Sergio Maravilla Martínez estuvo en el programa Gracias por Venir

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Sergio Maravilla Martínez pasó por el living de Gracias por Venir, el programa que conducen Gerardo Rozín y Julieta Prandi por Telefe, que rinde homenaje a aquellos que dejaron una huella en el corazón de los argentinos.

El boxeador generó una revolución cuando le quitó el cinturón de los medianos del CMB al mexicano Julio César Chávez Jr., y a partir de allí se convirtió en una personalidad, sobre todo, por la lucidez de sus comentarios y la humildad a pesar de tamaño logro.

Muchas de esas cualidades las destacaron sus tíos Rubén y Carlos, quienes fueron sus primeros entrenadores en el pugilismo y vieron crecer a Maravilla como profesional.

«Fue siempre un tipo sano, nunca excesos, nunca alcohol ni cigarrillo», señaló el primero, que luego se emocionó al reconocer a Martínez: «Nunca te olvidaste de tus raíces». En tanto, Carlos subrayó que siempre «fue humilde como persona» y «un ejemplo a la hora de entrenar» y tomarse la profesión con seriedad.

El boxeador habló de la importancia de los sueños, y confesó que en sus comienzos, si bien comenzó tarde a practicar el deporte, estaba seguro que iba a llegar lejos. «Sabía que iba a lograr cosas importantes. Lo vi muy claro, por más que suene prepotente y egocéntrico», remarcó.

Chuli, un primo suyo, que el boxeador considera un «hermano, un amigo», contó una anécdota que respalda ese pensamiento de Maravilla. «En su etapa de amateur, me dijo que la primera vez que tomaría champán sería cuando fuera campeón del Consejo Mundial de Boxeo», tal como sucedió tras vencer a Chávez.

Esa misma seguridad que tiene en el ring la tiene en la vida, y los problemas, muchas veces, los combatió como si estuviera dentro del cuadrilátero. «Como en el boxeo, cuando estás arrinconado y tenés que zafar, muchas veces salí de situaciones complicadas en la vida», señaló a modo de metáfora para explicar un poco las necesidades que pasó cuando era chico.

En cierto momento de la charla, muy amena debido a la claridad con la que se expresa Martínez, confesó que tenía un ídolo, Alejandro Dolina, a quien escuchaba todas las noches por radio: «La única persona a la que le pedí un autógrafo».

Como regalo, fuera de los planes, la producción puso al aire al Negro. «Me siento como un nene, me sonrojo. Tu admiración es un mimo, incluso más que cualquier premio que me hayan dado», le devolvió el conductor y escritor que, fiel a su estilo, resumió a Sergio en pocas palabras: «Valoro a los deportistas que hablan sin casete y se muestran tal cual son».

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