El primer ministro de Pakistán, Shahbaz Sharif, expresó en una llamada telefónica con el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, el “pleno apoyo y solidaridad” de Islamabad frente a los ataques lanzados por los rebeldes hutíes de Yemen y desde Irak contra la monarquía saudí. Según la agencia oficial de noticias saudí SPA, Sharif “condenó los ataques perpetrados contra el reino por la milicia hutí” y denunció las “flagrantes violaciones de su soberanía e integridad territorial”.
Ese bloqueo, por el que los rebeldes prometieron impedir el paso de buques saudíes, ha provocado severas pérdidas económicas a Riad, que encuentra crecientes dificultades para exportar su crudo a través del estrecho de Ormuz y las rutas del sur del mar Rojo.

Uno de los golpes más significativos de la escalada hutí fue el ataque contra el oleoducto Este-Oeste, situado en las regiones de Riad y Medina, que transporta aproximadamente siete millones de barriles de crudo por día. Arabia Saudita anunció el cierre preventivo del oleoducto tras sufrir varios ataques con drones procedentes de Irak, cuyas autoridades investigan los hechos. La monarquía árabe, mayor productora de petróleo de la OPEP, enfrenta pérdidas sin precedentes por el bloqueo simultáneo del estrecho de Ormuz y las restricciones en el mar Rojo.
El trasfondo diplomático de la crisis es el Acuerdo de Defensa Conjunto de La Meca, firmado a principios de agosto entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, que establece que cualquier agresión contra uno de los tres países será considerada un ataque contra los tres. El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, advirtió días atrás que si los ataques hutíes continuaban derramándose en territorio saudí, el pacto quedaría “operativo”. “No hay ambigüedad ni duda: una agresión no provocada o un desbordamiento hacia Arabia Saudita definitivamente hará que este acuerdo entre en vigor”, afirmó Asif en declaraciones a medios paquistaníes recogidas por Al Jazeera.
Sin embargo, las autoridades de las tres naciones han subrayado el carácter defensivo del acuerdo. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán, Sajjad Haider, descartó el jueves en rueda de prensa que Islamabad estuviera debatiendo una acción militar contra los hutíes en Yemen, después de que circularan rumores sobre posibles bombardeos a petición de Riad. “Pakistán se ha opuesto de forma constante a la escalada y ha abogado por la contención, el diálogo y la diplomacia”, señaló Haider, según Reuters.
Pakistán, en el difícil equilibrio entre Riad y Teherán
La crisis ha puesto a prueba el delicado papel mediador de Islamabad en la región. Según fuentes saudíes, paquistaníes e iraníes citadas por Reuters, Pakistán transmitió a Irán una advertencia de Arabia Saudita para que moderara a sus aliados hutíes. Teherán respondió que “no controla a los hutíes”, aunque dos fuentes iraníes confirmaron a la misma agencia que Irán había instado al movimiento a intensificar los ataques contra el reino la semana anterior, y que había prometido financiación adicional y armas, mientras varios comandantes de la Guardia Revolucionaria Islámica se desplazaron a Yemen para coordinar las operaciones.
El equilibrio que Pakistán ha mantenido durante años entre sus lazos con Arabia Saudita y con Irán se complica aún más por la presencia de soldados paquistaníes desplegados cerca de la frontera saudí con Yemen, según confirmaron a Reuters dos funcionarios paquistaníes en julio. Los tres países aliados acordaron que sus tropas no entrarían en Yemen y que cualquier respuesta se lanzaría desde territorio saudí.

La ofensiva hutí avanza por la costa yemení del mar Rojo
En el campo de batalla, los hutíes protagonizaron en los últimos días un avance fulminante por la costa occidental de Yemen. Desde el norte del país, donde ya controlaban la capital, Saná, y Hodeida, los rebeldes avanzaron en cuestión de días y capturaron la ciudad portuaria de Moca el jueves, para después tomar el control de las islas del mar Rojo y consolidar su dominio sobre el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, por donde transita el tráfico marítimo hacia y desde el Canal de Suez.
El retorno de la guerra abierta en Yemen —tras años de relativa calma gracias a una tregua entre el gobierno reconocido internacionalmente y los hutíes— ha tenido consecuencias humanitarias graves. Los combates que se reanudaron en septiembre en el oeste del país han provocado el desplazamiento de 76.000 personas desde julio, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), y han dejado más de 500 muertos, de acuerdo con fuentes hutíes y gubernamentales.
Alrededor de 1.400 personas huyeron a la vecina Yibuti, informó el gobierno de ese país. La OIM advirtió el viernes de una “crisis de desplazamiento” en la región y alertó de que “las reservas de emergencia ya se han agotado tras las recientes operaciones de socorro por las inundaciones”, con una urgente necesidad de refugio, alimentos, agua y suministros esenciales.
El conflicto se enmarca en el contexto más amplio de la guerra entre Irán y Estados Unidos iniciada en febrero. El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró el sábado que los hutíes le habían pedido que no interviniera en Yemen. Según el portal Axios, Mohamed bin Salmán llamó a Trump dos veces el jueves para solicitar que atacara a los combatientes yemeníes, pero la petición fue rechazada. Tras la toma de la costa esta semana, los hutíes liberaron a 210 prisioneros de guerra propios que llevaban años en cárceles gubernamentales, anunció el funcionario hutí Abdelkader al-Mourtada en una conferencia en Saná.
Fuente Infobae

