Este domingo, miles de personas se acercaron a la localidad de Silípica para participar de la fiesta central en honor a la Santa Mama Antula. En la oportunidad el Cardenal primado de Argentina, monseñor Vicente Bokalic CM invitó a los fieles a ser «constructores de una sociedad distinta: más humana, más solidaria, más fraterna».
El Azbopispo de Santiago del Estero, en su homilía indicó, «el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, es una clara demostración del estilo que queremos vivir hoy en la Iglesia: un estilo netamente sinodal, un estilo de encuentro, de escucha y de diálogo, donde juntos buscamos el querer y la voluntad de Dios, compartiendo los dones y talentos, las cosas lindas de nuestra vida, pero también nuestras oscuridades y nuestras búsquedas».
Más adelante manifestó, «en el camino hacia la Pascua, la Iglesia nos propone meditar este Evangelio tan profundo. Y providencialmente lo escuchamos en estos días tan grandes para nuestra Iglesia de Santiago del Estero, cuando celebramos a Santa María Antonia de San José, nuestra querida Mama Antula. En este Evangelio aparece un Jesús con rasgos profundamente humanos. Jesús está cansado por el camino, por el sol del mediodía, por el trajinar. Se acerca al pozo porque tiene sed. Pero ese encuentro con la samaritana va pasando de la sed material a una sed mucho más profunda, la sed que habita en todo corazón humano. Con mucha pedagogía, con mucha sencillez, y acomodándose a la vida concreta de esta mujer que viene a sacar agua del pozo, Jesús comienza a llevarla de esa sed material hacia algo mucho más profundo».
«Le dice: “Si conocieras el don de Dios…”. Jesús habla del agua viva. Para la mujer debió ser una sorpresa escuchar estas palabras. Jesús viene a ofrecer el agua que sacia la verdadera sed. Porque muchas veces vemos que las personas no se sacian solamente con los bienes, con los logros o con las grandezas humanas. Hay algo mucho más profundo en el corazón del ser humano. Es la necesidad de Dios», sostuvo el prelado santiagueño.
El púrpurado prosiguió, «por eso resuenan con tanta fuerza aquellas palabras de San Agustín, que parecen comentar este mismo Evangelio: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.” Jesús conoce esa inquietud profunda del corazón humano. Por eso, con mucha delicadeza, comienza a entrar en la historia de esta mujer, en sus frustraciones, en sus desencantos. Pero lo hace sin recriminarle su vida ni enrostrarle sus pecados. Jesús no humilla ni condena. Simplemente le muestra algo mejor».
Bokalic destacó, «que hermoso es este estilo de Jesús. Especialmente hoy, cuando vivimos en ambientes y realidades donde hay tanta gente herida, tanta gente angustiada, con tantas frustraciones y desamparos. Jesús nos enseña que el camino comienza siempre con la escucha, con la atención a la vida del otro».
«Jesús sale al encuentro de esta mujer, La busca y con sabiduría la va llevando hacia una profundidad que termina llenando su corazón. En ese momento del Evangelio encontramos algo que nos recuerda profundamente la vida y la misión de Santa María Antonia de San José. Mama Antula vivió exactamente esto», amplió.
A la vez expresó, «aquella frase tan conocida de ella lo expresa muy bien: “Quiero llevar el amor de Dios a donde no es conocido, a donde no es sentido y experimentado, aunque sea hasta el fin del mundo”. Eso mismo hace la mujer samaritana: comunica rápidamente a los suyos el amor de Dios que ha descubierto. Y eso mismo hizo Mama Antula durante toda su vida».
El pastor de la Iglesia santiagueña explicó, «en este tiempo de Cuaresma también nosotros estamos invitados a eso: volver a experimentar el amor de Dios a través de la oración, de la Palabra de Dios, de los sacramentos. Volver a tener esa experiencia fuerte de un Señor que nos ama, que nos busca, que nos espera siempre. Porque solamente desde esa experiencia podemos ser verdaderos testigos del amor de Dios».
«Solamente así podemos ser también constructores de una sociedad distinta: más humana, más solidaria, más fraterna. El testimonio de Santa María Antonia de San José nos anima en este camino», afirmó el arzobispo de Santiago del Estero.
En otra parte de su reflexión, Bokalic manifestó, «así como ella encontró mucha desolación en su tiempo, también hoy —si tenemos los ojos abiertos— encontraremos mucha desolación en nuestras familias, en nuestros ambientes, en nuestras comunidades y en nuestra sociedad. Por eso estamos llamados a hacer lo mismo que hizo la samaritana. Lo mismo que hizo Mama Antula. Si realmente hemos experimentado el amor de Dios, ese amor nos impulsa y nos empuja a compartirlo con los demás».



