La Provincia mejor administrada, ¿se quedó sin superávit?

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Por el diputado provincial, licenciado Alejandro Parnás. Especial para LA BANDA DIARIO.

En noviembre de 2023, tras la derrota de Sergio Massa en el balotaje presidencial, una de las primeras medidas del gobierno santiagueño fue eliminar el “Fondo Provincial Compensador de Consumos Estivales” creado en enero del 2020 y que tenía por objetivo financiar, durante los meses de más altas temperaturas y por lo tanto de mayor demanda de electricidad, un descuento del 40% en las facturas de luz de todos los usuarios residenciales de Santiago del Estero. Fue el primer ajuste que Gerardo Zamora echó sobre las espaldas de los santiagueños, cuando Javier Milei ni siquiera había asumido la presidencia. Pero no fue el último.

El siguiente ajuste fue más severo aún: a principios de febrero, la mal llamada “mesa de diálogo” anunció con bombos y platillos una supuesta recomposición que en realidad escondía una fenomenal licuación salarial: después de un año con los sueldos congelados y una inflación del 250%, los empleados públicos de la provincia obtendrían una mejora de apenas el 100% en sus básicos. Mejora que no llegó al bolsillo, dado que lo que efectivamente percibieron  fue menor a ese porcentaje.

Una medida inexplicable si se tiene en cuenta que, durante el mismo período, los ingresos coparticipables de la provincia se triplicaron, pasando de $28.000 millones en febrero de 2023 a $86.300 millones en febrero de 2024, de acuerdo a las planillas publicadas por el Ministerio de Hacienda en base a datos provistos por el Banco Nación. Esto es  consecuencia de la inflación, que provoca el aumento generalizado de los precios y de la recaudación de impuestos que el Estado Nacional reparte entre las provincias. En la medida que los precios aumentan, lo hace también la recaudación y la coparticipación. Al menos nominalmente.

El daño más importante a los ingresos coparticipables de Santiago del Estero no lo generó el recorte de transferencias discrecionales que lleva adelante el actual gobierno nacional, sino la eliminación de la cuarta categoría del impuesto a las ganancias que ejecutó, en plena campaña electoral, el exministro y excandidato Sergio Massa, decisión que recibió el apoyo del gobernador Zamora, que significó la pérdida de $90.000 millones anuales para la provincia (prácticamente un mes completo de coparticipación), y que solo benefició a los 5.000 asalariados santiagueños mejor pagos.

Pero volviendo a los ajustes del gobierno zamorista, la “frutilla del postre”: un descomunal incremento de la tarifa del transporte urbano de pasajeros, que en solo dos meses se multiplicó por diez.

Hagamos memoria: en los últimos 12 meses el precio del boleto sufrió tres actualizaciones, la primera en marzo del 2023, cuando pasó de $50 a $70; la segunda a mediados de diciembre pasado, cuando se elevó de $70 a $150; y la tercera y última en febrero de este año, con una tarifa fijada en $680.

¿Cómo puede explicarse que el boleto sea un 870% más caro que hace dos meses, cuando su precio era de $70? Si bien el gobierno santiagueño carga las tintas contra la eliminación del subsidio nacional, lo cierto es que éste representaba apenas el 30% del costo real del pasaje.

Ahora la pregunta, ¿por qué el gobierno provincial traslada los recortes a la ciudadanía? ¿la provincia mejor administrada se quedó sin superávit? La respuesta es que no, plata hay.

La hay en los $60.000 millones  guardados en plazos fijos, y la hay en el ahorro de cerca de $20.000 millones mensuales que se obtienen de la diferencia entre el incremento nominal de la coparticipación y la licuación salarial disfrazada de recomposición.

Todo ese dinero permitiría cubrir holgadamente, y sin comprometer las finanzas de la provincia, el descuento a las facturas de luz,  el subsidio al transporte público y una mejora salarial más sustancial y acorde a los índices inflacionarios acumulados en el último año.

Entonces, pareciera que el gobierno de Santiago prefiere priorizar la pelea política con el gobierno nacional a costa del sufrimiento de miles de santiagueños, incluso de aquellos que hace más de 20 años lo acompañan con su voto.

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