«El desafío de nosotros es poner nuestra confianza en Dios»

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Una vez un profesor hizo un examen a sus estudiantes, la última pregunta fue ¿Cuál es el primer nombre de la mujer que limpia la escuela? Los chicos pensaban que era una broma. Ellos siempre veían a la señora todos los días, que era peticita, morocha, siempre usaba anteojos, más o menos tenía 30 años. Pero no sabían su nombre. Entonces uno de entre ellos le preguntó a su profesor; ¿la última pregunta también es parte del examen? Absolutamente respondió el maestro. Y les dijo en su carrera ustedes van a encontrar a mucha gente y todos serán importantes y todos merecen su atención y cuidado aunque sólo ustedes hagan una sonrisa y saluden diciendo “hola”. Esta enseñanza nunca se les olvidó a los chicos por el resto de sus vidas. A veces en nuestra vida también sucede lo mismo. En nuestra vida también encontramos muchas gentes grandes y pequeñas, poderosas y humildes y todos necesitan de nuestra atención y compasión. Y cualquier posición ó poder que tengamos no debemos olvidarnos de las cosas más importantes de nuestra vida; que son el amor y la compasión hacia nuestros hermanos.

El tema más importante en el evangelio de hoy es la compasión. Acá es cierto que Dios escucha nuestro llanto y Él es compasivo y está estrechando sus manos para curarnos. El desafío para nosotros es que tenemos que poner nuestra confianza en Dios y convertirnos en instrumento de compasión y de amor.

En el evangelio vimos que Jesús estaba caminando hacia la ciudad de Naím con sus discípulos, en el camino Él encontró a una viuda, quien había perdido a su hijo único, luego El se le acerca y le dice: “No llores”. Aquí una cosa muy importantes es que ella no se arrodilla ante Jesús, no toca su vestido, no pide nada, no dice nada, tal vez no esperaba nada, sólo llora a su hijo. Tal vez no conocía a Jesús. Cuando Jesús le dijo a ella “no llores” pensaba que era una consolación.

Jesús también lloró ante la tumba de su amigo Lázaro, y aquí, ante la muerte de un hijo único de una viuda, su corazón se rompió y pronunció la palabra de la vida diciendo yo te ordenó levántate”. El Señor de la vida, este día, como otro día con la hija de Jairo y con su amigo Lázaro, sólo con su palabra pudo vencer la muerte y vencerá la muerte de todos los que en él han puesto su esperanza.

Nosotros somos la viuda de esta historia que llora porque cuando tenemos dificultades y sufrimientos nosotros también siempre preguntamos; ¿dónde está tu compasión, Señor?

A nosotros, hombres de fe, nos queda siempre el poder del amor que es más fuerte que la muerte, el amor que nos ata para siempre a nuestros seres queridos, nos queda el poder de la oración, y nos queda el poder de Cristo. Pero en las dificultades nosotros desconfiamos y preguntamos ¿Dónde está hoy, Señor, tu compasión. Viernes Santo y Pascua es la respuesta más elocuente a nuestros sufrimientos y miedos. Porque él nos dio la vida eterna ofreciendo su vida. Él tuvo mucho amor y compasión hacia a nosotros.

Hermanos ahora también Jesús es compasivo. Él siempre está presente para ayudarnos a cada uno de nosotros. Para cumplir este deseo de Jesús cada uno de nosotros tenemos que vivir con mucha compasión y con mucha amor ayudando en las necesitadas de nuestros hermanos. Acá vimos que Jesús secó las lágrimas de esta viuda, lo mismo si tenemos compasión podemos secar las lágrimas de muchos de nuestros hermanos.

También este milagro nos recuerda que Jesús tiene el poder para destruir los pecados. Cuando revisamos nuestra vida podemos saber que muchas veces nosotros estamos muertos no físicamente, sino espiritualmente por eso tenemos que acercarnos a Jesús a tráves del sacramento de la reconciliación para revivir espiritualmente. En el sacramento de la reconciliación Jesús seguro que sanará nuestras heridas del alama y así podremos vivir experimentando el amor y la compasión de Cristo.

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