Este domingo, en coincidencia con la Celebración de la Sagrada Familia, el Cardenal Vicente Bokalic CM presidió la misa de Clausura del Año Jubilar y de la Puerta Santa. La celebración se concretó en la Catedral Basílica Nuestra Señora del Carmen.
El Arzobispo de Santiago del Estero, estuvo acompañado por el obispo auxiliar, monseñor Enrique Martínez Ossola como así también por sacerdotes de las distintas parroquias de los Decanatos Capital y Banda; y diáconos.
Tras las lecturas del Evangelio, el pastor de la Iglesia santiagueña reflexionó, «estamos concluyendo este año de gracia, este Año Jubilar al que nos había convocado el
año pasado el Papa Francisco, de feliz memoria, y que nos dejó un lema tan hermoso:
“Peregrinos de la Esperanza”.
Agregó, «en este Año Jubilar hemos rezado, conversado, reflexionado y compartido permanentemente sobre esta virtud, este regalo de Dios que es la esperanza, que junto
con la fe y la caridad son las virtudes que nos ayudan a caminar en la vida con sus
alegrías y tristezas, con sus luchas cotidianas, dando testimonio de nuestra fe cristiana,
de nuestro amor a Jesús y de nuestra disposición para ser servidores del Reino».
El purpurado afirmó, «la esperanza es una virtud que a veces se oscurece frente a
los conflictos, los dramas y las crisis que padecemos como familias, comunidades y
sociedad. Son muchos los males, dificultades y problemas que nos aquejan: la pobreza,
la marginación, el olvido, la falta de oportunidades. Sufrimos tantos dolores y
situaciones de vida amenazada, rupturas, desencuentros, enfermedades y muertes. Todo
esto tiende a debilitar nuestra esperanza y nuestras fuerzas para seguir caminando
juntos en pos de ideales y proyectos asumidos».
«Pero el Señor no nos abandona. Él está siempre con nosotros. En esta Navidad celebramos en comunidad: a Dios que viene a acompañarnos, que se abaja, que conoce y asume nuestras fragilidades y dolores más profundos, pero que también nos bendice, nos abraza, nos anima, nos perdona y nos da fuerza para levantarnos», sostuvo Bokalic.
En otro tramo de su mensaje monseñor manifestó, «la esperanza es un don que Dios renueva constantemente. El objetivo grande de este Jubileo fue justamente renovar nuestro encuentro con Jesús, porque Jesús es nuestra esperanza. Él es la esperanza viva, encarnada, que entra en nuestra historia para tomarnos de la mano y caminar junto a nosotros. Compartió nuestra alegría, nuestro trabajo, nuestra fiesta, nuestro dolor. Sobre todo, el signo más grande que mantiene viva esta esperanza es su muerte por amor a nosotros y el triunfo de la resurrección: asumiendo el sufrimiento, nos rescata, transforma nuestras vidas y vence el mal y la muerte para siempre. Por eso, la última palabra no es la muerte, ni la injusticia, ni la maldad: la última palabra es el amor, la entrega, el servicio».
El primado de Argentina señaló, «Dios quiera que este Jubileo haya sido un tiempo especial para reencontrarnos con Jesús y renovar este regalo. Unidos a Él y a la comunidad, siempre podremos levantarnos».
Desafíos para la Iglesia Arquidiocesana
El Arzobispo Bokalic también indicó, «al cerrar simbólicamente las puertas del Jubileo, se abre para nosotros una nueva etapa: con lo vivido orado y experimentado en comunidad damos continuidad, a las opciones y orientaciones pastorales elegidas en modo sinodal los últimos años por agentes de nuestra Iglesia diocesana».
En ese contexto explicó que tres grandes desafíos se presentan para la Iglesia:
1. Una Iglesia en estado de misión permanente: «El Papa Francisco y el Papa León nos urgen permanentemente: este es el tiempo de la misión. Debemos fortalecer la dimensión misionera de la Iglesia: salir al encuentro de los hermanos, llegar a las periferias donde están el abandono, la marginalidad, el sufrimiento de quienes nunca conocieron el amor de Dios ni la cercanía de una comunidad. Son inmensas las periferias que nos esperan».
Acotó, «no podemos cuidar y quedarnos en pequeños sectores de seguridad cuando una multitud de hermanos esperan que alguien les anuncie el amor de Dios, que da vida nueva a los que no conocen a Dios y han perdido toda la esperanza.
Monseñor agregó, «anunciar a Jesús con palabras, pero sobre todo con gestos concretos de misericordia, asistencia y acompañamiento. Ese es nuestro primer compromiso. Compromiso de cada comunidad plantearnos como salimos al encuentro de las periferias, con espíritu de samaritanos que acogen a hermanos/as caídos y desfigurados en su condición de hijos de Dios».
2. Una Iglesia que llegue al mundo de los jóvenes: «El segundo desafío es el inmenso mundo de los jóvenes. Llegar a ellos, especialmente a los más abandonados: jóvenes sin escuela y hogar, expuestos a todo tipo de riesgos, sin esperanza, atrapados en las adicciones, desorientados y sin sentido en su existencia. Debemos conocerlos, escucharlos, entender lo que sienten y buscan, y proponerles a Jesús como amigo y salvador. Estamos convencidos de esto: Jesús Vive y nos quiere vivos. Ama y quiere vida plena para tantos jóvenes Esto implica una profunda renovación pastoral para construir caminos de integración, promoción y servicio, junto a ellos y para ellos», explicó Bokalic.
3. Una Iglesia con estilo sinodal: «El tercer desafío, señalado por el Papa Francisco y confirmado por el Papa León, es construir una Iglesia con estilo sinodal. La sinodalidad —caminar juntos— implica escucha, acogida cordial, diálogo, participación, respetando y discerniendo carismas y roles de con liderazgos vividos como servicio. Donde los protagonismos no excluyan, sino que integren; atrayendo a los más lejanos y construyendo comunidades abiertas, fraternas y misioneras», ahondó en su reflexión.
Más adelante sostuvo, «una Iglesia que se renueva desde adentro, porque el Bautismo nos ha hecho hijos de Dios y hermanos, donde podamos descubrir nuestra vocación con un espíritu fraterno, humilde y participativo. Que el Señor nos conceda vivir esta nueva etapa con el corazón abierto. Que Jesús, nuestra esperanza, siga acompañándonos y fortaleciendo nuestra fe. Unidos a Él y entre nosotros, podremos afrontar todas las dificultades y seguir caminando juntos como Iglesia».
En cuanto a la fiesta de la Sagrada Familia, el cardenal indicó, «nos recuerda el valor inmenso del cuidado de la familia, esa primera comunidad donde aprendemos a amar, a creer, a perdonar y a vivir la esperanza. También nos muestra cuán frágiles pueden ser nuestras familias, expuestas como estuvieron Jesús, María y José a situaciones de pobreza, marginalidad, violencia y amenazas de muchos frentes».
«Que Jesús, María y José acompañen los hogares heridos, sostengan a quienes sufren,
iluminen a quienes buscan caminos de reconciliación, fortalezcan a los matrimonios,
protejan a los niños y jóvenes y renueven en todos nosotros la gracia de vivir la fe en
nuestras casas, como una pequeña iglesia doméstica», concluyó.
Monseñor también tuvo palabras de agradecimiento hacia las autoridades municipales, hacia los servidores que colaboraron en la organizacióni de esta celebración; y para los responsables de una empresa que donó agua mineral.


