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Ecuador incrementa la producción de gas en medio del déficit energético

En medio de un sistema eléctrico tensionado por un déficit estructural de generación, Ecuador ha incrementado la producción de gas natural como parte de su estrategia para sostener el abastecimiento energético, mientras el Gobierno insiste en que los recientes cortes de electricidad registrados en Quito y Guayaquil no responden a una falta de energía, sino a problemas puntuales en la red de distribución.

La ministra de Ambiente y Energía, Inés Manzano, ha descartado que el país enfrente apagones por insuficiencia de generación. Según su versión, el sistema eléctrico nacional dispone de capacidad suficiente para cubrir la demanda, en un contexto en el que el Ejecutivo ha reforzado la generación térmica y ha promovido la incorporación de energía privada para compensar la vulnerabilidad de la matriz hidroeléctrica.

El trasfondo de esta posición es un escenario energético complejo. Ecuador mantiene un déficit estimado cercano a los 1.000 megavatios, resultado de limitaciones estructurales que incluyen la dependencia de centrales hidroeléctricas, sensibles a los ciclos climáticos, y el desempeño irregular de infraestructuras clave. A pesar de eso, el Gobierno sostiene que la combinación de generación térmica, autogeneración privada y manejo de embalses ha permitido evitar interrupciones masivas del servicio.

Samantha Alcívar juega con una vela en la panadería de sus padres durante un apagón eléctrico por racionamiento en Quito, Ecuador, el martes 15 de octubre de 2024. (AP Foto/Dolores Ochoa)
El aumento en la producción de gas adquiere un rol clave. El gas natural es un insumo fundamental para las centrales termoeléctricas, que funcionan como respaldo cuando disminuye la generación hidroeléctrica, especialmente en períodos de estiaje. La expansión de este recurso responde a la necesidad de garantizar energía firme, es decir, capacidad de generación no dependiente de factores climáticos, en un sistema históricamente sustentado en fuentes renovables.

La matriz energética ecuatoriana continúa siendo predominantemente hidroeléctrica, pero el componente térmico, basado en gas y derivados del petróleo, se ha convertido en un elemento necesario para sostener la estabilidad del sistema.

Sin embargo, las interrupciones recientes en ciudades como Quito y Guayaquil han puesto en evidencia las débiles condiciones del sector energético. De acuerdo con la ministra Manzano, estos cortes no están vinculados a una escasez de energía, sino a fallas en la red de distribución. Entre las causas identificadas se encuentran daños en subestaciones y otros problemas técnicos localizados en el sistema de distribución.

Mientras la generación eléctrica, según el Gobierno, se mantiene dentro de parámetros suficientes, la distribución aparece como el eslabón más vulnerable de la cadena.

El planteamiento del Ejecutivo busca, además, diferenciar la situación actual de episodios anteriores de crisis energética en el país, en los que los apagones respondían a déficits más profundos de generación. En 2024, Ecuador experimentó apagones de hasta 14 horas no consecutivas, lo que ha hecho que el tema se convierta en una de las principales debilidades de la actual administración a meses de las elecciones subnacionales.

Si bien Ecuador no enfrenta un colapso energético inmediato, sí opera con márgenes estrechos, en los que cualquier alteración, ya sea climática, técnica o logística, se traduce en cortes localizados y sorpresivos. La dependencia de la generación hidroeléctrica combinada con las limitaciones en infraestructura y una red de distribución expuesta a contingencias, da como resultado un escenario de vulnerabilidad constante.

En términos aproximados, la generación energética de Ecuador se distribuye así: la energía hidroeléctrica aporta entre el 70% y 75% del total. En cambio, la generación térmica, basada en gas natural, diésel y fuel oil, representa alrededor del 20% al 25%. Mientras que las fuentes no convencionales tienen una participación aún marginal, con la energía eólica y solar combinadas en torno al 1% al 3%, y la biomasa (principalmente bagazo de caña) aportan cerca de un 2% a 4% adicional, dependiendo de la época del año y de la disponibilidad agrícola.

Fuente Infobae

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