La UCR y las mujeres: la ola feminista incomoda a la «mesa chica»

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Un comentario y una foto bastaron para que salga a la luz una verdad incómoda en el radicalismo: las mujeres están ausentes en la «mesa chica». Una práctica instalada en el partido de Hipólito Yrigoyen que, en tiempos de #NiUnaMenos y ola feminista, recibió esta semana fuertes cuestionamientos de parte de las correligionarias.

Un comentario. Luego de su controversial pedido a la clase media para que aporte «propinas» como remedio contra el ajuste, Elisa Carrió criticó de un particular modo al radicalismo por su rol en Cambiemos. Los tildó de «misóginos» y dijo que ahora los maneja «desde afuera», cuando antes «los mandaban las convenciones a servir empanadas». En el partido centenario respondieron con más chicanas de ese tenor.

Un foto. Para bajar la tensión al interior de la coalición de Cambiemos, el presidente Mauricio Macri convocó a una cena con la «mesa chica» de la UCR, integrada por los gobernadores Alfredo Cornejo, Gerardo Morales y Gustavo Valdés, el diputado Mario Negri, el senador Ángel Rozas y el ex senador Ernesto Sanz. Ninguna mujer.

Si bien los comentarios de Carrió no tuvieron un gran eco entre las mujeres radicales, la foto en la residencia presidencial de Olivos con el «poder real» de los varones de la UCRgeneró un profundo malestar.

Lo dejaron en claro el grupo «UCR Mujeres», un agrupamiento de la Capital Federal que pide por la implementación de la Ley de Paridad. «Estás corto de Mujeres @UCRNacional. Nosotras no queremos acompañar, queremos liderar porque mujeres a este partido le sobran», advirtieron en un tuit.

Carla Carrizo, diputada nacional por el bloque Evolución, señaló a Infobae que la foto de Macri con la mesa política ocasionó controversia porque «no está representado el poder institucional» del partido con sus autoridades.

«Lo que vimos en esa foto con la mesa política es el poder real, es un radicalismo que no está representando el clima de época, sin liderazgo femenino, aunque es algo compartido por toda la estructura de la política argentina», advirtió la legisladora.

«Siempre fue así. Como todo partido popular, el radicalismo refleja las condiciones de la sociedad. Ricardo Balbín nos decía ‘aquí vienen las flores'», recordó la politóloga Lilia Puig de Stubrin, ex presidenta de la Convención Nacional Radical.

Para Stubrin, la falta de participación femenina en los espacios de decisión de la UCR ocurre porque «se privilegia menos a las mujeres autónomas que las que se subordinan a la interpretación política del caudillo».

«No es un problema de ocupar cargos, si no la capacidad de ocupar cargos y sostenerlo, que ello no implique un castigo. Si vos no me respondés, no tendrás un lugar en las listas electorales», explicó la ex convencional constituyente.

La mesa directiva del Comité Nacional de la UCR cuenta con 17 integrantes. En los cinco cargos principales no hay una mujer. De las cinco que integran el resto de los cargos partidarios, solo Luciana Rached, presidenta de la Juventud Radical, tiene algún poder representativo.

«El Comité Nacional cumple con la ley de cupo pero no con la ley de paridad. El cupo es un piso de barro, en el que las mujeres están en los lugares menos visibles», señaló Carla Carrizo.

La diputada cordobesa Brenda Austin recordó que el radicalismo fue uno de los impulsores de la Ley de Paridad de Género, votada el año pasado en el Congreso. La legislación no solo plantea la igualdad en la cantidad de candidaturas repartidas entre varones y mujeres, también fija la misma obligación para las cartas orgánicas de los partidos políticos.

«Indudablemente tenemos mucho camino que recorrer», dijo Austin, ex presidenta de la Federación Universitaria de Córdoba. «Hay una composición muy minoritaria de las mujeres. Necesitamos tener un mayor protagonismo en los espacios de toma de decisiones; hasta hay países en los que se ve muy mal que un gabinete no se conforme de manera paritaria», afirmó.

Según Stubrin, hay una fuerte heterogeneidad en la estructura partidaria. En Santa Fe se logró una situación de paridad del gabinete en Rosario, tras las gestiones de José Corral y Mario Barleta. Mientras que en el interior del país, «donde el partido está inmerso en sociedades más tradicionales», se suele usar el cupo femenino «en función de sus necesidades».

Exista o no un poder machista que pone un techo a las potenciales dirigentas, lo cierto es que a diferencia de otros partidos -como el PRO o los peronismos-, la UCR carece de figuras femeninas de peso en la actualidad. En los últimos 20 años fugaron de sus filas las caras visibles de otros armados políticos, como Elisa Carrió y Margarita Stolbizer, del GEN.

De esa experiencia salió la chicana de la líder de la Coalición Cívica sobre «las empanadas».
«Los liderazgos parlamentarios de Carrió y Stolbizer los construyó el radicalismo, les dio una visibilidad política», matizó Carrizo. Para la legisladora, su anterior salida se debió más a cuestiones de «conveniencia política para canalizar ambiciones».

«Es fácil la tentación de crear un partido propio, pero termina siendo una autorreferencia», añadió. «Por ejemplo, la presidencia del radicalismo, con José Corral, apoyó la Ley de Paridad junto a Sergio Massa. Fue un mandato imperativo y los diputados tuvieron que votar a favor. No hubo una contundencia así en la Coalición Cívica».

A lo largo de la historia del partido centenario hubo otros liderazgos intensos de mujeres.

Algunas de las figuras más recordadas son las de Clotilde Sabbatini, Elvira Rawson o Eufrasia Cabral, en una época en la que una vanguardia de mujeres sufragistas peleaba por el derecho al voto y otras reivindicaciones.

Sin embargo, pese a haber algunas personalidades rutilantes, las mujeres durante la mayor parte del siglo XX tuvieron un lugar secundario y hasta marginal en el partido.

Consideradas como inmaduras para asumir roles políticos, las radicales reclamaron internamente pero «nunca se rebelaron, se adaptaron a las exigencias masculinas y asumieron como válido que debían prepararse para el futuro ejercicio de sus derechos», advierte en un trabajo académico la historiadora Adriana Valobra,  de la Universidad Nacional de La Plata.

A tal punto llegó esa tendencia que la UCR fue el único partido que no incluyó mujeres en las listas electorales en 1951, cuando las mujeres votaron por primera vez. El pensamiento de Sabbatini y otros estaba dividido y en minoría frente al peronismo, que se le había adelantando con la sanción del voto femenino.

«Hubo mujeres que representaron un liderazgo distinto que eran excepcionales. Hoy tenemos que trabajar otro tipo de liderazgos, más cooperativos y desde esa linda palabra como es la sororidad. Eso nos permite generar una acción colectiva por sí misma y conquistar derechos. La autorreferencia tuvo aspectos positivos pero cumplió su ciclo», señaló Carrizo.

En la misma línea coincidió Lilia Stubrin. «Eran mujeres que sobresalían por sus luchas y porque eran muy fuertes, pero no lograron construir colectivos. Hoy hay un proceso de cambio en serio en el radicalismo donde las mujeres han tomado un gran protagonismo», señaló.

Al calor de la ola feminista, al interior de la UCR fueron tomando fuerza los reclamos igualitarios. El fin de semana pasado, dos días después de la foto de la discordia, unas 2.000 mujeres radicales se reunieron por séptima vez en Santa para exigir que se «respete la paridad de género en los cargos electivos y partidarios».

«Estamos en un proceso de fortalecimiento de las mujeres como colectivo, que ahora tiene representantes en la Cámara de Diputados y tienen mucha visibilidad en el debate por el proyecto por la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Han aparecido mujeres muy sólidas y con potencial para un radicalismo renovado», señaló Stubrin.

En este sentido, Carrizo planteó que el cupo femenino «por sí mismo no garantiza derechos y libertades». En la legalización del aborto en Diputados, el 50% de las mujeres votaron en contra. Eso lo hicieron colectivos, hay mucho que aprender», indicó.

«El radicalismo necesita urgentemente un cambio generacional, que represente lo que está pasando a nivel social. Las mujeres tienen que liderar y lo queremos hacer como corresponde, sin necesitar el dedo de ningún varón» finalizó la diputada de Evolución.

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