La reciente decisión de la FIFA de aumentar el precio máximo de las entradas para la final del Mundial 2026 hasta los 10.990 dólares ha vuelto a colocar a la organización en el centro de la polémica internacional. La reapertura de la venta de boletos, lejos de calmar los ánimos, estuvo marcada por fallos técnicos, colas virtuales interminables y un creciente malestar entre los aficionados, quienes consideran que asistir a la próxima Copa del Mundo se está volviendo una experiencia prácticamente inaccesible para el público general.
El ajuste de tarifas para la final del Mundial 2026 fue contundente. En la reciente fase de ventas, la FIFA incrementó los valores en todas las categorías: la Categoría 1 pasó de 8.680 a 10.990 dólares; la Categoría 2 subió de 5.575 a 7.380 dólares; mientras que la Categoría 3 saltó de 4.185 a 5.785 dólares. Estos nuevos precios, considerados desorbitantes por muchos, han dejado en evidencia la brecha entre la expectativa generada por el torneo y la posibilidad real de acceso para el aficionado promedio.

Una de las principales fuentes de controversia es la adopción del sistema de “precios dinámicos” o dynamic pricing, una estrategia que ajusta el valor de las entradas en función de la demanda. Este modelo, frecuente en conciertos y espectáculos masivos, ha sido duramente cuestionado en el ámbito deportivo, ya que puede elevar abruptamente los precios conforme aumenta el interés del público. En el caso del Mundial 2026, el uso de precios dinámicos ha alimentado la percepción de elitismo y exclusión en un evento que históricamente se presentaba como global y popular.
Durante la reapertura de la venta de entradas, la experiencia de los usuarios estuvo lejos de ser satisfactoria. Miles de aficionados reportaron horas de espera en la fila virtual, fallos constantes en la página de acceso y una notable falta de transparencia sobre la disponibilidad de partidos y categorías. Muchos compradores denunciaron ser redirigidos a secciones erróneas del sistema, especialmente en la fase denominada “last-minute sales phase”, lo que hizo que la frustración creciera rápidamente en redes sociales y foros especializados.
La FIFA explicó que no todas las entradas se liberarían al mismo tiempo, sino que serían puestas a la venta de forma escalonada, tanto en las semanas previas como a lo largo del torneo. Esta modalidad, que corresponde a la quinta fase de venta, ha sido objeto de análisis por parte de los aficionados, quienes ven con escepticismo el proceso. Previamente, se realizaron una preventa para usuarios Visa en septiembre, un primer sorteo en octubre, un sorteo posterior al sorteo oficial del Mundial entre diciembre y enero, y una venta relámpago de 48 horas en febrero. La fase actual introduce la posibilidad de elegir un asiento específico, una novedad frente a la tradicional elección por categoría general.
El debate sobre los precios llegó incluso al Congreso de Estados Unidos. En marzo, un grupo de 69 congresistas demócratas envió una carta al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, expresando su rechazo al uso de precios dinámicos. En el documento, los legisladores subrayaron que esta política “contrasta fuertemente con la misión central de la FIFA de promover un fútbol accesible e inclusivo a nivel global” y advirtieron que el torneo corre el riesgo de convertirse en el más excluyente de la historia moderna del fútbol.
El mercado de reventa oficial ha sumado más leña al fuego. La plataforma de la FIFA cobra una comisión del 15% tanto al comprador como al vendedor, lo que ha sido criticado especialmente en Europa, donde existen leyes que regulan la reventa abusiva y exigen que las entradas se revendan al valor nominal o en canales autorizados. Asociaciones de hinchas han denunciado que la reventa para partidos de alta demanda ha experimentado incrementos aún mayores, profundizando la percepción de que el acceso a la Copa del Mundo está reservado solo para una minoría.
A pesar de la expectativa sin precedentes, con la FIFA asegurando que la cantidad de solicitudes de entradas equivalía a “la demanda de 1.000 años de Copas del Mundo al mismo tiempo”, persiste la preocupación de que la edición de 2026, la primera con 48 selecciones y 104 partidos, quede marcada por la exclusión del aficionado medio debido a los altos precios y las barreras impuestas por el sistema de venta.
Fuente Infobae
