza, filamentos volcánicos y otros fragmentos livianos puede variar según la intensidad del episodio y las condiciones del tiempo.
Ese reporte añadió que, si la erupción eleva material por encima de la capa de inversión asociada a los vientos alisios, la dispersión también podría orientarse hacia el norte o el noreste.
El NWS recomendó a residentes y visitantes que permanezcan atentos a la evolución del volcán y a los cambios meteorológicos, sobre todo en áreas ubicadas hacia donde sopla el viento. También pidió reducir la exposición a la ceniza, debido a sus efectos irritantes sobre ojos y vías respiratorias, y contemplar medidas preventivas como desconectar sistemas de captación de agua de lluvia si fuera necesario.
Cuáles son los riesgos principales alrededor del cráter
El análisis de peligros del USGS enumera tres amenazas centrales en este episodio: gas volcánico, tefra y flujos de lava. El observatorio explicó que el volcán libera de forma continua vapor de agua, dióxido de carbono y dióxido de azufre. Este último reacciona en la atmósfera y forma la neblina volcánica conocida como vog, asociada a molestias respiratorias y otros problemas de salud en zonas bajo el viento.
La tefra incluye ceniza volcánica, piedra pómez, escoria, pelo de Pele y otros tipos de fragmentos de lava como la reticulita. Ante esto, el USGS indicó que las partículas más pesadas suelen caer cerca de los respiraderos, mientras que las más livianas pueden viajar a mayores distancias y volver a movilizarse con el viento tras cada episodio. El organismo añadió que la mayor caída de material suele concentrarse dentro de un radio de 5 kilómetros (3 millas) alrededor de las bocas eruptivas.
En cuanto a la lava, el observatorio sostuvo que los flujos avanzan por lo general de forma lenta pendiente abajo y, en esta erupción, permanecen restringidos a Halemaʻumaʻu y al flanco sudoeste de Kaluapele, la caldera de la cumbre del Kīlauea.

