Raly Barrionuevo y un concierto entre la esencia y el crossover

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Ese equilibrio, en apariencia tan costoso, resulta, sin embargo, un punto de llegada natural para Barrionuevo, que se afirma en la estética de su paisaje musical santiagueño y se anima a cruzarla con rítmicas y texturas diferentes sin que esa mixtura, como sucede en tantos casos, desnude un afán especulativo.

Esas diferentes dimensiones de su música se expresaron, en mayor o menor medida, en las más de tres horas de concierto brindadas en el Konex, donde Barrionuevo evocó chacareras tradicionales y otras atravesadas por timbres y ropajes nuevos; composiciones propias que el público asume como himnos y también adelantos de su próximo disco.

Ese dilatado derrotero tuvo un primer segmento más próximo al linaje musical santiagueño, acompañado sólo por su guitarra y la percusión de Franco Barrionuevo.

En ese tramo, Raly evocó el legado de Jacinto Piedra -que lo impulsó en sus inicios en el escenario, mucho antes de que grabara su primer disco- o Chingolo Suárez.

También ofreció una versión de «El arriero» con un fraseo tan distante de Atahualpa Yupanqui como de Ricardo Mollo.

Luego, el autor de “Cuarto menguante” y “Cómo danza la esperanza” avanzó en la noche al comando de distintos formatos de banda, con algunos invitados (la cantante cubana Yusa y el longevo Vitillito Abalos) y la presencia guía del baterista y percusionista César Elmo.

Barrionuevo exhibió en el escenario una bandera del Movimiento Campesino de Santiago del Estero-Vía Campesina (Mocase-VC), donde se reconoce, y los primeros acordes de «Juan Labrador» encendieron el grito del público por la memoria del Cristian Ferreyra, asesinado el 16 de noviembre en la comunidad de San Antonio, a 60 kilómetros de la localidad santiagueña de Monte Quemado.

«Vieja casita de adobe piso de tierra vieja de sol/nido de grillos y sombra Juan de los Montes la levantó/mientras que el hacha le raza a Dios con su labrador/duerme la pena en el surco llanto pobreza y sudor», cantó Barrionuevo, que debió interrumpir la canción por el desmayo de un espectador.

Antes de retomar, Barrionuevo dedicó la canción a Ferreyra e imputó su crimen al «empresariado de la soja», en referencia al santafesino Jorge Ciccioli que desmonta la zona donde se cometió el hecho.

El segmento testimonial continuó con «Hasta siempre», el himno de Carlos Puebla y «Ey paisano», una suerte de rap donde se condenan los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, víctimas de la represión en 2002.

El recorrido musical de la noche fue, en buena medida, improvisado, pero Barrionuevo no pudo abandonar el escenario sin entregar los canciones que reclamaba el público como la «Chacarera del exilio» «Zamba y acuarela».

Raly Barrionuevo volverá a ofrecer este domingo otro concierto de larga duración desde las 20 en el escenario de Shapó, en la calle 49 entre 6 y 7, en la ciudad de La Plata.

Fuente: telam

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