Este fin de semana, la comunidad católica de Nuestra Señora de La Salette vivió una verdad fiesta, ya que la imagen peregrina de Santa Mama Antula la sede parroquial ubicada en Avenida Aristóbulo del Valle y Domingo Juárez.
Desde Silípica, María Antonia recorrió varios kilómetros hasta llegar a La Banda y derramar su bendición a las familias que se dieron cita en el barrio Dorrego.
En la oportunidad el padre Federico Poldi animó a los fieles a tomar el ejemplo de Mama Antula, «que amó tanto a Jesús que sintió la necesidad de hacerlo conocer, de ir a aquellos lugares donde no lo conocían. Ella fue sal y luz en este mundo».
Tras las lecturas del evangelio, el presbítero indicó, «nos nos confunfamos, es un mandato ustedes son la luz y la sal del mundo.. De ustedes dependen qué sal van ser, qué luz van a ser. Cómo van a salar e iluminar al mundo. De ustedes dependen qué tanto vamos a transmitir el sabor de Cristo en el mundo, qué tanto vamos a transmitir la luz del Señor».

Más adelante manifestó, «en estos tiempos que importante es que nos preguntemos qué sabor le estoy dando a este mundo, qué clase de luz de Cristo estoy reflejando a este mundo, todo el tiempo me debo hacer esta pregunta porque es un mandato importante que Jesús nos encargó a todos».
En otra parte de su mensaje, el presbítero señaló, «para los argentinos comer no sólo es un acto de alimentarse, es todo un acontecimiento, que linda que es la mesa cuidemosla. Cuidemos el ámbito del almuerzo y de la cena; yo no juzgo, pero no recomiendo no ver tele en el momento de la comida. No digo que no se puede ver una serie, pero no descuidemos la belleza de compartir la mesa en familia porque es un valor importante».
A la vez sostuvo, «la luz del mundo, que somos cada uno de nosotros, tiene cierta peculariedad que a veces no nos damos cuenta de su importancia hasta que no está. Lo mismo pasa con la sal, cuando disfrutamos un plato, poco importa la marca, porque la sal no es el protagonista sino el plato es lo esencial. No somos los protagonistas de la cena, somos los que le damos el toque final, pero que si no estamos se siente totalmente. En este mundo tenemos que ser sal y luz para darle un color distinto a la comida de este mundo».
«Nuestro aporte es importante, Dios confía mucho en nosotros y nuestra misión es demasiada importante, pero no con ánimo de protagonismo ni grandeza, sino que el plato principal, que es Jesús, se disfrute. El llamado de ser sal y luz tiene que ver con que estamos llamados a que nuestras vidas refleje y ayude a que nos encontremos con Jesús. La luz que irradiamos no es nuestra, es la luz de Cristo y es un deber importante«, reforzó.
Siguiendo con esta línea discursiva, el sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago del Estero se preguntó, «cómo hago para ser sal y luz, vivir el mandamiento del amor con quien me toque, es el mejor aporte que podemos dar a este mundo. Las obras buenas a nosotros nos hacen bien; cuántos cargamos heridas que no sanan, a todos nos pasan. Acumulamos cicatrices. Cómo hacemos para sanar, viviendo el mandamiento del amor, preocupándome por el que sufre».
En ese contexto señaló que Mama Antula, «vio una necesidad concreta, porque amó tanto al Señor le salió la necesidad de anunciar al prójimo, necesitó que conozcan a Cristo que la llenó la vida. Que ejemplo de mujer por Dios. Que bien le queda el título, a Mama Antula, de Muijer Fuerte, que no buscó llamar la atención ni los aplausos, ni ser el centro».
«Como se sacrificó, como caminó, como luchó, soportó. Lo hizo porque estaba concvencida de llevar a Cristo a lugares quie no era conocido, esa es la esperanza que nos cambia la vida», sostuvo Poldi.
Finalmente el pastor de la comunidad saletense exporesó, «somos meras herramientas para que los demás se encuentran con Jesús. Este es el paso conocer a Jesús, enamorarme de él, necesito que los otros vivan la maravialla que yo he vivido, cómo no anunciar el amor de Dios en mi vida. Nuestra soceidad está necesitada de luz y de sal, no esperemos una luz mágica, seamos nosotros esa luz».
